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Arte y Cultura

Mujeres en la gráfica siguen en la continua búsqueda de espacios

En los últimos años se han creado colectivos y talleres de mujeres artistas, pero aún son insuficientes, coinciden creadoras que con ello tratan de romper con roles y tradiciones


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Cuando empezó a trabajar la exposición El arte gráfico contemporáneo en Oaxaca, hace más de tres años, la curadora e historiadora del arte Deborah Caplow encontró decenas de talleres y más de un centenar de artistas. Pero entre ellos, sólo uno creado exclusivamente por mujeres: Guindhá casa-taller. Las artistas, apenas sobrepasaban la decena.

En el proceso, que le tomó aproximadamente un par de años hasta concretar la muestra en noviembre de 2018, la situación cambió mucho. Al menos esa es la percepción que externa la especialista que en más de cinco años ha investigado la gráfica en Oaxaca. De un taller pasaron a ser tres: Guindhá, Hoja Santa y Espacio Panoplia. Pero en la muestra, de los más de 100 participantes, sólo 17 eran mujeres.

La percepción de Caplow es compartida por el propio colectivo de artistas de Guindhá, quienes en marzo 2018 celebraban su primer aniversario y presentaban la exposición 8-3, Mujeres en la gráfica oaxaqueña. En la edición uno de este ejercicio, Mercedes López, Viridiana Carmona y Soledad Vásquez lograron reunir, incluidas ellas, a 20 creadoras para tal propósito. Aunque coincidían en la idea de que existen más de dos decenas, sólo que sus trabajos no son tan visibles como el de sus compañeros hombres. El conformar una familia, explicaban, ha influido para que las mujeres dejen en segundo lugar su actividad artística o la abandonen definitivamente. Además de que como refería entonces López, la gráfica se ha considerado un arte más masculino, rudo y complejo.

Para marzo de 2018, el taller Hoja Santa contaba con apenas un mes de existencia. Había sido inaugurado el 2 de febrero por un grupo de mujeres que se planteaba como uno de sus objetivos contribuir a la existencia de más espacios para la promoción y distribución de arte gráfico hecho por sus congéneres, sin importar si eran oaxaqueñas o de otras partes del país y del mundo.

Espacio Panoplia, sin embargo, existía ya desde el año 2016 en San Jerónimo Tlacochahuaya, una comunidad de la región Valles Centrales. Su distancia del centro de Oaxaca de Juárez o el enfoque en otras áreas aparte de la gráfica, que buscó desarrollar Gabriela Morac en él, afectaban su percepción en este universo de prensas, talleres y artistas que investigaba Caplow. En junio del año pasado, Espacio Panoplia se reubicó en la ciudad de Oaxaca y además de Morac lo conforman Óscar Vásquez y Mayra Cruz.
Con estos talleres y colectivos que se han creado y mantenido (Guindhá sin espacio físico), la investigadora habla de un auge de mujeres grabadoras en Oaxaca en los últimos dos años. Pero en ella permanece un sentimiento negativo al no tener a más mujeres en la exposición de noviembre de 2018 en el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), la que se presentó como celebración por los 30 años del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y venía precedida por una muestra titulada Grandes maestros, con 14 autores, todos hombres.

En la exposición del CaSa, “hubo 17 mujeres. Es la cantidad que había cuando empecé”, explica Caplow, quien señala, no obstante, que en México hay una “tradición de excluir a las mujeres en las artes en general”. Ahora piensa que podría incluir a más autoras; además de que considera necesario actualizar sus cifras, investigar más sobre el quehacer de ellas, pues como señala la artista Mercedes López “ha habido un crecimiento en la participación de las mujeres en la gráfica en Oaxaca”. Y estas van desde estudiantes hasta egresadas de carreras en artes plásticas o con varios años en el medio.

HAY MÁS MUJERES, PERO NO LAS SUFICIENTES

Viridiana, Soledad y Mercedes se conocieron en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Como ellas, otras más se han formado en su escuela de artes. Mayra, que integra Espacio Panoplia, es una de ellas. Lo mismo que Salime Guró. Sin embargo, todas han percibido que en sus años de escuela han sido más los hombres en la gráfica o si la proporción era más o menos parecida, los números de ellas bajaban al egresar. En parte por la maternidad y los roles a los que se les ha asociado como mujeres.

Viridiana Carmona y Salime Guró, ambas madres, han enmarcado su labor en el ámbito familiar. Tanto para buscar la mejor manera de desarrollarse en la gráfica como el hecho de enriquecer el trabajo. Carmona, por ejemplo, ha señalado que en sus tiempos de universidad, ya siendo madre, su hijo era modelo de dibujo rápido.

Mayra, la última en integrarse a Espacio Panoplia, recuerda que en sus años de universidad eran solo tres las mujeres en la especialidad de grabado. No obstante, sabía de la existencia de otras mujeres en otros sitios, como el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo, donde algunas toman clases y producen su obra ahí mismo. Pese a ello, en un conversatorio organizado por Guindhá, expone que su percepción de entones era la carencia de espacios en donde se visibilizara “un poco más” la labor de mujeres en la gráfica.

En ese mismo conversatorio, Rosario Hernández, integrante del taller Hoja Santa, parece compartir la idea de Mayra sobre un número muy bajo de mujeres en la gráfica hace unos años, incluso casi inexistente como lo notaba en sus visitas a los talleres. Ahora percibe que hay más mujeres en este arte.

LA GRÁFICA, UN ARTE DE EQUIPO

Dependiendo de las técnicas, la gráfica puede requerir de manipular piedras y grandes tórculos o prensas. Eso ha influido en la idea de que se trata de una labor ruda o pesada, de hombres, en la que necesita del apoyo de varias personas. Eso sin dejar de considerar que su proceso implica muchas veces la especialización en ciertas tareas, como la impresión. No siempre un grabador imprime su propia obra, sino lo hace alguien más.

Este proceso ha incidido en todo colectivo y taller. Y las mujeres que han sido parte de él lo señalan, pues reconocen como las de Guindhá que la gráfica ha permitido conocer a sus compañeras y a sí mismas y a tratar de lidiar con problemas de convivencia de la mejor manera. También, a no idealizar en las relaciones entre ellas. Para Rosario Hernández, no siempre se puede coincidir, pero sí negociar y sacar adelante el trabajo del colectivo.

“El trabajo colectivo de las mujeres es para mí algo imprescindible, que no solo habla del derecho a organizarnos, a colaborar sino de nuestro derecho a la justicia social para visibilizar el trabajo que muchas veces se invisibiliza”, en especial, refiere, en un estado como Oaxaca.

“Hay que integrarse muy bien en ese proceso de trabajo”, ahonda Mercedes sobre una colaboración que se enmarca en un contexto donde el estado de Oaxaca les sigue marcando tradiciones o roles a los que también tratan de enfrentar en este arte.”Todavía la presencia de la mujer es bastante escasa y limitada”, refiere.