La selva de Mazunte, recreada en La Trapecista | El Imparcial de Oaxaca
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La selva de Mazunte, recreada en La Trapecista

Si estuviera solo en una isla cogería Son de mar. O tal vez La trapecista: dice el escritor Reza Emilio Juma


La selva de Mazunte, recreada en La Trapecista | El Imparcial de Oaxaca

Como un thriller psicológico describe Reza Emilio Juma (Toronto, Canadá) a su novela La trapecista, un libro en el que combina aventura, acción, erotismo, fantasía, romance y tragedia. Siguiendo la historia de Picasso, un joven que se cree artista, conduce al lector por las aventuras del protagonista en busca de la trapecista que conoció en un circo.

La reticencia de Picasso para aceptar la huida de la joven lo lleva a emprender un viaje para averiguar lo que le sucedió. De esta forma, se aleja de su vida y realidad y sale de Canadá rumbo a México, para finalmente llegar a la playa donde actualmente es Mazunte.

A decir del escritor, conocido por sus obras Mil besos y El legado del príncipe de Cachemira y que ha viajado por varios países desde temprana edad, su tercera novela es ejemplo de alguien que no puede asumir una tragedia y entra en una espiral de descenso.

“Se trata de un ángel que amó demasiado y descendió a un averno”.

Este jueves, 15 de junio, a las 19:00 horas, Reza Emilio presenta su obra en la capital del estado, en la Casa de la Cultura Oaxaqueña. Para el escritor nacido en Canadá, pero cuya vida ha transcurrido en varios países como México, Oaxaca es una de las ciudades más especiales, ya que le inspiró a escribir su primera obra, Mil besos, y cuyo final se ambienta aquí.

Hay una parte de La trapecista que alude al pueblo mágico de Mazunte, ¿qué aspectos de ese destino se perciben en la novela?

Esta novela está ambientada en los años 60 y 70, cuando no existía Mazunte. Lo que yo necesitaba en la novela era una escena terrorífica, una escena insólita, entonces elegí la Costa de Oaxaca que en los años 60 y 70 era selva. Lo que intento hacer es rescatar algunos elementos del pueblo de Mazunte, de cuando la gente vivía en palapas, y rescatar lo que era la Costa de Oaxaca antes del boom, de la existencia de Mazunte como pueblo mágico, antes del museo.

En sus tres obras (Mil besos, El legado del príncipe de Cachemira y La trapecista) los personajes van en una búsqueda y viajan constantemente, ¿qué parte de usted imprime en sus personajes?

Lo que intento hacer es mantener la mente fría y no involucrarme demasiado con mis personajes y libros. Lo que sí hago y reconozco es agregar mis experiencias de viajes. Soy una persona que desde los 12 años ya había estado en cuatro continentes y más de 10 países; ahora que tengo más de 35, he estado en más de 40 países y más de 500 ciudades. Al estar viajando toda mi vida, eso me ha influido en lo personal y a la hora de escribir libros.

¿Qué cree que aportan los viajes para las personas?

Aportan mucho. Algo que he estado diciendo es que hay muchas maneras de viajar, una es agarrar un paquete e irte a Huatulco, a un resort de cinco estrellas por dos semanas y no sales, entonces, lo único que conoces es el hotel, la playa y el poco mar.

Sin embargo, lo que hago cuando viajo es mezclarme con la gente, conocer a los locales, sus costumbres. Tengo muchas carencias, pero algo positivo que tengo es que me encanta escuchar a la gente y eso me sirve para agregar elementos a mis libros.

Para ser un buen contador de historias, tienes que tener la capacidad de escuchar, y para ser un buen escritor la capacidad de leer, porque si no lees no tienes nada que escribir.

Si en uno de sus viajes llegara a una isla desierta, ¿qué libro le gustaría tener consigo?

Hay un libro que me encantó y leí justo después de escribir Mil besos y que me recordaba a mi libro, se llama Son de mar, de Manuel Vicent, un escritor valenciano. Si estuviera solo en una isla cogería ese libro. O tal vez La trapecista.

De la literatura clásica, ¿hay algún libro que le encante?

Frankenstein. La gente -cuando piensa en Franskentein- cree que es un cuento para niños, que es de fantasía, de monstruos. Ese libro fue el que más me influyó para escribir La trapecista, porque se trata de las máscaras, las varias identidades, la incapacidad de recapacitar ante una tragedia. Es un libro muy profundo que he leído muchas veces; ésta vez que lo leí fue cuando estuve en Mazunte.

Cuando piensa en una nueva obra, ¿le es difícil partir de una historia, elegir un personaje o comenzar a escribir?

He intentado dar cursos de cómo escribir un libro y he fracasado enormemente; soy capaz de escribir un libro, contar una historia, crear los personajes, pero no sé cómo lo hago, de dónde viene la inspiración. Lógicamente, antes de escribir un libro ya tengo la cabeza llena de ideas, personajes y simplemente es plasmarlo todo, pero explicarlo me es muy difícil. Creo que primero tiene que haber mucha imaginación para montar una historia, ¿y cómo puedes tener mucha imaginación?: leyendo.