La pintura y el mole en la obra de Hampshire | El Imparcial de Oaxaca
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Arte y Cultura

La pintura y el mole en la obra de Hampshire

El oaxaqueño es uno de los ganadores de la bienal que desde 1982 mantiene el legado de Rufino Tamayo


La pintura y el mole en la obra de Hampshire | El Imparcial de Oaxaca

Han sido 10 ediciones seguidas en las que Luis Hampshire (Oaxaca, 1975) ha intentado hacerse un hueco en la Bienal de Pintura Rufino Tamayo. Sólo en dos ha logrado quedar, una de ellas la que recientemente lo reconoció como uno de los tres ganadores (junto a Silvia Mayoral y Francisco Jiménez).

En el certamen instaurado por el fallecido creador Rufino Tamayo (1899-1991) en 1982, su obra Metate ola chica le valió uno de los premios de adquisición. También, el ingreso al acervo que de esta custodia el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO).

La edición lo colocó en el podio y en dos espacios en la exposición alusiva a la muestra, en la planta baja del MACO, ambas desprendidas de la serie Mole negro, que el artistas realiza desde hace años.

Pero el nombre y el platillo, dice el exdirector del Museo de los Pintores Oaxaqueños (Mupo), es “un pretexto cultural, un pegamento”. Así como lo es para la pieza de gran formato que, como el platillo, tiene variedad de ingredientes: pintura (óleo y spray), espejo, un cuadro incrustado, recortes de tela y papel.

El día de la premiación de la bienal, José Villalobos (artista y miembro del jurado que decidió a los tres ganadores de entre los 45 finalistas) decía que la pintura tenía muchas posibilidades en este certamen, pues su creador no impuso más que un término.

Hampshire concuerda. Especialmente porque su trabajo artístico tiene como base a este lenguaje, aunque en conjunción con otros medios, formatos y espacios.
“2018 plantea una multiplicidad de opciones para hacer arte, y de eso se trata; la pintura no está exenta de ello”, señala el autor sobre las posibilidades que ve para el arte, en general.

En su caso, “hay varias estrategias” que han venido desde la narrativa, la idea del fragmento, de la descomposición, de la mezcla, el collage o el sentido.
De una expresión que desde hace más de un siglo se planteó nuevas reflexiones, la obra de Hampshire, a pesar de que es figuración, “no apela a un realismo, sino evoca a sensaciones y memorias que el cuerpo tiene no solamente con seres cercanos, sino con todo el mundo”.

“En realidad, es mi retrato”, apunta quien en la bienal ve un espacio para poner en juicio y debate su labor, y no sólo con la gente en general, sino con los profesionales del medio.

También, que su propuesta no se activa en relación con el espectador, sino que se basa en “el uso de espacios, momentos, material o contexto”, como un espejo que puede —o no— dar pie a un diálogo.