Bueno queridos lectores, pasó la Cuaresma y la Semana Santa y ésta, sin actos litúrgicos católicos como es tradicional.
En verdad que echamos de menos todas esas costumbres tales como la visita a las siete casas en compañía de la amada, la procesión del silencio y otras que, o se disfrutaban o se sentían con la fe de los creyentes.
Así las cosas, la realidad se impone y la mitad de la población mundial se encierra en aislamiento voluntario, en casa, para evitar la propagación del virus. Y aún en casa conservamos la sana distancia y evitamos los abrazos y besos familiares.
Si acaso saludamos con mano en el pecho y acaso el saludo musulmán pero nada más.
Este “sacrificio” es necesario para derrotar al coronavirus, para que en algunos meses volvamos a la normalidad.
Lo cierto, según los especialistas, es que estamos en un crucial mes de abril y mucho dependerá de nosotros el ser contagiados con un fundamental acto.
Repito, quedarse en casa.
¿Cuánto tiempo? No lo sé, nadie lo sabe, pero es actitud indispensable. Así las cosas.
Me he puesto a pensar, que si los japoneses cancelaron los Juegos Olímpicos de este nefasto año, quizás solo posiblemente, nosotros los oaxaqueños tendremos que cancelar la Guelaguetza del mes de julio.
Sí, estamos casi a tres meses de la primera fecha y las posibilidades de tal cancelación aumentan día con día, porque si lo vemos con seriedad, en ese mes estaremos o en lo más alto de la curva de contagios, o quizás en la curva descendente.
El tiempo lo dirá.
Yo también soy pueblo.
Por allí nos encontraremos.


































