El miedo colectivo | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Debates y Deslindes

El miedo colectivo

 


El confinamiento es peor que el Coronavirus porque nos enfrenta a lo que hemos hecho y somos. El miedo a lo desconocido que nos amenaza actualmente es el peor miedo que puede existir, porque se convierte en un miedo individual, interno, personal, único, cuyas dimensiones responden a nuestra personalidad, complejos, temores y fortalezas. La crisis se complica porque las respuestas son individuales, es difícil encontrar apoyo en el otro, porque no sabemos cómo va a responder él a ese miedo colectivo. Cuando el miedo se da en nuestro país, podemos pensar en salvarnos yéndonos a otros lugares los Estados Unidos, Europa, o Sudamérica. Cuando el terror esta en nuestra casa y calle, podemos irnos con nuestras tías o, padres o, hermanos. Si el problema es en la colonia, podemos cambiarnos de barrio. Lo mismo ocurre si el continente entra en crisis, hay la alternativa salir a África, al oriente, o a los países europeos, pero el miedo a lo desconocido y el confinamiento no nos permite huir de nosotros mismos. Tenemos que enfrentar cara a cara nuestra existencia.
Cuando la amenaza es mundial, primero tenemos que apagar el televisor para saber si no estamos viendo una serie de televisión que anuncia el fin del mundo, y nos metimos tanto en el tema, que no podemos dejar de ver toda la serie. Cuando vemos que no es una película o una serie, sino que es una realidad, que amenaza todo el planeta y el medio ambiente es el que está contaminado, las dimensiones del terror de cada persona son infinitas.

Ahí empiezan las respuestas imprevistas cuando dimensionamos el ataque a nuestra seguridad y a nuestra vida y cuando no tenemos un bagaje moral y cultural con que enfrentarnos a nosotros mismos.
Dice mi amigo Pepe Rosobsky que cuando percibimos la primera vez la amenaza tratamos de entender, de dialogar con nosotros mismos y con nuestros próximos, la segunda vez nos disgustamos, la tercera vez gritamos, manoteamos y la cuarta y quinta vez nos volvemos indiferentes. No sé si así funcione ese asunto, en todos los países y en todas las culturas. Yo creo que la respuesta tiene un tronco común que es el miedo y billones de respuestas que son los sujetos.
Muchos autores han tratado de exponer y analizar la miseria humana en que está metida la humanidad y en especial nosotros los mexicanos, con 30 años de corrupción y de un estado con gobernantes inmorales neoliberales que llegaron a saquear al país. Lo grave es que ya nada parece importarnos: la desaparición de los estudiantes normalistas de Hayotzinapa, el estallido del ducto de gasolina huachicoleada en Tlahuelilpan Hidalgo, las gentes retozando en las zanjas llenas de combustible, bailando y segundos después corriendo envueltos en llamas y lo más grave, piden una indemnización, un país donde los feminicidios y asesinatos son una constante en la vida pública, donde se masacra viola y destroza a una niña de siete años. Un país que en las redes sociales muestra su miseria humana, burlándose de la tragedia humana y social, muestran su ignorancia. Pocas cosas nos conmueven, los mexicanos vivimos una grave crisis moral. Nos hemos vuelto incapaces de definir el bien y el mal, o simplemente por pereza mental, no nos interesa. El Presidente de México trata de que los mexicanos nos valoremos como personas y ciudadanos, reconozcamos la degradación a la que nos llevaron los gobiernos neoliberales, porque no distinguimos o no nos importa, el abuso y el crimen que se cometió contra nuestros semejantes.
Esta crisis que provocó miedo-confinamiento, es una oportunidad para saber en dónde estamos situados, que tanto de seres humanos nos queda, por donde anda la solidaridad social, el amor a la patria, al prójimo, el respeto a las personas, a los seres vivos. Que tanta capacidad tienen las personas para distinguir los valores éticos y morales. Los partidos o grupos políticos, el prian y sus seguidores, los conservadores han pintado su raya. Ahora tenemos que vernos a nosotros mismos.
La corrupción es como un cáncer
Desde que tomó posesión como presidente de México no ha parado de hablar, ni un solo día, de su lucha contra de la corrupción, la ha perseguido, condenado, atacado, exhibido. A los corruptos los ha seguido por instancias legales hasta fuera del país, ha modificado leyes fundamentales para que la corrupción sea un delito grave y no un pecado venial como querían los priista y panistas. Hoy podemos afirmar que, en los niveles administrativos de secretarios, subsecretarios, y directores generales la corrupción no es ya la norma que rige su conducta.
Lamentablemente existe un área de la economía donde sobrevive la corrupción y aumenta en forma geométrica. Esta se ve y se siente, se exhibe con gran desvergüenza en los puntos de la ciudad donde se dan grandes concentraciones de personas, salidas del metro, cruce de avenidas, cines y salas de espectáculos son los vendedores ambulantes. La forma irregular como funciona este modelo es pública y abierta. El dinero que corre entre vendedores ambulantes y los supuestos líderes con los funcionarios de las alcaldías y algunos alcaldes, se han constituido en mafias que representa por excelencia la corrupción en todo su esplendor.
El modelo se ha sofisticado, ahora resulta que los vendedores se han convertido en empleados de los capos que controlan los lugares y los arreglos con los cuales se manejan personas allegadas a los grupos administrativos de las alcaldías. De acuerdo al giro que se vende, alimentos, celulares, ropa u otro tipo de negocios, hay un gran comerciante, un hombre de empresa que es dueño de todos los puestos, del lugar donde se instalan. Él pone el puesto, lo equipa y contrata gente que lo trabaje. Este hombre de negocios tiene una serie de empleados a su servicio, inclusive unos cuantos pistoleros, a los que les paga un salario mínimo. Por eso todos los puestos están uniformados de acuerdo al rubro y al patrón. La idea de que los puestos son para la gente necesitada y sin trabajo, es una mentira, son grandes capitales los que están detrás. Son grandes consorcios y monopolios que pueden perfectamente tener un registro en la SHCP en SSA y pagar sus impuestos. Los gobiernos de la ciudad no solo dejan que exista este tipo de monopolios, sino que los alienta, es más fácil y voluminosa la negociación. Se negocian 500 puestos 200 espacios, en una sola sentada.
El ambulantaje se ha dejado crecer en forma desmedida, porque así son las utilidades, no importa que ocupe las calles, desordena las banquetas, importunan a los transeúntes y molesta a miles de mexicanos que viven en los edificios aledaños, de nada sirve las banquetas bonitas con una inversión de millones y millones de pesos, si los puesteros no dejan que se vean, llenan de puestos irregulares, acaban con el cuadro, avientan la higiene a media calle, impregnan de malos olores las avenidas e interrumpe el tráfico personal. El ambulantaje es la piedra en el zapato que trae mi querido Presidente AMLO.
Mientras no ordenen o erradiquen este modelo, no podrá decir AMLO, que ha erradicado la corrupción que se da en esta área con la complicidad de los empleados e inspectores de las alcaldías, de los funcionarios, y de los alcaldes, algunos de los cuales no son del equipo y no obedecen a la Jefa de Gobierno.
ggpereyra@hotmail.com