Ciudad Yagul: de la utopía a la pesadilla | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Oaxaca

Ciudad Yagul: de la utopía a la pesadilla

Por más de 13 años, Martha y vecinos deben soportar la pestilencia y el foco de infección por la obra construida por Grupo Roma


Ciudad Yagul: de la utopía a la pesadilla | El Imparcial de Oaxaca

Martha Vásquez llegó vivir al fraccionamiento Ciudad Yagul en el 2006. Fue de las primeras vecinas en un desarrollo inmobiliario que abarca incontables casas y departamentos que se extienden sobre una parte del valle de Tlacolula. Como a sus miles de vecinos, la idea de un hogar propio y digno la hizo invertir en un patrimonio que pronto empezó a mostrar carencia o insuficiencia de servicios básicos. 

Pero para ella y decenas de vecinos de la segunda etapa, el impacto ha sido mayor, pues no solo se rompió la ilusión de contar con una casa con acceso a escuela, mercado y demás atractivos. También la esperanza de un espacio salubre. Por varios años ha tenido que soportar la pestilencia de las aguas negras; primero por una descarga, después, por la planta tratadora de aguas residuales que está inoperante desde hace 12 años.

La empresa Grupo Roma, responsable del desarrollo, nunca le informó que tendría a tan solo unos metros de su hogar una enorme planta tratadora de aguas residuales y que debía soportar la pestilencia y focos de infección a causa de ello. Hace pocos años que la planta se amplió, recuerda, aunque como vecinos se opusieron al proyecto.

“En ningún momento se fijaron (los de la empresa) que las manzanas quedan cerca; más alejada hubiera sido (la construcción)”, critica Martha, quien al igual que sus vecinos de tres manzanas ha aguantado la pestilencia de la planta por unos 13 años; 12 de funcionamiento y uno en abandono. 

En mayo, sufrieron por el colapso del registro y la red sanitaria de su calle, a los que llegan todos los desechos humanos de la primera etapa y de los condominios del fraccionamiento. No les quedó más opción que limpiar ellos mismos las heces fecales que se acumularon frente a sus casas, en parte de los patios y calle donde deberían jugar sus hijos.

Aunque la planta lleva abandonada al menos un año, el olor aún se percibe, especialmente durante las horas en que la temperatura se eleva. Ante ello, han que cerrar puertas y ventanas y tapar cualquier orificio donde el olor fétido se pueda colar. Pese a ello, no logran evitarlo del todo.

Comer se ha vuelto un reto para los habitantes de las calles Diamante, Jade, Obsidiana y Perla, al igual que conservar la salud, pues con la pandemia de Covid-19 y las enfermedades de la temporada, el riesgo aumenta. En Martha ya ha empezado a cobrar factura la presencia de la planta tratadora y el registro sanitario. Hace cuatro meses sufrió una infección en la garganta, la que su médico atribuyó a partículas de heces fecales de la zona.

Es una “impotencia vivir en un fraccionamiento de este tipo”, exclama Max Vásquez González, hijo de Martha. No solo la empresa constructora les ha fallado, señala, sino todo el entramado gubernamental que avala edificaciones como Ciudad Yagul. 

“Quienes se encargan de construir, coludidos con el Infonavit, se han encargado de corromper el principio general del bienestar de las familias sobre la vivienda” y el acceso de las y los trabajadores para adquirir un inmueble digno, explica el joven egresado de la universidad sobre lo que ha estudiado de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Max se pregunta qué organismos o dependencias del gobierno autorizaron la construcción de la planta tratadora de aguas residuales. Y es que agrega que, según las normas oficiales, una obra como esta debe estar a por lo menos 10 kilómetros de una zona habitada. Pero en su caso se ubica a solo unos metros.

“Que no sigan creando fraccionamientos sin cumplir con los requisitos de una vivienda digna y con decoro, que Roma y el Infonavit, en vez de obtener un beneficio, que se preocupen por el bienestar de los trabajadores, que son a quienes se les están otorgando este tipo de viviendas, que se preocupen porque no solo están trayendo problemas de servicios sino de malformaciones genéticas”, apunta el joven, al tiempo de pedir una revisión y atención al problema.