A pesar del discurso optimista de las autoridades sobre la reducción de delitos en la ciudad de Oaxaca, este miércoles se documentaron al menos tres robos —uno de ellos con violencia— que han generado preocupación entre la ciudadanía. Las denuncias, respaldadas por videos y testimonios difundidos en redes sociales, revelan una brecha alarmante entre las cifras oficiales y la percepción de inseguridad.
Asalto a repartidor en la colonia 7 Regiones
El primer hecho ocurrió en la colonia 7 Regiones, al norte de la ciudad. Cámaras de vigilancia captaron el momento en que dos sujetos a bordo de una motocicleta sorprendieron a un repartidor de Gas de Oaxaca por la espalda. Uno de ellos portaba un arma de fuego, con la cual golpeó al trabajador y lo despojó del dinero en efectivo. Luego huyeron con total impunidad.

La velocidad y precisión del asalto llamaron la atención. No hubo presencia policial inmediata ni seguimiento oficial posterior documentado. Este tipo de delitos contra trabajadores en vía pública se ha vuelto cada vez más frecuente, pese a los esfuerzos institucionales por mostrar lo contrario.
Robo de motocicleta en pleno centro histórico
Por otra parte, otro acto delictivo fue captado por cámaras de seguridad en la calle García Vigil, en pleno centro histórico. Un sujeto vestido de negro llegó caminando al lugar donde estaban estacionadas varias motos. Con total calma, desactivó el seguro de una motoneta usando el pie, se subió a ella y escapó sin mayores dificultades.

La víctima, al difundir el video del robo, pidió apoyo ciudadano con un mensaje claro:
“La afectada pide apoyo para difundir imágenes del delincuente, ya que la unidad de motor es su medio de transporte para el trabajo y la escuela.”
Este tipo de robos no solo representa una pérdida económica significativa, sino que afecta directamente la movilidad y el sustento de las víctimas, muchas de ellas trabajadoras o estudiantes.
Cristalazo en Jalatlaco: víctimas relatan patrón delictivo
El tercer robo ocurrió la misma noche en el tradicional barrio de Jalatlaco. Delincuentes “cristalearon” un automóvil negro estacionado, es decir, rompieron los cristales para robar pertenencias del interior. Aunque los objetos de valor estaban guardados en la cajuela, los ladrones accedieron a través del habitáculo, mostrando conocimiento previo del contenido y posiblemente una vigilancia previa.
El testimonio del afectado ilustra la dimensión del problema:

“Banda, anoche fui al béisbol y me cristalearon, también a otros dos carros en el periférico… Al parecer es una banda que anda haciendo ese desmadre. Para que tengan cuidado.”
Y advierte:
“Rompen la ventanita de la puerta llamada aleta, abaten el asiento trasero… A mí me llevaron una mochila con libros de texto, pero al amigo con el que platiqué, una computadora y una tableta.”
Según el relato, varios casos similares han ocurrido en fechas recientes durante partidos de béisbol, lo que sugiere un patrón delictivo que no ha sido enfrentado eficazmente.
Crítica ciudadana frente al silencio oficial
Estos tres casos, documentados el mismo día y en distintas zonas de la ciudad, cuestionan directamente el discurso triunfalista de las autoridades locales. Mientras se anuncian reducciones en la incidencia delictiva “con bombo y platillo”, como señalan vecinos en redes, los robos continúan afectando con violencia e impunidad a la población.
La falta de presencia policial, la impunidad de los agresores y la reiteración de patrones delictivos específicos alimentan la percepción de que las instituciones de seguridad están rebasadas o descoordinadas.
¿Seguridad para quién? Una brecha que exige atención
La ciudadanía exige respuestas concretas, no solo estadísticas. Casos como los aquí relatados reflejan no hechos aislados, sino síntomas de una problemática estructural: la inseguridad cotidiana que contradice los informes oficiales.
Finalmente, el llamado de las víctimas es claro: no basta con discursos. Se necesitan resultados tangibles, prevención efectiva y, sobre todo, justicia.







































