Los centros comerciales y las tiendas departamentales están cerrados.
Igual cosa sucede con los lugares de esparcimiento y restaurantes, lo cual lleva a mucha gente al “surménage” en francés, o en simple español a la depresión, porque no pueden comprar y menos deben salir a divertirse.
Sin embargo, la gente joven compra por internet, muchos adultos se divierten en casa con la computadora en donde se encuentran juegos, canciones y textos de todo tipo. Y por lo que se refiere a restaurantes, bueno, existen muchos desde donde envían a domicilio los alimentos y eso es parte de la nueva normalidad.
He tenido necesidad de varios productos, entre crema de rasurar, un libro muy escaso y otras lindezas. Mis nietas que son geniales para manejar el celular, me hacen los pedidos por internet, ꟷque por cierto llegan con una puntualidad asombrosaꟷ con cargo a la tarjeta de crédito, lo cual me sorprende y no solo eso, sino que me deslumbra.
Para pagar la tarjeta igual, puedo, con la ayuda mencionada, situar la cuenta respectiva y que me carguen el precio y sea descontado de una chequera. Todo sin salir de casa.
Además, he ahorrado en los precios que muchas veces son más baratos al comprarse como menciono y he dejado de gastar sobre todo en gasolina.
En esta transitoriedad de meses por la pandemia, no dejo de reconocer que estamos en medio de una recesión que nos llevará a una caída del PIB, cosa del ocho por ciento, lo que será muy perjudicial para la economía nacional.
A pesar de todo no dejo de admirar tales sistemas, que hace años parecerían cuentos de hadas o de chinos, como usted prefiera, pero que se están instalando en las costumbres ciudadanas y van a ser difíciles de erradicar, porque amigo lector, querida lectora, prefiero comprar así mediante un catálogo muy completo, que acudir a las “baratas” siempre congestionada. Es más, hace unos minutos antes de escribir, una tienda departamental anuncia una barata de cosa del treinta por ciento en toda la mercancía donde las personas pueden recoger su pedido en su propio automóvil. Si eso no es un cambio y entrada a una nueva normalidad, entonces no sé a qué se refiera la moderna frase de marras.
Como diversión juego ajedrez o backgammon con personas al otro lado del mundo, amén de juegos muy divertidos en mi PC, y claro, leo y escribo; por eso creo que cuando se termine la pandemia, me será difícil cambiar de los nuevos hábitos a los antiguos.
Yo también soy pueblo.
Por allí nos encontraremos.
































