Las luciérnagas: Héroes y mártires de papel | El Imparcial de Oaxaca
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Las luciérnagas: Héroes y mártires de papel

Recuerdo que hace tiempo leí una frase que decía “aquel que escribe cartas está escribiendo el recuerdo que quedará cuando ya no esté”. No logro traer a mi memoria el…


Las luciérnagas: Héroes y mártires de papel | El Imparcial de Oaxaca

Recuerdo que hace tiempo leí una frase que decía “aquel que escribe cartas está escribiendo el recuerdo que quedará cuando ya no esté”. No logro traer a mi memoria el nombre de su autor, ni mucho menos el contexto en que lo he leído, pero sus palabras han quedado en mí… haciendo eco. 

Lo cual me permite comenzar a adentrarme en el libro del que les hablaré esta semana, se trata de Las Luciérnagas (Sélector/2021) novela prima de Adalberto Ortiz Ávalos, que –asegura– posee dos vocaciones: la literatura y los negocios. Desde muy chico ha sentido este interés por las letras; sin embargo, hasta ahora, en el transcurrir de su tercera década, ha decidido finalmente trabajar en una novela y publicarla. 

No obstante, me asegura que esta novela fue totalmente circunstancial, pues la historia llegó sola sin que él la buscara. Uno de sus amigos más cercanos –al conocer su interés por la narrativa– le obsequió una serie de cartas escritas por Manuel Zavala, un joven de los años 30 del siglo pasado, con la intención de que esta historia trascendiera más allá de la intimidad emocional de las epístolas antiguas. 

Ortiz Ávalos me dice que fue una gran responsabilidad, un esfuerzo emocional y hasta psicológico, tener en sus manos la intimidad del personaje; a pesar de ello, resalta que uno de sus principales retos era transmitir la historia sin dejarse llevar por lo que está escrito, ya que en sus palabras “El héroe y el mártir de papel es una fachada”, por ello considera que se debe de ver más allá de lo plasmado, lo que el autor de la correspondencia realmente buscó decir en sus cartas. 

Resulta, pues, que esta historia recrea la vida de Manuel Zavala, originario de Guadalajara, que desde los siete años se dio cuenta que, a pesar de tener buenas oportunidades laborales, gracias a la posición de su familia, no quería pasar el resto de su vida en una oficina; él quería vivir aventuras. Cuando joven comienza la Guerra Civil española, por lo que decide enlistarse y abordar el Mar Cantábrico rumbo a España para combatir. 

Ahí, en medio del cruento conflicto bélico español, añora a ese terruño, a su familia, su primer amor y esos recuerdos que quedaron soterrados en México, del que solo sabe a través de la correspondencia que intercambia con sus padres, quienes lo idealizan como un hijo mártir que se va a defender causas extranjeras, sin advertir que esto más allá de una acción consciente de heroísmo o entrega del joven Manuel, fue la más próxima y fácil escapatoria que encontró para salir de su realidad.

En España, reflexiona sobre su vida, sus decisiones y las esperanzas, que poco a poco va viendo más agotadas, de regresar a su país, misma que comparte con sus compatriotas Manuel, Alejandro, Gustavo y Socorro Barbarena, única mexicana de ese grupo que se salvó de ser fusilada y regresó a México en 1937, trayendo consigo el recuerdo de unas vidas comunes, de las que solo han quedado cartas y recuerdos. 

@Urieldejesús02