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Atroz, en salas comerciales: primer gran triunfo del gore mexicano

El cineasta Lex Ortega comparte con Crónica detalles del filme mexicano que tiene el curioso récord de ser el más violento de la historia.


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Antes de cada función de Atroz, el primer largometraje del cineasta mexicano Lex Ortega, se le advierte al público que se trata de una película con alto grado de violencia gráfica. De hecho, desde su debut en festivales de cine de género, en el 2015, llegó con el slogan de ser la película más brutal en la historia del cine mexicano. Y lo es.

“Las veces que se ha mostrado, se le advierte a la gente que no es para todo público. Que sí es para personas con criterio amplio. Hay quienes creen que la advertencia sobre el nivel de violencia es parte de la publicidad y cuando la ven, sí dicen que está fuerte”, expresó Lex Ortega, en entrevista con Crónica.

A tres años de distancia de que se proyectó por primera vez en Sitges Festival Internacional de Cine de Terror en Cataluña, España, el más importante de cine de género en el mundo, Atroz se convirtió, el pasado 26 de octubre, en el primer filme gore mexicano que llega a salas comerciales del país:

“Estoy muy feliz, no sólo por la película, sino porque representa dos grandes triunfos. Por un lado del cine mexicano independiente, y por el otro para el cine de terror, cine de género y cine gore”, dijo.

Atroz es una película que retrata la historia de dos asesinos seriales a quienes les son confiscadas unas cintas de video, tras ser detenidos por causar un accidente de tránsito. Tales cintas contienen asesinatos brutales que muestran la maldad humana, así como los antecedentes, parafilias y la psique de estos asesinos.

“La película surgió por un cortometraje que escribí en el 2013. Se llamaba Atroz, que es el primer segmento de los tres que forman el largometraje. Toda la investigación que hice para la película fue sobre asesinos seriales”, comentó el cineasta y agregó que a pesar de la violencia, no se trata de casos reales.

“No trato de hacer biográfico ningún caso, mi personaje se llama Goyo, y para nada es una biografía de Goyo Cárdenas (conocido en México como el estrangulador de Tacuba), sino que hay varios elementos que se tomaron para construir este personaje, uno de ellos es Jerome Brudos, un personaje de Estados Unidos que tenía cautivas a mujeres, a las que lastimaba. Así hubo también otros asesinos de los que tomé elementos para crear al personaje”, añadió.

El camino de esta película ha sido largo, ha sido polémico y con una gran cantidad de obstáculos a partir del tema de la violencia. Por ejemplo, el hecho de que el protagonista de la historia es encarnado por el mismo Lex Ortega: “Cuando iba a hacer el cortometraje, ya se acercaba la fecha de rodaje y tenía algunos actores conocidos a los que les ofrecí el papel, pero a la hora de que leyeron el guion no lo quisieron aceptar, porque se les hacía muy rudo. Por razones de tener el tiempo encima, y que yo había creado al personaje, me motivó a que yo saliera”, comentó.

“Al año y medio siguiente, que se filmó la segunda etapa de la película, pensé que era más fácil seguir avanzando conmigo como actor a rehacer todo con otro actor”, dijo y añadió otro factor, “algo que era muy palpable era el tema de los recursos económicos, creo que si les hubiera ofrecido un mejor sueldo o con una mejor propuesta, alguien hubiera aceptado. Pero esta película se formó en el sistema del cine de guerrilla, hicimos fondeo para conseguir los recursos y aun así estábamos limitados”.

Hecha la cinta, se han hecho una infinidad de opiniones cruzadas: “La película está hecha de esta forma con el afán de molestar e inquietar a la gente. Ha habido comentarios de todo tipo, desde que qué necesidad tengo yo para hacer la película, o que si estoy viendo cómo está la sociedad en estos tiempos por qué quiero que el público vea una película así, que si estoy haciendo apología a la violencia, de esos hasta los que dicen que se imaginaban algo más brutal de lo que está”, explicó.

“Incluso en festivales de terror se han ofendido los jurados al verla”, puntualizó.

“No lo he tomado como si fuera exagerado. Son puntos de vista de las personas. La reacción de la gente depende también de lo que ha pasado en sus días o vidas. Si le pones esta película a alguien que tuvo un familiar secuestrado, o desaparecido, o alguna de esas cosas terribles que pasan en el país, seguramente le pega mucho más que a una persona que no lo ha vivido. No juzgo los comentarios negativos por eso”, agregó.

Sin embargo, espera que el filme tenga una repercusión creativa y no moral o de incitación a la violencia: “La gente debería verlo como tal, como una ficción. Sí es muy gráfica, pero yo no estoy promoviendo la violencia, ni digo que está bien que esas cosas sucedan, sino que también creo que este filme y el género del gore se puede usar para hacer una crítica social y una crítica a las instituciones, desde la familia hasta corporaciones que se supone que están para protegernos

“El cine de terror es una gran ventana a la propuesta y a decir lo que te molesta de una forma creativa. Cuando estaba el caso de la masacre de Columbine (tiroteo en una Escuela Secundaria de Estados Unidos, en 1999), se culpaba a Marilyn Manson porque el tipo que disparó era su fan, yo creo que una cosa no tiene que ver con la otra. Se me hace un poco absurdo que la gente quiera culpar a este tipo de pelícu­las por lo que está pasando en la vida real”, agregó.

Lex Ortega pertenece a una generación dorada del cine de género en México. Actualmente también se presenta en diversos festivales la segunda parte de México Bárbaro, en la cual es productor y participa con el último de los segmentos. Ya trabaja en un nuevo largometraje, aún no adelanta su argumento sólo promete que será fiel a su estilo: “En el momento que decidí ser director, sabía que quería hacer terror, y no me interesa hacer otra cosa”, concluyó.