La nueva presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, asumió el cargo con un mensaje enfático contra la corrupción al interior del partido, advirtiendo que no se tolerarán prácticas indebidas en ningún nivel de gobierno emanado de sus filas.
Durante su intervención, subrayó la necesidad de una revisión interna: “Es momento de hacer examen de conciencia”, afirmó, al tiempo que llamó a denunciar y actuar contra cualquier irregularidad.
CANDIDATURAS BAJO LUPA RUMBO A 2027
Uno de los puntos centrales de su mensaje fue el proceso electoral de 2027, en el que estarán en juego 17 gubernaturas. Montiel dejó claro que los aspirantes deberán cumplir con un requisito clave: una trayectoria “impecable”.
Incluso advirtió que ganar encuestas no será suficiente para obtener una candidatura si existen vínculos comprobados con actos de corrupción.
“Está en juego la legitimidad que nos llevó al poder”, señaló, marcando una postura que busca reforzar la imagen del partido ante el electorado.
RESPALDO AL GOBIERNO FEDERAL
En su primer mensaje ante más de mil 800 militantes durante el VIII Congreso Nacional Extraordinario, la dirigente también hizo un llamado a mantener la unidad con el gobierno encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Montiel defendió los programas sociales impulsados en administraciones anteriores, recordando su paso por la Secretaría de Bienestar y destacando la continuidad del proyecto político iniciado por Andrés Manuel López Obrador.
SOBERANÍA Y MENSAJE POLÍTICO
La dirigente también abordó temas de política exterior y soberanía, al rechazar la injerencia de gobiernos extranjeros en asuntos nacionales.
“Cooperación sí, subordinación no”, expresó, en un mensaje que refuerza la narrativa del partido sobre independencia política.
Además, criticó a actores que, dijo, utilizan acusaciones con fines políticos, y llamó a defender la política como un ejercicio de servicio público.
ENTRE DISCURSO Y DESAFÍOS
Aunque el posicionamiento de Montiel busca fortalecer la imagen ética del partido, el reto será trasladar estas declaraciones a mecanismos efectivos de control interno.
Finalmente, la promesa de excluir a perfiles cuestionados enfrenta el desafío de la práctica política, donde los intereses locales y las dinámicas electorales suelen tensionar los principios declarados.











































