En medio de la creciente crisis hídrica mundial, parte de la solución no se encuentra en nuevas presas ni en pozos más profundos, sino a más de 600 kilómetros de altura. Un sistema satelital, originalmente desarrollado para buscar agua en Marte, ahora apunta hacia la Tierra para detectar humedad en el subsuelo y ubicar fugas invisibles en redes hidráulicas.
La tecnología, conocida como Asterra Recover y de origen israelí, emplea satélites con Radar de Apertura Sintética (SAR) de banda L, capaces de atravesar nubes, vegetación y capas superficiales del suelo para identificar anomalías de humedad relacionadas con pérdidas de agua potable y residual.
HASTA 50% DEL AGUA SE PIERDE EN MÉXICO
Especialistas estiman que entre 40% y 50% del agua potable en México se pierde por fracturas en tuberías. Si se suman tomas clandestinas, la cifra podría alcanzar hasta 70%.
Las fugas subterráneas pueden permanecer activas durante años sin ser detectadas, provocando pérdidas millonarias en volumen y recursos económicos.
“Lo que hace el satélite es darnos puntos de humedad donde se ve agua potable. Cuando nosotros encontramos humedad se da por muchas cosas, no solamente por fuga, sino por robo y por desperdicio”, explica Carolina Villacís Espinoza, directora general de Integrored, empresa mexicana que desde junio de 2024 cuenta con la exclusividad para operar esta tecnología en el país.
CÓMO FUNCIONA EL SISTEMA
El proceso inicia con el escaneo satelital. En lugar de revisar extensiones completas de territorio sin discriminación, el sistema genera rangos específicos de entre 100 y 200 metros, denominados “Puntos de Interés” (POI), donde se detecta humedad anómala.
“En ese punto tienes que buscar la humedad, porque algo está ocurriendo que está generando pérdida de agua potable o fugas de agua residual”, detalla Villacís.
Las imágenes son procesadas mediante algoritmos ajustados con inteligencia artificial y cruzadas con información catastral para determinar si se trata de una fuga en la red o una toma clandestina.
Posteriormente, entran en acción los geofonistas, técnicos especializados que utilizan geófonos —sensores acústicos— para escuchar vibraciones en tuberías presurizadas.
“No es visible la fuga, solamente se escucha y viene un sonido muy diferente al flujo normal del agua”, explica Mayte González, técnica de campo.
De acuerdo con Alan Boukai, ejecutivo de Asterra, el uso de esta tecnología permite detectar en promedio tres veces más fugas que los métodos tradicionales, al dirigir a los técnicos exactamente al punto donde existe la anomalía.
RESISTENCIA CIUDADANA Y RIESGO EN CAMPO
Pese a su potencial, el despliegue en campo enfrenta obstáculos sociales. En estados como Guanajuato, donde la tecnología tiene mayor presencia, el personal técnico ha encontrado rechazo tanto de ciudadanos como de grupos vinculados a tomas clandestinas.
“Tenemos mucho rechazo de la ciudadanía, porque existe el paradigma de pensar que cuando tienes un medidor es para robarte el agua, cuando en realidad sirve para cuidar tu consumo”, señala Villacís.
Además, reconoce que también enfrentan oposición de la delincuencia dedicada al robo de agua.
Este escenario revela que la crisis hídrica no es únicamente técnica, sino también cultural y social.
MÁS ALLÁ DE LA TECNOLOGÍA: EL RETO ESTRUCTURAL
Si bien la tecnología satelital mejora la precisión en la detección, el problema de fondo sigue siendo estructural: redes antiguas, falta de mantenimiento preventivo, crecimiento urbano desordenado y ausencia de cultura de cuidado del agua.
La implementación de estos sistemas permite recuperar caudales, reducir pérdidas económicas y combatir el huachicoleo de agua, pero su efectividad depende de la colaboración ciudadana y de políticas públicas que fortalezcan la infraestructura hidráulica.
Como advierte Villacís:
“Si mañana no hay agua, no son los organismos operadores los que no van a tener agua… somos todos los ciudadanos los que vamos a padecer.”
Con información de El Excélsior









































