Armadoras como BMW de Alemania y Mazda de Japón, asociada con la estadounidense Ford han comenzado a montar varios prototipos de automóviles impulsados por la energía mecánica generada por la reacción del hidrógeno con el oxígeno.
De acuerdo con un artículo publicado por la revista digital ¿Cómo ves? de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, el hidrógeno como combustible extiende la vida del motor y reduce el mantenimiento, en contraposición de la gasolina.
El gas no acumula carbón en la cámara de combustión ni en las bujías, y los gases resultantes son tan limpios que casi no se necesita cambiar el aceite del motor, solo hay que restituirlo periódicamente.
De acuerdo al portal Zona Eco, del fabricante coreano Hyndai, los autos de hidrógeno ofrecen una gran autonomía, permitiendo largos trayectos sin comprometer el tiempo de recarga, destacando su practicidad y versatilidad. Un auto de esa firma ofrece una autonomía de hasta 666 km en uso combinado.
Recarga a mil por hora
Según el fabricante el tiempo de recarga de los coches eléctricos se reduce a medida que la tecnología avanza. Sin embargo, la carga de los coches de hidrógeno sigue siendo mucho más rápida, realizándose en solo cinco minutos.
Emisiones completamente limpias
Los coches de hidrógeno ofrecen emisiones completamente limpias, ya que el único subproducto de la reacción en las celdas de combustible es vapor de agua. Al emitir solo vapor de agua, los coches de hidrógeno contribuyen a la purificación del aire en las áreas donde circulan, mejorando la calidad del entorno y proporcionando beneficios adicionales para la salud y el medio ambiente local.
LOS INCONVENIENTES
El artículo de divulgación de la UNAM señala que entre los inconvenientes siguen siendo mayores que las ventajas. Como las moléculas de hidrógeno son tan pequeñas, se requiere mucha energía para comprimirlo o licuarlo. Por la misma razón, el gas se fuga con mucha facilidad de los recipientes que lo contienen; incluso en el mejor tanque, el H2 se evapora a una tasa de 3% diario.
En automóviles, la combustión interna impulsada por hidrógeno elemental requiere de una tecnología parecida a la que se usa para producir motores movidos por gas natural, que ya abundan en nuestros días. La combustión del hidrógeno en estos motores aún no es perfecta. Su fuente de oxígeno es el aire, por lo que inevitablemente una pequeña fracción de nitrógeno interviene en la combustión y forma óxidos de nitrógeno, NOx, que producen el esmog fotoquímico y el ozono “malo”.
El hidrógeno se encuentra combinado en forma de agua o de compuestos orgánicos. Por lo tanto, se puede obtener de esas fuentes, pero para separarlo de sus compuestos es preciso suministrar energía. Hoy en día el hidrógeno se obtiene principalmente de sustancias extraídas del petróleo: hidrocarburos gaseosos como el metano y el propano, o alcoholes como el metanol o el etanol, que son líquidos.
Los coches eléctricos hoy
Los primeros automóviles eléctricos se desarrollaron en la primera mitad del siglo 19 y llegaron a tener cierto auge durante la primera década del siglo 20. Sin embargo, la poca durabilidad de las baterías disponibles en aquel entonces y el advenimiento del automóvil con motor de combustión, así como el incremento en las exploraciones petroleras, hicieron que los autos eléctricos se convirtieran en una curiosidad. En 1912 un automóvil eléctrico costaba 1 mil 750 dólares, mientras que uno con motor de gasolina se adquiría por 650. El interés en los coches eléctricos resurgió a partir de los años 70 con las crisis energéticas provocadas por los embargos petroleros de los países árabes.
Un automóvil eléctrico no necesita caja de transmisión (o “velocidades”): el motor suministra directamente una potencia tan baja o tan alta como sea necesario sin tener que pasar por un complicado sistema de engranes que aumentan la potencia a expensas de la velocidad y viceversa. El conductor sólo tiene que variar la alimentación eléctrica por medio del acelerador y la velocidad del vehículo aumenta continuamente, sin las sacudidas que da un automóvil convencional de transmisión automática a cada cambio de velocidad.
En el caso del hidrógeno, los autos alimentados por celdas de combustible aún no tienen la potencia que los automovilistas esperan de sus vehículos. Otra desventaja es que todavía no se encuentra la manera de almacenar a bordo suficiente hidrógeno para darle al coche la autonomía a la que estamos acostumbrados (más de 400 kilómetros por tanque).
En el caso de los prototipos de hidrógeno, se considera que hay alrededor de 60 ejemplares y el costo de uno de ellos es de alrededor de un millón de dólares; tomando en cuenta todo lo que las compañías han invertido en investigación y desarrollo.
Concluye el artículo de Divulgación de la Ciencia que “cuando el F-Cell se produzca en serie tendrá que ser mucho más barato. Pero antes habrá que construir una red de estaciones de reabastecimiento de hidrógeno. Y antes de eso, habrá que encontrar la manera de obtener hidrógeno sin producir los mismos contaminantes que se pretende evitar con esta tecnología”.