Migración y tristeza laceran a El Jicaral | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Especiales

Migración y tristeza laceran a El Jicaral

En dos décadas, 743 mujeres migrantes murieron.


  • Migración y tristeza laceran a El Jicaral
  • Migración y tristeza laceran a El Jicaral
  • Migración y tristeza laceran a El Jicaral
  • Migración y tristeza laceran a El Jicaral
  • Migración y tristeza laceran a El Jicaral
  • Migración y tristeza laceran a El Jicaral
  • Migración y tristeza laceran a El Jicaral
  • Migración y tristeza laceran a El Jicaral

Son familias enteras las que emprenden viajes hacia Estados Unidos pues la
miseria no les deja opciones

Comunidades olvidadas por los fallidos programas gubernamentales, dependen por completo de las remesas

El Jicaral, Coicoyán de las Flores, Oaxaca. La puesta del sol abrazó a la comunidad mixteca, cuyos habitantes se reunieron en un mismo sentimiento para dejar en las bóvedas los cuerpos de tres hermanas: Juana, Margarita y Paula quienes quedaron en paz en el espacio que será su morada.

En cada persona quedó el recuerdo de las amigas, compañeras de escuela y vecinas de esta población en cuyas calles se observa el fenómeno migratorio, porque del gobierno han recibido muy poco.

Las hermanas Santos Arce salieron de su comunidad a principios de febrero y cruzaron caminos de terracería, atravesaron su pueblo donde existe un Bachillerato Intercultural y Comunitario (BIC), así como el preescolar, la primaria y la telesecundaria.

El Jicaral, centro de esta tragedia, está rodeada por casas de material con colores pintorescos y un templo vistoso, uno de los espacios de fortaleza donde veneran a San Isidro.

Aunque para ellos, el sacerdote no es importante porque cobra mucho dinero para oficiar la misa, por ejemplo, por los tres cuerpos iba a pedir más de 2 mil 500 pesos, dijo el rezador, un señor bajito, afable, moreno con la piel curtida y muy amable.

Entre padres nuestros y aves marías, los creyentes pidieron por el alma de las mujeres que yacían en sus féretros.

En las periferias del centro de la comunidad se encuentra la cancha de juego, donde la mayoría que la utiliza son los varones, las mujeres se dedican más a otras cosas, igual como lo hicieran las hermanas fallecidas.

A las 16:00 horas del martes 3 de marzo, los cuerpos salen del domicilio localizado en una pequeña subida, a unos metros de la entrada principal de esta agencia que pertenece a Coicoyán de las Flores.

Entre los asistentes se oyó decir que un mes antes, Juana, Margarita y Paula salieron de esa misma casa pintada de anaranjado con rayas, donde se observaron electrodomésticos que hacían un poco menos complicada la vida diaria, para viajar de nuevo a los Estados Unidos.

Había varios cuartos de concreto en aquel domicilio, propiedad de los hermanos y hermanas de las difuntas, quienes no llegaron porque tienen deudas todavía por pagar al “coyote” que los llevó a Estados Unidos.

Las personas están en Washington y la familia ha visto en la migración la respuesta a sus precariedades que pudieran tener.

El Jicaral está entre la colindancia del estado de Guerrero con Oaxaca, sin tierras para el trabajo del campo y en sus cerros se observa el ganado ovino y caprino que es pastoreado por niños y mujeres en mayormente.
Los hombres buscan ser ayudantes de trabajos o en la albañilería que es más de lo que pueden realizar.

743 MUJERES MIGRANTES MURIERON EN 22 AÑOS

Paula, Juana y Margarita son las víctimas oaxaqueñas más recientes que se sumaron a las estadísticas de muertes de mujeres migrantes que son poco más de 743 en dos décadas.

De acuerdo con el Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante (IOAM), de 1999 al 2020 suman estos casos que representan el 18 por ciento del total de migrantes muertos, ya sea en otro país, principalmente en Estados Unidos.

Durante esos años, perdieron la vida 4 mil 21 personas, de los cuales 3 mil 378, un 81 por ciento fueron hombres.

La región de la Mixteca es una de las principales expulsoras de mano de obra al extranjero y en este caso, hay comunidades donde la principal actividad económica está basada en su totalidad en la recepción de remesas.

Las hermanas originarias de El Jicaral son solo un ejemplo de lo duro que es la migración ilegal, dice el presidente municipal de Coicoyán de Las Flores, Modesto Nájera Sánchez.

Pero sostiene que a las comunidades las mantiene este fenómeno porque de lo contrario, no tendrían ningún tipo de desarrollo.

Y es que, dadas las condiciones de las comunidades ni siquiera el servicio de televisión abierta llega a estos pueblos donde abundan las antenas para recibir la señal satelital de empresas de televisión de paga.

“Alguien que gana lo mínimo no puede tener nada; solo quienes tienen hijos, esposo, hermanos o familiares en el norte, llegan a gastar un poco más de dinero”, comentó.

Señaló que sus comunidades requieren de programas, de impulso y de la ayuda de los gobiernos para salir de su pobreza que les da la lejanía y la falta de oportunidades.

“Los hombres y mujeres, si mucho salen de la telesecundaria y se van de migrantes porque no encuentran otra opción”, señaló.

Las mujeres también se animan a ir porque no hay de otra, “ya vio cómo vivimos y no tenemos otra forma para salir de la pobreza”, externó.

DE 100 A GANAR 300 PESOS DIARIOS

“En unas semanas iré a Ensenada para tratar de sacar una visa para ir a trabajar como migrante porque aquí se saca muy poco”, dijo el tres veces migrante, Taurino Cruz

No le intenta sacar una visa estadounidense porque ya ha sido deportado tres veces y no podría volver a tramitar nuevamente este documento.

El hombre aprendió a migrar desde pequeño y así ha sido su vida. El acento de su voz está entremezclado con el tono norteño y el mixteco que se habla en su comunidad.

Ahora quiere buscar alguna instancia para asesoría y pueda tener visa como jornalero migrante, pero tampoco sabe a dónde acudir.

“Queremos quedarnos en nuestro pueblo, pero no se puede, no hay en qué trabajar y eso está peor porque no tenemos que comer por la falta de trabajo”, comentó.