Prolegómenos de dictadura | El Imparcial de Oaxaca
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Prolegómenos de dictadura

 


Recordemos la famosa frase de Mario Vargas Llosa, dicha hace28 años, que el régimen político mexicano era una “dictadura perfecta”, en la cual el PRI permanecía en el gobierno desde 1930: “Tiene las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido que es inamovible”.

Para algunos esa sentencia era ofensiva a México, para otros cabía en una clara definición de un país que se proclamaba democrático pero que no ejercía la democracia, la simulaba en elecciones amañadas y caracterizadas por el fraude. Eso fue en 1990. Pasaron otros diez años para que, una vez recompuesta la visión de México en el plano internacional (se había firmado en 1994 el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica) y en lo interno se convulsionaba el país: la rebelión de las Cañadas y el EZLN, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el asesinato de Ruiz Massieu y el ascenso de un verdadero apartidista al poder: Ernesto Zedillo. La inesperada ascensión de éste último a la presidencia de la República, marcaba un giro no supuesto antes en el plano electoral. Sin compromiso real con el PRI, Zedillo, neutral totalmente en las elecciones de 1997 (cuando el PRI perdía su mayoría legislativa) y también en 2000, era el primer presidente surgido del anquilosado tricolor, que facilitaba el tránsito democrático y reconocía la victoria de Vicente Fox, que había hecho una campaña fulgurante frente a un débil Francisco Labastida. Dejaba de existir la “dictadura perfecta” y por doce años el PAN despacharía desde Los Pinos sin haber demostrado ser mejor que el PRI, si bien no hubo colapso económico ni financiero, pero sí brotó la crisis de inseguridad y el surgimiento de peligrosas bandas del narcotráfico a quienes se les declaró la guerra en el período de Felipe Calderón. En 2000 la gente no votaba necesariamente por Fox, lo que quería el sufragista era la salida del PRI, como ahora en 2018.

En 2012, un bien parecido gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, impulsado por el atractivo físico de una actriz de la televisión con quien se casó, batía en las elecciones al candidato del PRD Andrés López Obrador, quien prefiguró durante su campaña un modelo de gobierno tendiente a combatir la libre empresa y a expropiar el patrimonio de las familias mexicanas. A pesar de algunas ventajas a López Obrador (como en 2006) en las encuestas, el resultado de la elección fue favorable al PRI, no tanto porque México deseara el regreso de ese partido, tampoco por el sex appeal de Peña. En 2012, el temor a perder la seguridad económica inclinó los sufragios en contra de AMLO.

Seis años después, 2018, López Obrador se presenta por tercera vez a las elecciones presidenciales. Aprendidas las experiencias de 2006 y 2012, el llamado “Peje” ha dado un giro a su discurso y en vez de ir contra el mercado, contra la banca, contra la iniciativa privada y contra la expropiación del patrimonio de las clases medias y alta, ofrece seguridades al inversionista, al banquero y menciona un plan fiscal basado en no aumentar la recaudación tributaria.

López Obrador no sustenta técnicamente ninguna de sus promesas, dichas más como ocurrencias que como resultado de un plan de gobierno debidamente estructurado. Se escindió del PRD con su bloque duro de seguidores y creó Morena, al cual se han adherido panistas y priistas, ambiciosos trásfugas, que esperan espacios en el poder, de ganar el Peje.

Pero el político de Macuspana tiene un código genético que no va a alterar. De ganar las elecciones, se destapará el Chávez, el Maduro, el Evo Morales, el Correa, el Ortega que lleva dentro: populismo, expropiaciones, destrucción de la economía familiar, permanencia interminable en el poder, fractura de las instituciones y mala relación con el mundo global.

Todo muestra una ciudadanía anti PRI. Pero los contrincantes de AMLO están divididos y dispersos, lo cual puede peligrosamente advertir esta vez una “dictadura imperfecta” conducida por un ente vengativo, disfrazado esta vez de amorosa oveja.