En Ocotlán de Morelos, una adolescente de apenas 13 años vivió más de un año de tortura a manos de su propia familia.
Sus agresores —tres mujeres y dos hombres— fueron detenidos luego de que una denuncia anónima revelara el infierno que la menor padecía entre abril de 2023 y octubre de 2024.
El caso sacude a la opinión pública por el nivel de crueldad familiar y la aparente normalización de la violencia en zonas rurales donde, según activistas, “los abusos dentro del hogar suelen quedar ocultos tras el silencio y la costumbre”.
CASTIGOS INHUMANOS
De acuerdo con la carpeta de investigación, la adolescente vivía con su tía M.G.P.P. en la colonia Rancho Moreno, junto con otros cuatro familiares: M.C.G., O.L.C.P., F.L.C.P. y J.A.C.P.
Todos ellos se dedicaban a la cría y venta de borregos y chivos, y utilizaban esa actividad como pretexto para someter a la menor a castigos extremos.
El expediente judicial describe escenas alarmantes:
“Le provocaban quemaduras con tizones de leña y la golpeaban con objetos cuando el ganado dañaba la siembra o se escapaba del corral.”
Además, la dejaban sin comer hasta por dos días, provocándole desnutrición severa. La víctima sobrevivió gracias a vecinos que ocasionalmente le daban comida o agua.
EL INFIERNO RURAL DE LA IMPUNIDAD
El caso pone en evidencia un fenómeno persistente en comunidades oaxaqueñas: la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil en entornos rurales. Donde las víctimas rara vez logran denunciar.
A pesar de los programas de protección y campañas contra la violencia de género, los abusos domésticos siguen siendo un problema estructural.
“Hay niñas viviendo bajo regímenes de miedo, castigo y silencio. En los pueblos se considera ‘corrección’, no abuso”, explicó una activista local que pidió el anonimato por seguridad.
La normalización de la violencia, la falta de seguimiento psicológico y la escasez de personal de protección a menores han permitido que casos como este se prolonguen durante años sin intervención estatal.
LA DETENCIÓN DE LOS AGRESORES
Los cinco implicados fueron detenidos tras una investigación de campo y puestos a disposición del Ministerio Público.
Aunque la autoridad judicial mantiene sus identidades bajo reserva, trascendió que enfrentan cargos por violencia familiar agravada.
Los hechos se cometieron de manera sistemática y prolongada. Lo que podría derivar en una condena mayor si se comprueba que hubo lesiones permanentes y daño psicológico profundo.
UNA HERIDA SOCIAL QUE NO CIERRA
El caso de la adolescente de Ocotlán no es aislado. Oaxaca figura entre los estados con mayor índice de violencia familiar y de género. Esto, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Entre enero y septiembre de 2025 se han registrado más de 3,400 denuncias por violencia intrafamiliar, una cifra que expertos consideran apenas “la punta del iceberg”.
El reto —afirman organizaciones civiles— está en romper el círculo del silencio:
“Los golpes se curan, pero el miedo y la vergüenza duran toda la vida”, expresó una psicóloga que acompaña a víctimas en la región.
DE LA DENUNCIA AL PROCESO PENAL
Actualmente, la menor se encuentra bajo resguardo y atención médica especializada, mientras se desarrolla la investigación complementaria.
Los agresores fueron vinculados a proceso penal y permanecerán detenidos mientras se determina su situación jurídica.
Más allá del castigo, este caso reabre un debate necesario: ¿qué tan protegidas están las niñas y adolescentes en comunidades rurales oaxaqueñas?







































