Hoy en México, el nombre oficial del festejo del 12 de octubre, Día de la Raza, fue cambiado por el Día de la Nación Pluricultural desde 2020, sustituyendo este acto político al popularmente conocido por 200 años como “Día de la Raza”. Esta nueva denominación reconoce la diversidad cultural del país y marca el encuentro de dos mundos, considerando que es más que el de una sola “raza”, como se concebía anteriormente.
En 2020, México dejó de celebrar oficialmente el “Día de la Raza” y adoptó el nombre de “Día de la Nación Pluricultural”, pluriétnica y plurilingüística.
La decisión se basó en el reconocimiento de que las razas no existen y en la necesidad de reivindicar a los pueblos originarios y la riqueza cultural del país.
Claro que surgió la pregunta que obliga a pensar el ¿Qué significa el Día de la Nación Pluricultural?
La nueva denominación busca dar un enfoque a la pluralidad de culturas que existen en México y no a una sola “raza” o herencia.
Esta conmemoración se centra en la mezcla de culturas y el surgimiento de una civilización hispanoamericana producto del encuentro de los mundos europeo y americano.
Esto es lo oficial, lo político que surge de los asesores de un sistema que trata de desaparecer todo lo entendido y enseñado, repito, en 200 años de ser México un país independiente.
Por ello, en pocas líneas, diré que la verdadera resistencia indígena ya existía en Mesoamérica y esta era la que los pueblos mesoamericanos ya luchaban con los Mexicas -aztecas vencidos de Aztlán-, aunque suele hablarse de una “resistencia indígena” durante la “conquista” española, yo pienso que en realidad dicha conquista no fue una guerra de españoles contra indígenas.
El ejército conquistador de Cortés -800 hombres- o de Pizarro -1200 españoles- estaba compuesto en su inmensa mayoría por indígenas que por cientos de miles lucharon para terminar con la opresión a la que eran sujetos.
Para construir la Nueva España, los tlaxcaltecas, totonacas, huejotzincas, mixtecos y zapotecos, y otros pueblos participaron activamente contra los mexicas.
Así fue en los Andes, los huancas, cañaris, chachapoyas, etc., incluso una facción inca apoyó a Pizarro contra el poder incaico.
La conquista fue sólo posible gracias a alianzas indígenas, y no por la fuerza militar de unos pocos españoles. Por lo tanto, hablar de una “resistencia indígena” durante ese periodo es absurdo, irrisorio, ridículo y totalmente falso.
Así que, cierto es que bajo el dominio español en el continente ocurrieron varias rebeliones indígenas no sin importancia, pero nunca fueron contra España, sino contra el funcionario de turno. Tal vez la más importante de todas en Sudamérica fue la de Túpac Amaru II en Perú, pero igualmente esta rebelión fue reprimida por tropas indígenas leales a la Corona. La mayoría de los curacas y autoridades locales indígenas defendieron el orden Virreinal. Por ello, no puede hablarse tampoco de una resistencia indígena durante el periodo español, sino solo de conflictos locales y guerra civilistas entre indígenas dentro del marco virreinal.
En cambio, la verdadera resistencia indígena, entendida como una lucha colectiva y consciente contra un sistema opresor no indígena, comienza después de las independencias, desde México hasta Chile, cuando los nuevos estados republicanos dirigidos por élites criollas les expropian las tierras, los utilizan como siervos y como esclavos, o en el peor de los casos incluso ponen precio a sus cabelleras. Las autoridades indígenas pierden su poder político y jurídico que tuvieron bajo el Virreinato -la República de Indios- y en definitiva, ocurren una serie de acontecimientos que condenan a la población indígena a la pobreza y a la marginación.

En Tehuantepec se insurreccionaron los indígenas el 22 de marzo de 1660, repercutiendo en Villa Alta y Jalapa del Marqués del Valle, Don Hernán Cortés, por suerte acudió al Istmo el obispo don Antonio Cuevas Dávalos.
En este contexto, las comunidades indígenas resistieron la expansión de los Estados republicanos con guerras y levantamientos contra la pérdida de tierras, como la resistencia Mapuche hasta fines del siglo XIX, o la rebelión yaqui en el norte de México entre otras muchas rebeliones. Aquí no hubo guerra de indígenas contra indígenas, sino de criollos contra indígenas.
Surgieron además movimientos culturales para preservar las lenguas y costumbres frente a las imposiciones de los gobiernos republicanos, ya que bajo la etapa española no sólo fueron respetadas sus lenguas, sino que incluso estas se enseñaron en el sistema educativo.
Durante el siglo XX, los pueblos indígenas articularon movimientos políticos modernos, como el movimiento zapatista en México, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), o el Consejo Nacional Indígena en varios países.
Estos movimientos básicamente reclaman:
-Autonomía y reconocimiento de naciones originarias.
-Derechos territoriales y culturales.
-Justicia frente a 2 siglos de exclusión.
En definitiva, lo que reclaman era lo que tenían antes de las independencias de las naciones hispanoamericanas.
En conclusión, los problemas actuales de los pueblos originarios no surgen ni en la conquista ni en la etapa virreinal, ya que tanto en la conquista como en la etapa de tres siglos hubo una gran participación indígena para llevar a cabo la primera y mantener la segunda. El problema surge cuando los gobiernos hispanoamericanos han hecho creer a los pueblos originarios que sus problemas actuales fueron ocasionados por culpa de los españoles, cuando en realidad, sus problemas actuales se originaron precisamente cuando los españoles desaparecieron de la gobernanza.
Todo ha sucedido a partir de 1821, el México independiente no administró la herencia hispana, perdimos cuatro veces lo que era el virreinato de la nueva España y solo sabemos enfrentarnos nosotros mismos…
Oaxaca de Juárez, Oax., a 20 de octubre de 2025
JORGE BUENO.
Cronista de Oaxaca.
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la
Federación Nacional de Asociaciones
de Cronistas Mexicanos, A.C.
































