“Mientras haya trabajo ese es nuestro festejo”: boleros | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

La Capital

“Mientras haya trabajo ese es nuestro festejo”: boleros

Este 24 de mayo se conmemora en México el Día del Bolero, un oficio que perdura en la capital oaxaqueña y que ha tratado de sobrevivir a la pandemia


“Mientras haya trabajo ese es nuestro festejo”: boleros | El Imparcial de Oaxaca

Con un cepillo, jabón de calabaza y rápidos movimientos, Gerardo Mendoza limpia  un par de tenis a los que después pasa un trapo para quitar la espuma y secarlos. En pocos minutos ha acabado con tres pares mientras su cliente espera sobre la banqueta. Es cerca del mediodía y antes de él solo habían acudido dos personas a lustrar su calzado: una adulta mayor y su hijo. 

Bajo un laurel de la Plaza de la Constitución (zócalo capitalino), Mendoza ejerce el oficio del que se ha mantenido desde hace 12 años. Es un bolero, como comúnmente se conoce a quien al igual que él lustra el calzado o limpia aquel que lo requiere. Y que en uno de los espacios más concurridos de la ciudad tiene a al menos seis o siete compañeros cerca de uno de los portales.

Llegar a un trabajo como este siempre es por necesidad, cuenta el adulto que por esa circunstancia aprendió cómo usar el cepillo, la pintura, el jabón y el trapo cuando niño, a sus 12 años. Entonces debía andar en las calles con una cajita de madera como la que usaban los adultos de los que aprendió mediante la observación.

“Después busqué otro trabajo y hace 12 años volví a lo mismo, pero ya con un lugarcito, ya no con una cajita”, narra Mendoza, quien a la par de sus herramientas lleva un periódico para uso del cliente. Aunque reconoce que muchos prefieren pasar el tiempo con el celular o platicar con él sobre asuntos personales, los bloqueos y protestas de la ciudad o de política. 

“Parecemos psicólogos porque nos vienen a contar sus problemas”, confiesa Mendoza mientras ríe por el oficio que le ha permitido conocer a muchas personas. Y al mismo tiempo ver que su trabajo figura en la pantalla grande por El bolero de Raquel (1957), película en la que Cantinflas rinde un homenaje a los aseadores de calzado. 

El 24 de mayo es el día en que en México se conmemora a las y los aseadores de calzado, personas que como Gerardo o sus compañeros Gustavo González y el  “10-28: 11 y 12” mantienen un oficio al que auguran la permanencia pese a la baja de clientes. “Todos necesitan de la limpieza de su calzado, tanto políticos como licenciados, doctores o la gente normal”, apunta Gerardo.

Entre las jardineras del zócalo, hay casi 10 boleros que pacientemente esperan a la clientela, aquella que ya conoce de su trabajo y confía en sus manos los zapatos de piel, los de gamuza o los tenis de lona y otro material. 

El conocido como “10-28:11 y 12” se inició a los 18 años, pero tras un tiempo en otros trabajos volvió a ese su “primer amor” hace unos ocho. “Regresé a mi trabajo porque me gusta y siento que soy servicial con mi gente”, comparte mientras lustra un par de zapatos y dialoga con otros dos visitantes. Para este bolero, el trabajo no acaba con limpiar el calzado sino tratar de que sus clientes se vayan contentos y vuelvan a él. No siempre se gana –confiesa– pero se divierte en un oficio que se celebra este lunes y por el que ha conocido un zócalo donde hace tres décadas era de más confianza y belleza. “Había mucho movimiento en este lugar”, rememora sobre lo que hasta los primeros meses albergaba los Miércoles del Danzón o los conciertos de la Banda de Música y de la Marimba del Estado.

Al igual que ellos, Gustavo González ha hecho del oficio su vida y su sustento. Él está inmerso en la labor desde 1995, en un zócalo donde ya tenía a varios amigos. Permanecer en el trabajo –remarca– es en gran parte por la posibilidad de ser su propio patrón. Aunque reconoce que ha habido tiempos difíciles, algunos por los plantones y protestas que son el pan de cada día en la ciudad. 

La pandemia, un duro golpe al oficio

En más de un año, la pandemia ha afectado al oficio de bolero. En 2020, el cierre del zócalo implicó el cese de la actividad por casi cuatro meses. “Ya no entraba la gente y a qué veníamos si no había trabajo”. En ese tiempo, Mendoza depositó las esperanzas de su labor en los clientes que ya lo conocían y le llamaban para ir a sus domicilios para limpiar el calzado. 

Al margen de las afectaciones económicas el tema de contagios o decesos por Covid-19 sigue siendo un tema del que se habla poco. Uno de ellos considera que sí ha habido casos y que entre los conocidos falleció un aseador que laboraba en el parque El Llano. 

No hubo ayuda de políticos o de asociación alguna, cuenta el “10-28:11 y 12”, quien ante la pandemia considera que él y sus compañeros viven “porque Dios es grande”. Y es que el sector es uno de los que como otros empleos carece de seguridad médica.

“Los que estamos aquí, gracias a Dios estamos completos”, dice, al tiempo de señalar a la clase política solo se acuerda de ellos en campaña, pero no muestra un respaldo real al gremio. “Como políticos tienen que hacer algo por la gente que está aquí; si les pedimos algo, dicen que no tienen recursos”, agrega mientras remarca que ya no confía más en los dichos de la clase política.

La nueva normalidad se ha instalado en el zócalo y los puestos de los boleros. Todos portan cubrebocas y en algunos casos incluso llevan junto a sus herramientas y equipo un bote de gel antibacterial o alcohol, los cuales usan tras cada servicio.

“Mientras haya trabajo, esa es nuestra manera de festejar”, apunta Gerardo Mendoza.