Ixcateco, idioma agonizante, pierde a don Pedro Salazar Gutiérrez
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Ixcateco, idioma agonizante, pierde a don Pedro Salazar Gutiérrez

Hasta 2020 se conservaban 24 personas de entre las 461 que habitaban Santa María Ixcatlán


Ixcateco, idioma agonizante, pierde a don Pedro Salazar Gutiérrez | El Imparcial de Oaxaca

El ixcateco ha perdido a uno de sus últimos hablantes. Pedro Salazar Gutiérrez, una de las 24 personas que hasta 2020 conservaban este idioma en Santa María Ixcatlán, falleció el 4 de enero a los 92 años de edad. Con él se fueron también un cúmulo de historias, recuerdos y una voz que no dejó herederos. De entre las 461 habitantes de este municipio de la región mixteca, don Pedro era uno que trataba de mantener el idioma que le legaron sus padres, pero que desde hace algunos años agoniza.

El ixcateco o xwja (como sus hablantes nombran a esta lengua) es uno de los 16 idiomas del estado de Oaxaca a punto de extinguirse. También una de las 21 lenguas del país en esta condición, de entre las 68 existentes. El xwja es una lengua milenaria de la familia oto-mangue, pero en alto riesgo de desaparición o extinción, como coinciden desde 2010 el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). 

En 2010, cuando este idioma contaba con solo 190 hablantes, la lengua ya se consideraba en vías de extinción, aunque con presencia en otros pueblos del estado, como Tuxtepec y Nuevo Soyaltepec, según reportaba en su momento el ahora INPI. Pero para Mihael Swanton, historiador y lingüista del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, el ixcateco era ya hace unos años un idioma que existía solo en la memoria de una decena de adultos mayores (Esopo, editorial Calamus, 2019)

El deceso de Pedro Salazar (nacido el 19 de mayo de 1927) fue informado por la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, institución de la que Swanton también es director, y que lamentó la partida de “uno de los últimos hablantes fluidos de la lengua ixcateca”, alguien que “fue reconocido por su dominio y conocimiento de ese idioma”. 

Este conocimiento hizo que junto a Cipriano Ramírez Guzmán tradujera a su lengua las fabulas de Esopo, un volumen que el fallecido artista Francisco Toledo promovió para la difusión de las lenguas originarias de Oaxaca.

En febrero de 2019, Pedro Salazar Guzmán relató parte de su vida en esta parte de la mixteca alta de Oaxaca, donde la población también ha mermado entre 2010 y 2020 (al pasar de 516 habitantes a 461).

Pedro era ya entonces el único sobreviviente de su familia y, por ende, el único hablante de ixcateco que quedaba de esta. En 55 años de matrimonio “no hubo hijos”, contaba Salazar en su visita a la ciudad de Oaxaca. Desde el patio del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y sentado en una silla de ruedas, contaba a algunos curiosos que su lengua la aprendió de sus padres y que tras haber caído del tren sufría dolencias en su brazo derecho.

Resignado a la pérdida de su cultivo por la falta de lluvia en ese año, don Pedro era uno de los dos profesores comunitarios que en algunos talleres buscaba compartir parte de su lengua a las nuevas generaciones.

Él se animó a enseñar a los menores del preescolar de la profesora Viridiana Castillo Martínez, les explicó y tuvo paciencia para no saturarlos, como contaban sus acompañantes aquella tarde de febrero. “Solo 10 palabras hasta que aprendan”, decía don Pedro sobre su método, con el que logró crear un breve diálogo entre los pequeños.

“El niño le pregunta a dónde va; la niña contesta que va a la tienda. Dice el hombre: ¿qué vas a traer? –Pan y café- dice la niña, en dialecto”. 

Entre la esperanza llegaba también la desesperanza: “yo les digo: aprendan. Pero no agarran entusiasmo”.

En 1939, cuando el antropólogo Roberto Weitlaner visitó Santa María Ixcatlán, el ixcateco era un idioma generalizado entre las población de casi un millar.

“Casi todos los hablantes y hasta los niños entienden el idioma y la mayoría lo usa en la conversación cotidiana”, decía el investigador sobre una población que un año más tarde, en 1940, contaba con 994 habitantes, y que en 2010 tenía solo 516, para pasar en 2020 a 461, pero de los que apenas una veintena mantenía el idioma de esta tierra de los legendarios tejedores de palma y del mezcal papalomé.

 


 

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