Aguas negras, riesgo para capitalinos en Oaxaca
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Aguas negras, riesgo para capitalinos en Oaxaca

Decenas de municipios vierten sus aguas residuales hacia las afluentes que atraviesan la capital.

Aguas negras, riesgo para capitalinos en Oaxaca | El Imparcial de Oaxaca

Al menos 47 colonias de la ciudad de Oaxaca sufren afectaciones directas y ponen en riesgo su salud por la contaminación del río San Felipe. Entre ellas: la Aurora, Auditorio Guelaguetza, El Centenario, Díaz Ordaz, La Cascada y Lomas del Crestón. 

Beatriz de Esesarte Pesqueira, integrante de la asociación civil Vive la Calzada, cuenta que como estas zonas, especialmente de el centro de la capital y las agencias como el Ejido Guadalupe y San Felipe del Agua, otras más padecen de la escasez de agua que está estrechamente ligada con el estado de polución de las afluentes. De estar saneados, este y otros ríos cubrirían la demanda de agua de la Zona Metropolitana de Oaxaca, constituida por alrededor de 20 municipios.

Los 600 mil habitantes, que se estiman para el conjunto de la urbe y los demás poblados, no sufrirían desabasto el cual se ha resentido en semanas pasadas, agrega Antonio González Roser, quien, como Beatriz, se ha enfocado en señalar las contaminación de los ríos de la región Valles Centrales y, como otros ambientalistas, impulsa su rescate. O en el estudio de las posibilidades para enfrentar la demanda de agua.

Pero ambos también señalan que la contaminación y escasez está marcada por la cultura y el crecimiento poblacional de esta parte del estado. Son esas mismas colonias, como otras en diversas zonas, las que vierten sus aguas negras en este río y demás afluentes, señalan los activistas. 

El río San Felipe viene desde la microcuenca de la parte norte y va bajando, pero “si hay una casa cerca, ésta echa su drenaje al lecho del río. Así lo hacemos, esa es nuestra realidad”, confiesa Beatriz mientras evoca que en su niñez, hace más de 50 años, la realidad era muy distinta: “Yo iba a nadar al río”.

Tan solo por la contaminación del río San Felipe, que como el Jalatlaco y otros más que pasan o afectan a la ciudad (el Salado y el Atoyac), los capitalinos y habitantes del valle han tenido que enfrentar la escasez del agua. Pero también se han acostumbrado al estiaje y el desabasto, por lo que se ven obligados a comprar pipas de agua, ahonda Antonio González. Él, que por más de dos décadas ha estudiado la problemática del agua, cuenta que esto mismo ha dificultado el poder lavarse las manos, en especial en un contexto marcado por la emergencia sanitaria por Covid-19.

Y si bien es un problema que afecta a sociedades y gobiernos, González y De Esesarte expresan que estas últimas se han visto rebasadas por la problemática. Además de por la sentencia para el rescate de los ríos Atoyac y Salado, confirmada el año pasado.

“Ya se pidió la intervención de la Suprema Corte de Justicia. Un grupo de abogados hizo un litigio para obligar a los municipios a hacer algo con las aguas de los ríos”, recuerda De Esesarte sobre el proceso impulsado por Litigio Estratégico Indígena y a lo cual González añade que las autoridades “no han hecho nada”. 

“No pueden”, dice Beatriz sobre lo que describe como el que las autoridades están rebasadas y que el problema de la contaminación de los ríos se han visto como un problema individual, pero que implica a sociedades y gobiernos.

Pero contaminar los ríos y no hacer nada por rescatarlos, están vinculados con la ignorancia y la desidia, según comenta Antonio González. “Se acostumbra la gente a no tener agua, a echar las aguas negras a los ríos. Eso es desidia, malos usos y costumbres”. Pero también implica la cultura ahonda Beatriz. “Esto es el resultado de una cultura, de una manera de pensar, de actuar, de comportarnos ante la naturaleza”.

¿Pero qué hacer ante la escasez del agua? Antonio dice que todavía se analiza una posibilidad relacionada con las microcuencas, de las que se podrían tomar el agua, también recolectar el agua de las lluvias servirían para abastecer a la ciudad y más de 20 municipios de Valles Centrales. “Tendríamos agua más que suficiente”.

 

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