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USA y México: progreso y regresión

 


Conforme a su tradición, en Estados Unidos de América, al tomar posesión de su cargo, el presidente (nuevo o reelecto) posa su mano izquierda sobre la Biblia y jura cumplir con la constitución. Aunque no lo marca la ley, el simbolismo de jurar ante las Sagradas Escrituras significa que, por encima de las leyes escritas por sus Padres Fundadores, está un mandato superior: la palabra de Dios. Por ser país originariamente protestante, el juramento se hace sobre la Biblia llamada King James Version (versión del rey Jacobo). Invariablemente, en sus mensajes, los presidentes invocan a Dios. Joe Biden no fue la excepción.

Estados Unidos es un país laico y su Carta Magna garantiza la libertad religiosa (Primera Enmienda, 25/09/1789), pero de ninguna manera hacen alarde de laicismo, utilizado en muchos países (México y España), como arma de combate principalmente contra la religión católica. La enseñanza religiosa es parte de su estructura nacional educativa y no se persigue ni se prohíbe en las escuelas. En varias universidades americanas existen facultades de teología, justamente por la universalidad de educación superior. No hay prejuicios.

Durante los cuatro años que Donald Trump fue presidente, en su país se exacerbaron el racismo, la supremacía blanca, la confrontación política; la discriminación a negros, hispanos y de otros orígenes no blancos; los ataques a la prensa y otros medios; varios males que finalmente fueron reprobados por decisión de su conformación federalista: cada estado otorga sus votos electorales de manera soberana. Esperábamos ansiosamente la salida de Trump, particularmente por su sentimiento negativo hacia México y los mexicanos. 

Joe Biden, como ocurre en cada cambio de gobierno en donde perviven procesos democráticos, da motivos para tener esperanzas. A diferencia de Trump, en su mensaje se privilegió la unidad y deben rescatarse dos frases importantes que pronunció: “La discrepancia no debe llevar a desunión” y “Luchar por todos, los que me apoyaron y los que no”. 

El fondo de esos mensajes marca una enorme y notable diferencia con la línea política que se observa en México, caracterizada aquí por la confrontación cotidiana, el resentimiento social, el ataque permanente a quienes difieren de las disposiciones presidenciales, el totalitarismo en las decisiones, el combate a las instituciones, la ofensa verbal; el ataque a medio y periodistas e intelectuales; la inquina a los agentes productivos y, en suma, un divisionismo activado desde el poder.

Para algunos psicólogos (Igor Caruso), el vocablo “regresivo” lo refieren a la maldad. No necesariamente se aplica esa forma a la actitud gubernamental presente. Pero sí puede considerarse “regresivo” o “regresión”, como lo contrario a lo “progresivo” o lo que anticipa mejoras. Hoy en día, cuando el mundo es azotado por la pandemia de SARS-Cov-2 (COVID19), el titular del ejecutivo mexicano se resiste al uso de cubrebocas o mascarilla, poniendo un ejemplo regresivo que ha sido imitado por miles y que ha propiciado el incremento de muertes por ese mal. El gobierno mexicano ha sido renuente a destinar recursos a la salud en general y al combate al coronavirus. 

Joe Biden usa permanentemente cubrebocas y su primera disposición ejecutiva, fue destinar una fuerte suma presupuestaria, para vacunar a la población de su país y una implacable lucha contra el covid. Su actitud es progresiva.

En nuestro México se está dando oficialmente una lucha frontal y agresiva contra el uso de energías limpias (gas natural y geotérmica) y renovables (eólica y solar), favoreciendo los combustibles fósiles (carbón y combustóleo), en vías de desuso en todo el mundo. Biden lanza un amplio programa para la lucha contra la contaminación de los hidrocarburos y el carbón, ha escogido una política energética progresiva. 

En materia de política electoral, el gobierno aquí ha decidido apabullar al órgano nacional electoral, con visibles planes de obstruir el camino democrático. En USA no hay un equivalente, pero la democracia prevalece.

El triunfo de Biden y su mensaje deben tomarse como una lección ejemplar. México está en crisis política, con muchos signos regresivos que aún tenemos oportunidad de revertir.