La igualdad (Primera parte) | El Imparcial de Oaxaca
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La igualdad (Primera parte)

 


Por Eduardo Aragón Mijangos

Para poder ser felices, que es a lo que todos aspiramos, tiene que reinar la bondad, para que reine la bondad tiene que haber justicia, para que haya justicia tiene que haber igualdad; si no hay igualdad, no hay justicia; si no hay justicia no habrá bondad, y si no hay bondad no vamos a ser felices como sociedad.
La igualdad significa que cualquier persona en una comunidad tenga las mismas posibilidades de desarrollarse y vivir su vida como lo decida, entendiendo y superando las distintas capacidades y características de cada uno.
Es imposible la igualdad en un mundo de clasificaciones y distinciones, de ricos y pobres, de hombres y mujeres, de españoles y mestizos, de mestizos e indígenas, de letrados e ignorantes, de blancos y los demás, de nacionalidades, de fronteras, de Pérez y Limantour, etc., por lo tanto, el camino a la igualdad implica la erradicación de las instituciones de la desigualdad, de las instituciones de poder y de las barreras artificiales de la igualdad, de clasificaciones y distinciones.
Un mundo de verdad igualitario es uno con las mínimas manifestaciones de autoridad, sin jerarquías, ni clases, ni estratos, ni clasificaciones religiosas, económicas, étnicas, familiares, laborales, ni de ningún tipo.
La propiedad privada, el poder adquisitivo, el patriarcado, la ley, la división del trabajo, el gobierno, la raza, la clase/estrato social, la sexualidad, el género, la familia, la religión, las nacionalidades, el sistema monetario, las fronteras, etc., son fuentes de desigualdad que tienen que ser erradicadas o por lo menos minimizadas lo más posible.
Mientras no se erradiquen estas instituciones, la mayoría de creación humana, es decir, que no son propias de la naturaleza o del mundo natural, nunca podremos ser iguales. Pero ¿cómo erradicar estas instituciones que creemos que nos dan orden y seguridad porque así nos lo han hecho creer? Apelando a la solidaridad, a la fraternidad, a la libertad del individuo, a su autonomía, a la verdad, a la información y su difusión, a la educación, pero sobre todo a la razón.
El primer generador de desigualdad es la propiedad privada y el dinero –estos son la madre y el padre de todos nuestros problemas–, por eso, entre más ha crecido el sistema capitalista y se ha vuelto más radical, más desigualdades más grandes hay.
Se supone que somos iguales, pero qué igualdad puede haber entre una persona que tiene acceso a los alimentos y otra que no, la persona que tiene acceso a los alimentos tiene muchas más probabilidades de crecer fuerte y sana, de desarrollar las inquietudes intelectuales que conforme uno va creciendo empieza a tener con mayor frecuencia e intensidad. La persona que no tiene acceso a una alimentación sana tiene una sentencia de muerte, está destinada a atender sus necesidades generadas por la hambruna sobre cualquier otra necesidad intelectual o de desarrollo. ¿Qué creatividad puede desarrollar una persona que vive sufriendo hambre?
¿Qué igualdad puede haber entre una persona que tiene acceso a la educación y otra que no lo tiene? ¿Las personas que han tenido oportunidad de estudiar en las mejores universidades del mundo es porque son más inteligentes que los demás o simplemente porque tienen dinero y desde pequeños tuvieron acceso a una mejor educación que los fue formando de mejor manera y tienen la posibilidad de pagarla, si claro hay un sistema de becas para mentes extraordinarias, pero eso no mitiga esta desigualdad?
¿Las personas que van a las mejores escuelas son las mentes más brillantes? ¿Los niños de las comunidades indígenas son todos brutos y flojos y los de la alta burguesía inteligentes y trabajadores? ¿Hay un elemento de justicia o una lógica natural en las personas que acceden a una buena educación y las que no? ¿Hay una raza superior?
Una persona que desde pequeña tiene la oportunidad de acceder a una buena educación va a tener muchas más posibilidades de seguir por ese camino que la que no, por eso un hijo de la alta burguesía, tendrá muchas más posibilidades de ir a Harvard, que un niño pobre que anda con la panza con hambre. Y nada tienen que ver las capacidades intelectuales de uno y otro, es simple poder adquisitivo.
Paréntesis: Hace unos días Viri Ríos publicó una estadística en Twitter que evidenciaba como los blancos tienen muchas más oportunidades que los morenos y un tal Pablo Majluf alegaba que no hay estudios que identifiquen que la causa de que los blancos tengan mayores oportunidades sea el color de la piel, insinuando que es posible que lo blancos sean generalmente más talentosos, honrados, disciplinados, inteligentes, etc., que los morenos. Independiente de que sí existen estudios al respecto y de que se trata de una cuestión de poder económico más que de raza, pero que van tan pegadas que se confunden: ¿Hay una superioridad natural basada en la raza? Por supuesto que NO, pero ¿estamos dispuestos a seguir permitiendo esos discursos racistas en defensa de la desigualdad?
Continuará…