Hace casi ocho meses que Mauricio, un joven de 17 años de edad, duerme en las calles de Oaxaca. Un espacio sobre Los Portales se ha convertido en el sitio que antes llamaba casa, en su natal Veracruz. Unos trozos de cartón le sirven de cama para descansar ese cuerpo afectado por el golpe de un auto. Su plan era conseguir un trabajo en la entidad, pero solo halló la precariedad y una vida en la que lo principal es conseguir qué comer.
“Estoy solo aquí”, confiesa el menor de edad mientras recuerda que por aquel golpe del coche no fue atendido en clínica u hospital alguno. Aunque las secuelas siguen y tiene que apoyarse en una vieja muleta de madera para caminar o sentarse.
En el día, Mauricio pasa el tiempo en espacios como Bajo el Laurel, junto a la Catedral Metropolitana. Pero la necesidad de alimento o agua lo hace recorrer otros lugares. “Para pasar el día voy a pedir un poco de comida o les digo (a los propietarios de negocios) si les tiro la basura o hago algo en que pueda ayudar”.
En la capital del estado, Mauricio es una de las personas en situación de calle. Él vive en una “condición vulnerable”, según lo señala el ayuntamiento de la ciudad, que el año pasado hizo un censo en el que identificó que son 230 individuos como él, y que las ubicó principalmente en plazas públicas, mercados y plazas comerciales.
El Mercado de Abasto, con 125 personas detectadas, era hasta noviembre el área de mayor concentración según ese censo; y le seguía el Centro Histórico, con 43. La agencia de San Martín registraba 10 y el Jardín Conzatti, ocho. 44 más se detectaron en otras zonas de la ciudad.
La cifra ahora es incierta, como lo es en el país, en donde se carecen de datos por parte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Este solo señala que hay un estimado de 407 mil 720 personas albergadas o indigentes. Es decir, que habitan en un espacio temporal o en las calles.
Las personas en situación de calle están sub-representadas “en las estadísticas oficiales a nivel nacional, lo que impide conocer quiénes son, dónde se encuentran o qué hacen, lo que obstaculiza un diseño eficiente de las políticas públicas que les incluya”, apunta el Diagnóstico sobre las condiciones de vida, el ejercicio de los derechos humanos y las políticas públicas disponibles para mujeres que constituyen la población callejera.
Con miedo por contagiarse de Covid-19, Mauricio se ha colocado un cubrebocas, aunque mantiene la intención por volver a su casa en Veracruz tan pronto se recupere y obtenga el dinero suficiente para viajar y reencontrarse con los suyos. Sin embargo, reconoce que no ha podido hablar porque extravió su número telefónico. Aunque con el estómago vacío hasta las 13 horas de ayer, su preocupación primordial era la de conseguir alimento.










































