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Cultura de la prevención incipiente entre población de Oaxaca

El conocimiento del fenómeno sísmico y la cultura de los simulacros es necesaria para evitar daños mayores


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El primer registro escrito sobre fenómenos geológicos en Oaxaca, específicamente sobre sismos, data del 1 de abril de 1532.

Los sismos pueden ser rápidos e intensos, por ello la prevención y mantenerse informado son herramientas indispensables para estar a salvo, pues no hay que olvidar que en las emergencias sobreviven los más preparados, no los más fuertes.

Tras el devastador sismo del 7 de septiembre que ocasionó la muerte de decenas de personas en el estado, así como cientos de inmuebles dañados y miles de oaxaqueños damnificados, es necesario redoblar esfuerzos para hacer realidad la cultura de la prevención.

Expertos en la materia sostienen que el conocimiento del fenómeno sísmico y la cultura de los simulacros es necesaria para evitar daños mayores, ya que un sismo puede dañar más o menos alguna región, según la cultura de la prevención que en ésta se tenga.

En poblaciones pequeñas con alto índice de sismicidad, la población aprende a construir de manera que los temblores no afecten sus edificaciones, por ello un mismo sismo puede tener diferentes grados de daño, según la región afectada.

Una vez que uno aprende a hacer un simulacro, el fenómeno es lo que menos importa, pues puede ser una explosión, un incendio o un sismo, y la gente sabe cómo reaccionar. Esta cultura es importante de arraigar en nuestro país.

El primer registro escrito sobre fenómenos geológicos en Oaxaca, específicamente sobre sismos, data del 1 de abril de 1532. Correspondió a un temblor sentido “fuertemente en Veracruz y Oaxaca, la Cañada y pueblos de la Sierra”.

De acuerdo con Gustavo Wilches-Chaux, las tareas de prevención de los desastres con la participación popular es caminar juntos para dignificar la vida.

Además de que el uso de tecnologías para el monitoreo y alerta a la población de de posibles o inminentes impactos nos permitirá afrontar con mayor éxito un estado de desastre.

Necesario aprender

En vista del peligro que representan los sismos para la vida humana, pero sobre todo por el terrible desdén que la sociedad moderna ha demostrado por la prevención ante los desastres, resulta de capital importancia retomar las lecciones aprendidas en el pasado para asegurar que las futuras generaciones estarán mejor preparadas en el muy probable caso de encontrarse en medio de un terremoto en algún momento de su vida.

La ciencia actual, hasta la fecha, solamente ha podido identificar aquellas zonas de la corteza terrestre en las cuales estos fenómenos ocurren con mayor frecuencia, pero al observar que prácticamente en todas las áreas pobladas del planeta se presentan sismos, la preparación y la educación resultan indispensables y su realización es impostergable.

El Sistema de Alerta Sísmica (SAS) emite avisos en el Valle de México cuando una serie de estaciones, localizadas a lo largo de la costa de Guerrero, confirman la ocurrencia de un fenómeno de gran magnitud en esa zona.

Su utilidad radica en el principio según el cual la velocidad de propagación de las ondas de radio (por medio de las cuales se transmite la alerta) es mayor a la velocidad de propagación de las ondas sísmicas.
El Servicio Sismológico Nacional (SSN) refiere que el aviso anticipado del inicio del sismo a su arribo al Valle de México y Toluca es de aproximadamente 60 segundos, tiempo suficiente para llevar a cabo medidas que reduzcan la posibilidad de que se genere un desastre considerable.

El SSN asegura que hasta hoy no existe una técnica que permita predecir los sismos; países como Estados Unidos y Japón, cuya tecnología es muy avanzada, no han sido capaces de desarrollar un método predictivo, y dado que vivimos en un país con gran actividad sísmica, la única certeza que tenemos es que tiembla constantemente y debemos estar preparados.

Prevención y autoprotección

Ante tal escenario, lo único que nos puede ayudar es la prevención y las autoridades se han dado a la tarea de difundir que antes de un temblor es necesario prepararse, tener un plan familiar de protección civil; organizar y participar en simulacros de evacuación; identificar las zonas de seguridad; revisar las instalaciones de gas y luz; y almacenar alimentos no perecederos y agua.

Durante el fenómeno, se recomienda actuar, alejarse de las ventanas y objetos que puedan caer; conservar la calma y ubicarse en la zona de seguridad; cortar el suministro de gas y electricidad; alejarse de postes, cables y marquesinas y estacionarse lejos de edificios altos.

Después, es importante revisar, examinar las condiciones de los hogares; no encender cerillos ni velas, hasta estar seguros que no hay fugas de gas; utilizar el teléfono sólo para emergencias; mantenerse informado; no propagar rumores y atender las recomendaciones de las autoridades; así como recordar que pueden presentarse réplicas, por lo que es necesario estar alerta.

Es muy importante no hacer caso a rumores, no asustarse, analizar los datos y consultar a expertos e instituciones; utilizar las redes sociales con responsabilidad; atender únicamente la información proveniente de fuentes oficiales, ya que está basada en evidencias científicas; y practicar medidas de prevención y autoprotección.

El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) exhorta a la población a elaborar un Plan Familiar de Protección Civil, pues ha expresado que los riesgos provocados por fenómenos naturales o por el hombre se pueden evitar si cada uno adopta medidas y actitudes preventivas, pues la protección civil es tarea de todos.

Mientras que la Coordinación Nacional de Protección Civil de Gobernación insiste en tener a la mano una mochila de emergencia, que contenga documentos importantes; directorio de familiares, escuelas, servicios de emergencia y protección civil; víveres enlatados y agua embotellada para dos días; un botiquín; herramientas para reparaciones de emergencia; así como un radio y una linterna con pilas.

Asimismo, resalta que la seguridad empieza en casa y sugiere seguir cuatro pasos sencillos: detectar riesgos y zonas de seguridad, tanto dentro como fuera de casa; revisar mobiliario e instalaciones; en un croquis, trazar las posibles rutas de evacuación, y señalar los riesgos detectados y cómo reducirlos.


 

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