Entre tradición, historia y orgullo comunitario, ayer se conmemoró el Día del Árbol del Tule, el monumental ahuehuete que se ha convertido en uno de los principales emblemas naturales de Oaxaca y en un referente turístico de los Valles Centrales.
Ubicado a unos 12 kilómetros de la capital oaxaqueña, este ejemplar de la especie Taxodium mucronatum destaca por las dimensiones de su tronco, cuya circunferencia alcanza aproximadamente 58 metros, y por una antigüedad estimada en más de dos mil años. Su imponente presencia lo convierte en un testigo vivo de la historia y en parte esencial de la identidad de Santa María del Tule.
La celebración anual, vinculada con las tradiciones religiosas de la comunidad, reúne a habitantes y visitantes en torno a este patrimonio natural. Las actividades festivas incluyen expresiones culturales y religiosas, mientras la gastronomía, las artesanías y las bebidas tradicionales forman parte del atractivo para quienes llegan a conocer este sitio.
La fascinación que despierta el ahuehuete también se encuentra en las figuras que parecen dibujarse en su corteza y raíces. Entre sus formas, los visitantes identifican siluetas que recuerdan animales y seres fantásticos, como un león, un cocodrilo o un dragón, detalles que alimentan las historias y la imaginación popular.

Su importancia trasciende el turismo. Declarado Árbol Nacional en 1921, durante las conmemoraciones del centenario de la Independencia de México, el Tule representa un legado natural y cultural que ha pasado de generación en generación. Una leyenda zapoteca atribuye su plantación a un sacerdote llamado Pechocha, quien habría sembrado el árbol como ofrenda a Ehécatl, deidad del viento.
A los pies de este gigante natural, una inscripción recuerda su permanencia frente al paso del tiempo y los acontecimientos humanos, una reflexión sobre la relación entre la naturaleza y la historia.
Sin embargo, el reconocimiento y las celebraciones también plantean la importancia de dar continuidad a las acciones para protegerlo. El año pasado se informó sobre la integración de un comité colegiado para fortalecer su conservación, por lo que resulta relevante conocer los avances y las medidas concretas emprendidas para preservar este ejemplar.
El Árbol del Tule es mucho más que una atracción turística: es parte de la memoria colectiva de Oaxaca. Su permanencia constituye un legado que merece mantenerse vivo para que las futuras generaciones continúen admirando su grandeza.










































