Para decenas de estudiantes de la Telesecundaria Buenavista, en Santa María Petapa, acudir a clases significa hacerlo en condiciones que distan de un espacio educativo digno.
Maestros y alumnos denunciaron públicamente que, ante la falta de aulas, algunos grupos fueron instalados en un inmueble que anteriormente funcionaba como bar. El sitio, aseguran, permanece deteriorado y no reúne las condiciones necesarias para garantizar una jornada escolar adecuada.
Imágenes difundidas en redes sociales muestran a estudiantes recibiendo clases sobre piso de tierra, bajo estructuras deterioradas y, en algunos casos, a la intemperie.
La situación no sería reciente. De acuerdo con la denuncia de los docentes, desde hace tiempo han solicitado la intervención de las autoridades para contar con instalaciones apropiadas, sin que hasta ahora exista una solución definitiva.
CLASES A LA INTEMPERIE
Uno de los aspectos que más preocupa a la comunidad escolar es que algunos jóvenes deben tomar clases al aire libre, expuestos directamente a las condiciones del clima.
La falta de espacios también afecta las actividades propias de la formación secundaria. Los profesores cuestionaron que una institución educativa tenga que improvisar áreas para impartir clases mientras las gestiones para obtener aulas adecuadas permanecen sin respuesta.
La comunidad señala que incluso se les habría ofrecido utilizar el domo de la localidad, aunque esta alternativa tampoco resolvería de fondo las carencias. Entre las preocupaciones está la seguridad del mobiliario escolar y el acceso limitado a los servicios sanitarios.
UN BAÑO PARA UNA COMUNIDAD ESCOLAR
Las condiciones de los sanitarios constituyen otro de los problemas señalados.
La escuela cuenta, según la denuncia, con un baño exterior que presenta daños y deterioro después de años de exposición a las condiciones ambientales y falta de mantenimiento. Convirtiéndose además en un foco de infección.
Los docentes también cuestionaron una presunta indicación para restringir el uso de los sanitarios del domo comunitario únicamente a las alumnas, dejando a los estudiantes varones sin una alternativa adecuada.
Más allá de la discusión sobre quién puede utilizar determinada instalación, el problema central es la falta de servicios sanitarios suficientes, seguros y dignos para una comunidad escolar.
LA INCLUSIÓN TAMBIÉN QUEDA EN ENTREDICHO
La precariedad de las instalaciones adquiere una dimensión adicional debido a que entre el alumnado hay dos estudiantes con discapacidad, quienes, de acuerdo con sus profesores, destacan por su desempeño académico.
Sin embargo, las condiciones físicas del lugar dificultan su movilidad y adaptación.
La situación plantea una contradicción evidente: mientras el sistema educativo debe avanzar hacia espacios incluyentes y accesibles, estos estudiantes enfrentan barreras físicas que podrían limitar su participación plena en la vida escolar.
No se trata únicamente de contar con un salón. La accesibilidad, los sanitarios, los espacios para desplazarse y las condiciones de seguridad forman parte de las garantías mínimas para ejercer el derecho a la educación en igualdad de condiciones.
AUTORIDADES CONOCEN EL PROBLEMA
Los profesores sostienen que las autoridades locales conocen la situación de la telesecundaria, pero que las respuestas no han resuelto la falta de infraestructura.
También señalan que existen espacios que podrían ser utilizados como aulas; sin embargo, aseguran que las autoridades educativas no han autorizado su entrega.
La comunidad interpreta esta situación como una falta de coordinación entre las distintas instancias responsables de atender la infraestructura educativa.
La Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca también tendría conocimiento de la problemática, según los docentes.
EL DERECHO A ESTUDIAR NO DEBERÍA DEPENDER DE LA BUROCRACIA
El caso de Buenavista expone un problema que va más allá de la falta de salones: la distancia que puede existir entre el discurso oficial sobre el derecho a la educación y las condiciones reales en las que algunos estudiantes acuden diariamente a clases.
Una escuela improvisada, alumnos a la intemperie, infraestructura deteriorada y dificultades para garantizar accesibilidad no son únicamente deficiencias materiales. También representan obstáculos para que niñas, niños y adolescentes desarrollen sus actividades educativas en condiciones de seguridad, igualdad y dignidad.
La comunidad escolar exige una respuesta concreta y coordinada. El reclamo no se limita a recibir promesas o instrucciones para esperar; demanda que las autoridades responsables definan una solución, establezcan plazos y garanticen que los estudiantes puedan regresar a aulas adecuadas.
Finalmente, mientras eso ocurre, los alumnos de la Telesecundaria Buenavista continúan estudiando en espacios que, según sus propios maestros, no deberían ser considerados una solución permanente.










































