"Odian los hombres que mujeres gobiernen"
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“Odian los hombres que mujeres gobiernen”

Ellas temen por su vida pues las amenazas son constantes, no solo pesan sobre ellas sino sobre sus familias y sus hijos, les exigen que dejen su cargo para que ellos retomen el poder, a pesar de que a ellas las escogió el propio pueblo

“Odian los hombres que mujeres gobiernen” | El Imparcial de Oaxaca

Exiliar a sus hijos de sus hogares, vivir constantemente con miedo y gritarle a un sistema omiso frente a la violencia política, son algunas características que comparten dos presidentas municipales, quienes son de distintas regiones pero todas son víctimas de la violencia política.

La alcaldesa de Santiago Xanica, Aida Hernández Moreno, y la edil de Santa María Teopoxco, Susana Alvarado Lozano, han padecido de violencia que pone en riesgo a sus familias, su integridad física y su estabilidad por amenazas desde que ocupan cargos públicos, son puestos de poder en los que ellas tienen la última palabra en sus comunidades que históricamente habían sido gobernadas por hombres.

Las modificaciones al Código Penal que hizo la 64 Legislatura local del Congreso de Oaxaca para agravar la pena de 3 a 8 años de prisión y de 150 a 200 veces el valor diario de la medida de actualización para quienes comentan violencia política contra una o varias mujeres, sin embargo, eso no ha amedrentado para la comisión de este tipo de agresiones por razón de género.

Las modificaciones realizadas en el penúltimo mes del 2019 radican en el artículo 412 las especificaciones y que el acto cometido será perseguido de manera oficiosa por parte de las autoridades correspondientes.

La violencia contra las mujeres a ejercer este derecho político empieza desde los espacios en las planillas, pero también en las llamadas “juanitas” que han sido usadas para cubrir la cuota de género.

De acuerdo con el informe de la Secretaría de la Mujer Oaxaqueña (SMO), en el 2019 se registraron 40 casos de violencia política por razón de género, de las cuales, casi una treintena se fue a apelar sus derechos ante los órganos electorales.

La consultora en análisis de riesgo y manejo de crisis Etellekt define a la violencia política como “toda acción u omisión realizada por sí, o a través de terceros, que causen daño físico, económico, psicológico o sexual, en contra de una o varias personas, y/o cualquier miembro de su familia para restringir, suspender, impedir, menoscabar, o anular el reconocimiento, goce de los derechos políticos electorales, o de las prerrogativas inherentes, a un cargo público, inducirla u obligarla a tomar decisiones de la misma índole, en contra de su voluntad”.

La consejera y presidenta de la comisión de Género del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca, Nayma Enríquez Estrada, consideró que todas las instancias de gobierno y la sociedad deben garantizar que las mujeres participen en condiciones de igualdad y en contextos libres de violencia.

Ante eso, consideró necesario que la población identifique a las instituciones y los procedimientos para prevenir, atender y defender los derechos político electorales de las mujeres.

El instituto dio seguimiento a estos casos, realizando acciones específicas, entre ellas, solicitó la intervención del Congreso y del gobierno del estado, a través de la Fiscalía y la Comisión de Derechos Humanos de la entidad para que, en el marco de sus competencias, garanticen que las ciudadanas electas ejerzan libremente su cargo, comentó

“TEMO POR MI VIDA, PERO NO CAERÉ EN UN CAPRICHO POLÍTICO”

Susana Alvarado Lozano, presidenta municipal de Santa María Teopoxco, ha sido víctima de violencia física, psicológica y moral. Decidió sacar a sus hijos de la población que ella gobierna porque teme por las garantías de seguridad e integridad física de ellos, sin embargo, envuelta en un círculo que parece no tener solución, ella quiere ser ejemplo de otras mujeres que buscan ocupar cargos públicos.

En Teopoxco están acostumbrados a usar a las mujeres para simular respeto a sus derechos político.

Es una mujer de 39 años de edad, quiere y puede gobernar este municipio de la región de la Cañada en Teotitlán de Flores Magón, sin embargo, sus principales adversarios han usado acciones radicales para frenarla.

Señala a caciques y cacicas de la zona, quienes a toda costa piden que cumpla un acuerdo no escrito de dejar el cargo porque están acostumbrados a utilizar a las mujeres para ganar la elección y enseguida quitarlas para instalar a un hombre en su puesto.

Alvarado Lozano llegó a la candidatura porque Carlos Quevedo Fabián se registró como transgénero, con lo cual cumplía la cuota de género, pero mintió solo para quedarse conla postulación, por eso cuando fue imposible acreditar esta identidad sexual, tuvo que dejar la candidatura para que se asignara a una mujer.

Desde que asumió el cargo, el 1 de enero de 2019, ha enfrentado diversas situaciones de acoso, le han inventado acusaciones por corrupción y desvío de recursos, para desvirtuar su trabajo político.

En diciembre pasado, fue agredida físicamente cuando iba camino a una reunión con diversos grupos en el Congreso local, en San Raymundo Jalpan.
La situación no cambia. La inconformidad de sus detractores persiste a tal grado que la presidenta no puede despachar en el Palacio Municipal, sino lo hace en un lugar ajeno para no sufrir agresiones.

“Temo por mi vida, por mis dos hijos a quienes saqué del municipio por la misma tensión. No los voy a exponer porque se puede salir de control este tema porque quieren que renuncie voluntariamente”, señaló.

En ese municipio, dijo la presidenta, no dejan que gobierne una mujer, pese a que ganó legítimamente a través de un proceso democrático de participación ciudadana.

“En dos administraciones pasadas, por requisito de las autoridades ponían a las mujeres en las boletas, pero los que ejercían eran siempre los hombres. Las mujeres se prestaron por el temor a ser violentadas y en este año cuando me colocan, me negué a hacer lo que ellos querían”.
Le propusieron ser figura y que fueran los hombres quienes gobernaran, para que el poder lo mantengan las mismas personas de siempre.
“Sí hay amenazas contra mi vida, me tengo que cuidar, no puedo llegar al pueblo libremente, entro y salgo para cuidar mi vida”, añadió.
Aunque no se siente segura, tampoco piensa claudicar solo por el enojo de los caciques de su comunidad quienes se niegan a perder el poder político.
A Susana le preocupa el bienestar de las 5 mil familias que viven, en su mayoría, en rezago educativo y de espacios médicos.

“Yo me he fortalecido y me he mantenido en la presidencia porque pienso en las futuras generaciones que pueden llegar a un cargo y no las quieran dejar ejercer, pero si yo me defiendo estoy defendiendo a las demás mujeres y estoy garantizando el derecho político de quienes vienen detrás de mí”, comentó.

Susana Alvarado tiene claro que no va a renunciar a su cargo, ni las amenazas o las advertencias serán suficientes para que firme la renuncia que tanto anhelan los grupos acostumbrados a no dejarse mandar por una mujer.

A la alcaldesa le envían mensajes en lo que le advierten que van a destruir todas las obras que está ejecutando, amenazan con ir a su casa, quemarla, y a los compañeros y personas que se unen a su trabajo, los intimidan para que la dejen sola, sin respaldo.

Asimismo, se han dado acciones indirectas para cerrarle el paso a los grupos que busquen formar una fortaleza en torno a la presidenta.
La presidenta exigió respeto a su envestidura, a su cargo, a su trabajo y que las instancias estén para garantizar eso.

“EN XANICA ME ENFRENTO A UN MONSTRUO, VENGO ACÁ Y ME ENCUENTRO OTRO”

Aida Hernández Moreno, presidenta de Santiago Xanica, enfrenta la violencia política y la violencia gubernamental. Por un lado, la zozobra con la que vive en su comunidad de origen; la otra, el sinuoso camino de tocar puertas para ser escuchada en las oficinas gubernamentales donde le ignoran y hacen más pesado el camino.

La vida de la alcaldesa se dividió el 6 de octubre cuando fue asesinado su esposo en el contexto de la elección y de la resistencia del Comité de Defensa de los Pueblos Indígenas (Codedi): su opositor.

A su marido lo asesinaron en la lucha por la Presidencia Municipal.

Ahora llega a preguntarse diario si valió la pena y de algo está segura, de haber sabido lo que iba a pasar, ni de loca se mete en esto, no arriesgaría a las personas que amaba.

Es la primera mujer que gobierna este municipio y para ella la exigencia es triple, todos le exigen, quieren resultados aunque ni siquiera ha recibido las participaciones presupuestales.

Su vida familiar se desmoronó, a sus dos hijos los mantiene lejos de ella, por seguridad para que no les pase nada. Su entorno está lleno de amenazas constantes, no puede ir a la calle sola, tampoco dormir tranquila y aunque cuenta con medidas cautelares y con guardias de seguridad las 24 horas, no está en paz.

La alcaldesa busca una audiencia con el gobernador Alejandro Murat, pero hasta el momento no hay respuesta, no tiene cita con el mandatario.

“He vivido con miedo y he tocado puertas para que, como autoridad y ciudadana, se me atienda y tengo derecho, pero nada ha ocurrido. En este mes de la mujer yo le pregunto a todas las organizaciones de los grupos feministas dónde están para sumarse a mi causa, frente a esta violencia política”.

Opinó que quizá esperan que pase lo peor para alzar la voz y defender los derechos que tiene como presidenta municipal y como oaxaqueña.
En Xanica, comunidad de la Sierra Sur, faltan servicios como de salud, agua potable, drenaje. Apenas el 11 de diciembre de 2019, falleció una niña de 14 años por diarrea y fiebre, no fue posible atenderla como se debe, dijo.

Asimismo, en su municipio tiene tres agencias que respaldan su trabajo, creen en el proyecto que encabeza, aunque no pueda ingresar a la cabecera municipal por temor de ser agredida por los caciques, por los integrantes de la organización social.

“Yo lucho con un monstruo allá en Santiago Xanica, que es este grupo de personas, y en la ciudad de Oaxaca vengo y lucho con otro monstruo, porque dicen que sí me apoyan pero ha sido de dientes para afuera: no hay resultados ni se ve que haya intereses”.

A la presidenta la intimidan con mensajes y llamadas desde los teléfonos de sus allegados, e incluso, conocen su ubicación y eso es lo que le atemoriza porque no puede realizar nada sin pensar en las consecuencias.

“Todos los días me convenzo que vale la pena seguir en esta ruta, porque falleció mi marido; yo no puedo tirar la toalla frente a decenas de niños y mujeres que tienen las esperanzas en mí”.

A pesar de lo que vive sigue creyendo en la aplicación de la justicia porque hay funcionarios buenos y malos.

“Quiero que haya paz para Santiago Xanica. Quiero ser la última esposa a quien le asesinan a su marido. Quiero que mis niños sean los últimos que se quedan sin su padre por la disputa del poder político, para que ninguno sufra lo mismo”, señaló.

Aída Hernández Moreno es valiente, trata de poner fuerza para continuar y no amedrentarse ni doblegarse ante nadie. Aunque a veces sienta que las fuerzas se le van, que la esperanza de que todo mejorara sea poca.

 

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