Póngale título a esta columna, el que usted quiera | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Hagamos Conciencia

Póngale título a esta columna, el que usted quiera

 


Quizás es una percepción, pero, ¿ha notado que en los últimos años, la vida ha tenido vuelcos increíbles en diversos temas de la vida cotidiana?, como si todos estuviéramos, en una carrera loca persiguiendo “nuestros sueños” a costa de lo que sea, algunos consiguiendo sueños renovados por las versiones actualizadas que salen de ellos y por el consumismo que nos trae locos a todos.

Esta forma caníbal de vida, la hemos estado procurando periódicamente por muchas décadas, el análisis de nuestros actos, ya es considerado una vieja leyenda que se perdió en los confines de la historia, a nadie le gusta reflexionar sobre lo que viene, al parecer, estamos viviendo la época del usar y tirar, del copiar y pegar, del dejar lo importante para otro día, mientras, que el placer tenga un primer lugar en nuestras vidas, lo demás, vemos como lo resolvemos.

Sólo basta con leer, las notas en revistas, periódicos, redes sociales y en general medios de comunicación masivos, todo es el goce del cuerpo, vale más, una serie de Netflix, que aquello que pase enfrente de nuestras narices, claro siempre y cuando no le dé más gozo al cuerpo, vivimos en una época de enajenación por nuestros placeres, cautivos en una maraña de vicios, dejando todo para otro rato.

¿Qué tanto puede afectar, estos actos a nuestra sociedad?, pues basta con revisar estadísticas y nuestra vida cotidiana, la violencia ha crecido, nuestras exigencias cada día son mayores en cuanto a consumo, queremos más que ayer y no saciamos la sed de poder, siempre queremos más, ¿un ejemplo?, ¿cómo te comunicas hoy día con tu círculo social?, por redes sociales, por internet, por celular, pero no cualquier celular, uno de esos que tiene un costo elevado, sólo porque te genera una satisfacción mayor, de cualquier índole, ya sea social, banal, de comodidad, de facilidad o la que escojas, pero siempre queremos más.

Ante ello, la “ley” de la oferta y la demanda permite que la economía de alguien, tenga un crecimiento exponencial y haga que se acostumbre a ganar, ganar y ganar, siempre, pero ¿qué pasa cuando esas ganancias llegan a un límite?, pues se hacen cosas para ganar más y que los demás te sigan en esa locura, la exigencias en todos lados es mayor, todos quieren estar en el primer escalón de las preferencias del consumidor (léase las veintidós leyes inmutables del marketing), todos en todos lados, buscan más y esa avaricia nos está llevando a nuestra destrucción.

Hoy día, los celulares duran tan sólo un año o un poco más (si eres prudente en su uso y no eres un esclavo de la tecnología), se adquieren por plan para que no te vean con el mismo aparato que ya tiene un año de haber salido, total, quienes lo fabrican tienen la oportunidad de darle su tiempo de vida, lo cambias y te hace ver como una persona “pudiente”, ganas tú y gana el fabricante, ¡ah!, y el que hace las aplicaciones de los celulares, ¡ah!, y el revendedor, generando con ello, una circulación de intercambio de servicios (tu trabajo) y dinero (tu sueldo), para que la industria de “tener más” funcione.

Pero esto no solo pasa en los negocios, también en los políticos y la forma de hacer política, ya que (continuando con esa forma tan particular y visceral de comportarnos), se meten a las patadas y descalificaciones, para que el pueblo goce del circo que ofrecen nuestros representantes, a muchos les encanta ver, como se desgarran sus vestiduras, cómo se sacan sus trapitos al sol y cómo si fuera una lucha en el coliseo, observamos y participamos en la trifulca, gozamos de ello y aun llevamos esta lucha encarnizada a la casa, a las redes sociales y con los amigos, para tomar parte de un contendiente y lo defendemos a capa y espada, cómo si quién quedara, se va a fijar en nosotros cuando lleguen a sentarse en la silla, nos llamará seguramente, para agradecernos por haber roto los lazos familiares, que “la causa lo vale” y que lejos de unirnos, causará los mismos conflictos que hemos estado padeciendo por generaciones, la dádiva del gobierno para mantener dormidos a los ciudadanos.

Sinceramente no creo que un Independiente, un Meade, un Anaya o un López Obrador, nos vengan a sacar de nuestra pobreza interna, que esa es la que debemos combatir, aun esperamos que venga alguien a poner orden en nuestra vidas, la respuesta está en nosotros, en la base de la sociedad que es la familia, en educar con principios a nuestros hijos, a respetar la ley, a respetar nuestros ideales de conciencia, no solo los que el dinero ha comprado y que se disfrazan de ellos, a muchos, esas formas de vida ya “les da hueva”, ya no les interesa, porque no les genera satisfacciones al corto plazo, eso de trabajar en ser mejores personas, no es lo suyo a menos que exista una catástrofe y haya oportunidad de salir en “la selfie”, para mostrarle a los demás lo dadivosos que somos.

Los que quieren el hueso, aprovechan estas formas de vida que escogimos para darle con todo a los que están en el poder, les echan en cara la ausencia de justicia y violencia que sufre el país, aprovechándose de la situación donde las instituciones que procuran el bien y cuidado de un pueblo, están rebasadas, sí, debemos reconocer que nada será suficiente para calmar a una sociedad que con un mano señala los malos manejos de la justicia y con la otra los sigue generando con sus actos violentos en la familia, que no ha sabido hablar con la verdad a sus hijos, que confunde la honestidad con el cinismo, que le aplaude a quién evita cumplir con sus deberes, por soltarle “una sor juanita” al policía corrupto, que presa también del consumismo busca tener más de lo que el estado le puede pagar por sus servicios, se siguen haciendo leyes para poder controlarnos, pero nunca serán suficientes, porque buscamos como romperlas y violarlas, por eso están rebasadas las instituciones, porque ya no existe un control de nosotros mismos, gane quien gane las elecciones, no será suficiente, para controlar un monstruo de millones de cabezas, que piensan (si así se puede decir) con el encono de quién no es feliz y le echa la culpa a todos menos a quién es responsable de ello.

Pues a seguir gozando de nuestra aparente estabilidad, aunque el panorama que se visualiza no es mejor con las formas en que actuamos hoy ¡Es cuanto!
Twitter@g_vasquez