Morena, el partido que ha dominado la escena política mexicana en la última década, enfrenta una paradoja. A pesar de ser la fuerza más votada, ampliamente reconocida y con altos niveles de aprobación ciudadana, su identidad ideológica sigue generando confusión entre la ciudadanía.
De acuerdo con la más reciente encuesta publicada por El Financiero, el Movimiento de Regeneración Nacional goza de un 64% de opiniones favorables frente a un 28% de desfavorables. Sin embargo, al ser consultados sobre la orientación ideológica del partido, los resultados revelan una notable división: un 45% considera que Morena es de izquierda, un 30% lo ubica en la derecha, y un 21% lo sitúa en el centro del espectro político.
¿UN PARTIDO PROGRESISTA O CONSERVADOR?
Más allá del eje izquierda-derecha, la encuesta también muestra otras percepciones contradictorias. Mientras un 35% de los encuestados describe a Morena como un partido progresista, un 36% lo considera conservador. La tendencia se repite al analizar su estilo de gobierno: un 41% lo califica de autoritario, frente a un 34% que lo percibe como democrático.
Estos datos revelan una profunda ambigüedad en la imagen que Morena proyecta a la sociedad, a pesar de que su discurso fundacional —y el de su principal líder, Andrés Manuel López Obrador— ha sido consistentemente antineoliberal, con énfasis en la transformación pacífica y la justicia social.
UNA IDENTIDAD FUNDADA EN LA DIVERSIDAD POLÍTICA
Parte de la ambigüedad podría explicarse por el origen heterogéneo de su militancia. Morena no solo agrupa a antiguos miembros del PRD y del PT, sino que también ha incorporado figuras del PRI y del PAN, dos partidos históricamente antagónicos con el discurso de izquierda que Morena asegura representar.
Durante las elecciones presidenciales de 2024 —en las que Claudia Sheinbaum se alzó con la victoria—, el partido recibió a varios expriistas, lo que generó tensiones internas. La presidenta electa defendió estas incorporaciones asegurando que lo relevante no es “de dónde vienen”, sino “hacia dónde vamos”.
Sin embargo, este discurso inclusivo no ha logrado disipar las dudas. Para muchos observadores, la amplitud de perfiles en Morena no refleja un frente amplio, sino un acomodo pragmático de intereses que debilita la coherencia ideológica del movimiento.
LA DIVISIÓN INTERNA Y EL RETO DE 2027
La falta de una identidad clara se vuelve aún más problemática de cara a las elecciones de 2027, cuando se renovarán 17 gubernaturas. El senador Ricardo Monreal ha reconocido recientemente que Morena enfrenta una división interna, razón por la cual ha hecho un llamado urgente a la unidad.
El dilema de Morena no es menor. Si bien su popularidad permanece alta, el hecho de que una proporción significativa de la población no logre ubicar ideológicamente al partido podría erosionar su legitimidad como fuerza de transformación, sobre todo si las tensiones internas se agudizan.
ENTRE EL DISCURSO Y LA PRÁCTICA
En sus estatutos, Morena se define como un partido que lucha por la igualdad, sin jerarquías, ni privilegios. Su objetivo declarado es garantizar una vida digna para todos los mexicanos. Sin embargo, en la práctica, la incorporación de políticos de partidos adversarios, así como decisiones que a veces contradicen su ideario, generan tensiones entre sus simpatizantes y detractores.
El reto para Morena, ahora como partido en el poder presidencial y con mayoría legislativa, no solo será mantener su popularidad, sino construir una identidad ideológica más clara, sólida y coherente con los principios que proclama.
De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en un partido camaleónico que, pese a tener respaldo en las urnas, pierda su rumbo en el ejercicio del poder.







































