En Juchitán no hay matriarcado, solo hay mujeres trabajadoras
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En Juchitán no hay matriarcado, solo hay mujeres trabajadoras

Juchitecas coinciden que no se puede hablar de un matriarcado mientras siga existiendo la violencia contra las mujeres

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Durante muchos años el tema del matriarcado ha sido parte de la vida de Juchitán en la región del Istmo de Tehuantepec, una comunidad donde la mujer tiene un papel importantísimo como pilar de la familia, por lo que de manera regular se puede observar en el día a día su lucha para que su familia salga adelante. Esta situación hizo que en algún momento se pensara que la ciudad se rige bajo el matriarcado, el cual se entiende como el ejercicio de poder de parte de las mujeres por encima de los hombres.

Sin embargo, el hecho que se tenga una mayor visibilidad femenina, no necesariamente significa que las sean mujeres las que tienen el dominio, y así lo reconocen las propias mujeres juchitecas que durante muchos años han vivido con este estigma.

Hasta donde se sabe, entre 1930 y 1932 un extravagante y visionario cineasta soviético, de nombre Sergei Eisenstein, recorrió parte del país para una película documental que realizaba, titulada “¡Que viva México!”, la cual nunca concluyó. Sin embargo decía que en Tehuantepec encontró un lugar paradisiaco donde mandaban las mujeres y en el que los hombres esperaban recostados en la hamaca, mientras las mujeres acumulaban monedas de oro gracias a sus habilidades. Inclusive en la película explicaba que la mujer trabajaba para buscarse un marido.

Más adelante en 1994 la revista francesa “Elle” publicó un artículo sobre las mujeres de Juchitán, en el que la autora decía que había descubierto una cultura matriarcal, donde “hipersensuales devora hombres” dominaban a sus opacados maridos e hijos, se relacionaban con jóvenes amantes y se dedicaban a bailar, beber y acumular riquezas.

Esta situación llevó a la realización de un documental realizado en una co-producción entre México y Estados Unidos titulado “Ramo de Fuego” (Blossoms of Fire, 2000), dirigido conjuntamente por Maureen Gosling y Ellen Osborne. Un arduo proyecto cuya realización les tomó diez años y en el que a través de una minuciosa investigación se adentraron en el tema del matriarcado.

 

Violencia de género

Para la poeta Irma Pineda Santiago, no se puede hablar de un matriarcado en primer lugar, mientras siga habiendo violencia hacia las mujeres.

“Esto nos está diciendo que no hay un poder de las mujeres, no, no hay una gobernanza de parte de las mujeres, porque siguen siendo violentadas, asesinadas, lastimadas y en ese sentido creo que nos falta mucho para que lleguemos a un punto que llamemos matriarcado”.

“Por otro lado también nos falta como mujeres acceder a espacios importantes, uno de ellos son los espacios políticos, aún hay muy poquitas mujeres que se han hecho visibles a diferentes espacios, lo que si podemos decir es que hay una presencia marcada de las mujeres en cuanto a que son activas económicamente y eso les da poder de decisión, poder de participación, pero aún no hay un poder absoluto que haga que se tenga una gobernanza desde la perspectiva de las mujeres, yo creo que para eso falta mucho todavía”, aseguró.

Reconoció que se vive con una cultura preponderantemente machista y hasta misógina, porque todavía se ven situaciones donde se privilegia que sean los niños los que vayan a la escuela y no las niñas, situaciones en donde las mujeres tiene menos acceso a cuestiones equitativas de trabajo.

“Vemos que las posibilidades de desarrollo personal siguen siendo limitadas, aun y cuando ya hay mujeres trabajando y finalmente la responsabilidad de la casa se le sigue cargando a las mujeres, entonces esto nos está hablando de una visión patriarcal, machista, por lo que tenemos que caminar todos juntos para ir transformando todo esto”, destacó la representante de los pueblos indígenas de México América Latina y el Caribe ante la ONU.

Mientras que la Profesora Rogelia González Luis, quien durante 25 años ha trabajado en el empoderamiento de las mujeres, el respeto a sus derechos y la aplicación de la justicia, dijo que para hablar de un matriarcado primero se tendría que mirar el tema de desigualdad que históricamente las mujeres han vivido.

“Culturalmente se dice, incuso en nuestro municipio que es Juchitán, que es ciudad de las mujeres, pero muchas veces es una visión que se tiene desde el exterior, porque ven que está invadida de mujeres que son floreras, mujeres que están en el mercado, que venden pescado, que son comerciantes y hacen diferente al municipio de otras ciudades de la República Mexicana en donde la gran mayoría de carniceros son varones, están vendiendo en los mercados, en sus negocios y es diferente a la región del Istmo donde las mujeres trabajan en el comercio y destacan porque hablan una lengua indígena, elaboran su ropa tradicional, sus bordados de muchos colores, su música , la cultura, la danza, las artes, la poesía y las mujeres destacan y se visibilizan”, aseguró.

Expresó que hay que revisar de manera muy crítica esa desigualdad que existe en el ejercicio del poder político, que es donde se toman grandes decisiones para lo que tiene que ver con las múltiples necesidades de las mujeres, como en el aspecto de la educación, salud, la justicia, la ciencia y tecnología, artes y el deporte.

“Ha sido muy dura la lucha que las mujeres hemos venido dando para poder entrar en un momento de igualdad y equidad, en donde se reconozcan los derechos humanos y la participación política de las mujeres… vemos muchas veces como las mujeres enfrentan diversas desigualdades y discriminaciones por el hecho de que queremos competir en la política, queremos estar en los mandos donde se toman decisiones y donde muchas de las veces sufrimos discriminación, en esa parte podría decirte que si hablamos de un matriarcado, entonces ahí debería de haberse visibilizado a las mujeres… deberíamos tener en todos los niveles el poder, en la vida económica, social, cultural y política”, destacó.

Mencionó que hay un reconocimiento de una lucha que han venido haciendo las mujeres, de un trabajo que se reconoce inclusive a nivel internacional y dicen “vamos a Juchitán de las mujeres, porque aquí bailan mujer con mujer”. “Aquí las mujeres no tienen esa exclusión en la vida comunitaria y las mujeres acarrean agua, leña, las mujeres van a trabajar, ayudan en la pesca, las mujeres venden sus productos, vamos, hay un trabajo productivo de las mujeres que mueve la economía, pero no hay un matriarcado”.

Comentó que las mujeres juchitecas no se quedan cruzadas de brazos, son fuertes y buscan salir adelante, pero eso no se refleja en los espacios que las mujeres debieran tener en los diferentes ámbitos.

“Hablando del tema de participación política, seguimos viviendo discriminación, exclusión en actividades, hay lugares en donde las mujeres no pueden ir a una asamblea, no pueden opinar, porque su voz es callada y entonces es donde decimos, ¿en donde esta ese matriarcado que se dice?, que se habla y fue tema de investigación a nivel internacional”.

 

Sin cargos importantes

Mientras que para Mudubina Sánchez Cruz, Secretaria de Derechos Humanos de la Asociación de Mujeres Indígenas por el Desarrollo del Estado de Oaxaca, no existe tal matriarcado, “lastimosamente Juchitán se está viendo como el número uno en violencia de género y eso es evidencia de que no existe el matriarcado, que las mujeres del Istmo participan, trabajan mucho, pero solamente se encargan de la administración del hogar, pero la “batuta” del hogar la sigue llevando el hombre”.

“El mito tiene que ver con la actividad diaria que se desarrolla en Juchitán, llegan al mercado y ven que las mujeres están trabajando, que las mujeres están vendiendo, ven que las mujeres están con el compromiso de los hijos, ven que las mujeres están llevando las riendas del hogar y eso fue la percepción que se tuvo por la periodista en ese momento, pero en definitiva las mujeres no ocupan los cargos en la administraron pública, los hombres se van desde la madrugada a trabajar, a pescar, al campo, llegan y le dan los productos a la señora para que vaya a venderlo, pero quien trabaja y decide el rumbo del hogar siguen siendo los hombres”, aseguró.

Mencionó que en Juchitán las mujeres en algún punto se vieron muy favorecidas, pues ya hubo registro de que una mujer obtuvo la presidencia municipal. “Lamentablemente los cargos de decisión con mujeres son muy pocos y se han ido dejando a un lado, hace poco hacía una reflexión de que en la administración pasada tuvimos más mujeres en cargos de decisión… había una secretaria técnica, una oficial mayor, una directora de ingresos, había más cargos dentro de la administración municipal, sin embargo ahorita no hay mujeres que ocupen puestos de relevancia”.

“De 49 directores, solo 9 son mujeres, los otros 40 son hombres y desde ahí podemos ver que las mujeres no están en los cargos de decisión dentro de la administración y así es en todo, pese a la Ley de Paridad”, apuntó.

Finalmente aseguró que seguimos viviendo en una comunidad netamente machista. “Las mujeres estamos tratando de “deconstruir” esa parte, no podemos construir encima de una sociedad así, primero tenemos que “decostruir”, para reforzar los cimientos y empezar a educar con una sociedad en donde se vea por el igual los derechos de las mujeres y los hombres”.