A pocos días de que entrara en vigor el proceso de reubicación del transporte foráneo en la ciudad de Oaxaca, comenzaron a surgir inconformidades entre operadores y usuarios que cuestionan las condiciones de los nuevos espacios asignados para el ascenso y descenso de pasajeros.
Uno de los puntos que concentra mayores críticas se encuentra en las inmediaciones de la Terminal de Autobuses de Segunda Clase, entre la prolongación de Valerio Trujano y las riberas del río Atoyac. Donde fueron concentradas diversas unidades provenientes de municipios del Valle Eteco.
Aunque el objetivo oficial es mejorar el ordenamiento vial y reducir la saturación en zonas céntricas, transportistas advierten que la medida ha trasladado problemas operativos y económicos a los trabajadores del volante y a los propios pasajeros.
TAXISTAS DENUNCIAN COSTOS ADICIONALES
Ulises Caballero, conductor del sitio de San Pablo Huitzo, aseguró que la reubicación implica nuevos gastos que anteriormente no enfrentaban.
“Aparte de que está cara la renta aquí del piso, nosotros tenemos que poner de la bolsa sombra”, señaló.
El operador explicó que cada cajón de estacionamiento tiene un costo diario de 150 pesos. Lo que representa aproximadamente 4 mil 500 pesos mensuales por unidad.
“La renta del cajón está en ciento cincuenta diarios; al mes son cuatro mil quinientos más o menos”, detalló.
Los conductores afirman que, además del pago por el espacio, deben invertir en infraestructura básica para protegerse de las lluvias y las altas temperaturas que predominan en la zona.
FALTA DE ILUMINACIÓN E INSEGURIDAD
Otra de las preocupaciones expresadas por los trabajadores es la ausencia de servicios básicos en el nuevo punto de concentración.
Caballero aseguró que durante las noches la zona permanece prácticamente a oscuras.
“Tenemos que buscar para poner la luz porque tampoco tenemos luz en la noche; las lámparas que están aquí no llegan hasta donde estamos y está todo oscuro”, afirmó.
A ello se suma la percepción de inseguridad entre los operadores.
“Este lugar tiene mala fama. Hasta donde yo sé, no hay policía”, sostuvo.
Los transportistas consideran que la falta de vigilancia podría convertirse en un riesgo tanto para conductores como para pasajeros que llegan al sitio en horarios nocturnos.
MENOS PASAJEROS Y MAYOR DISTANCIA
Los operadores también señalan que la nueva ubicación ha complicado el acceso de los usuarios al servicio.
Antes de la reubicación, las unidades se encontraban sobre la prolongación de Valerio Trujano. Una zona que, según los conductores, resultaba más accesible para quienes llegaban desde distintos puntos de la ciudad.
“La ubicación anterior era mejor; llegaba más fácil y más accesible la gente”, comentó Caballero.
Añadió que desde el cambio han observado una disminución en la llegada de pasajeros.
“Se le ha complicado a la gente y ya no llega hasta acá”, expresó.
REDUCCIÓN DE ESPACIOS Y RESTRICCIONES OPERATIVAS
Andrés, checador de un sitio de Santa María Atzompa, explicó que el proceso de adaptación también ha implicado una reducción en el número de espacios disponibles para algunas organizaciones.
“Ahorita sí nos dieron seis espacios”, comentó al referirse a los cajones asignados en el nuevo punto.
Además, indicó que las autoridades han endurecido las reglas para el descenso de pasajeros.
“Ya no se puede, tiene que llegar al cajón”, explicó.
Según relató, las unidades que bajen pasaje fuera de las áreas autorizadas podrían ser sancionadas.
“Ya no porque también les vayan a multar”, advirtió.
La medida busca ordenar la operación del transporte. Sin embargo, ha generado inconformidad entre operadores que consideran que limita la flexibilidad del servicio y complica los traslados para algunos usuarios.
EL RETO DE HACER FUNCIONAL EL REORDENAMIENTO
Aunque los transportistas reconocen que el proceso apenas comienza y que aún existe una etapa de adaptación, consideran que el éxito de la reubicación dependerá de que las nuevas terminales cuenten con condiciones adecuadas de seguridad, iluminación, señalización y accesibilidad.
El caso refleja uno de los principales desafíos de los programas de reordenamiento urbano: equilibrar la necesidad de mejorar la movilidad con las condiciones reales de quienes utilizan y operan diariamente el transporte público.
Finalmente, aunque las autoridades impulsan la reorganización del servicio, operadores y usuarios esperan que las observaciones planteadas sean atendidas para evitar que una medida diseñada para mejorar la movilidad termine generando nuevos problemas.











































