A sus 16 años, en 1958, Cristóbal Domínguez y Morales se convirtió en uno de los cuatro creadores de la corona de la Virgen de la Soledad, una figura católica que cada 18 de diciembre se celebra en la ciudad de Oaxaca. Décadas después, con un largo camino en la orfebrería y apoyado de su hija Crisantema, volvería a crear tan valioso elemento para la considerada patrona de los oaxaqueños. Y lo haría, en 1999, para ayudar a que la imagen recuperara el símbolo, pues la corona anterior había sido robada en 1991.
“Yo me basé en hacer la corona parecida a la que habían robado”, cuenta el orfebre de 77 años de edad, quien en la primera ocasión compartió créditos con su maestro Jorge Vargas, así como con Manuel Aquino, Fausto Vargas y José María Ortiz (este último responsable del diseño y coordinador de la obra).
Para la segunda corona, Cristóbal Domínguez y Crisantema Domínguez Vasconcelos trabajaron cuatro meses y medio. “Para mi hija y para mí fue una admiración que haya sido tan rápido porque con la anterior tardamos entre ocho y 10 meses”, detalla el joyero que como estas coronas ha hecho otras piezas para fines litúrgicos. Por ejemplo, para la Virgen de los Remedios, de Santiago Jamiltepec (región Costa).
Así como en la creación de 1958, realizada para conmemorar los 50 años de la coronación de la imagen, la última y actual corona de la virgen contó con aportaciones de la feligresía. El arzobispo Héctor Martínez, recuerda Cristóbal, dio la cruz que se observa en la pieza.
El ser autores de la obra con que este día se celebra a la virgen representa un gran orgullo, ya que Cristóbal y Crisantema son grandes creyentes de esta advocación. En su caso, Crisantema también reconoce la oportunidad lograda gracias a que aprendió el oficio de su padre, y por el que ahora le sucede como docente en la escuela municipal de artes y oficios de Oaxaca de Juárez.
La disminución en los encargos de antaño han bajado, pero ambos comentan que aun en este contexto siguen viviendo del oficio, e incluso compartiendo las enseñanzas con otras generaciones. Y a las coronas de la virgen por la que en 2020 se cumplen 400 años de su presencia en la ciudad, ambos han desarrollado más piezas vinculadas a la fe católica.
Por encargo del párroco Ignacio Cervantes, Cristóbal hizo una cruz de Yalálag que se obsequió al papa Juan Pablo II, así como otras joyas de ese tipo para particulares y un teponascle que las autoridades del estado regalaron al músico Diego Innes. En tanto, Crisantema ha creado un resplandor para la virgen de un amigo, así como una corona para una virgen de Juquila.
Un oficio que decae
Para Cristóbal, sí existe interés en la orfebrería. Sin embargo, lo que atenta contra este oficio es el costo de la materia prima, principalmente del oro y la plata. A eso, su hija suma el cambio de modalidad en la enseñanza en la escuela, pues de ser gratuita ahora es bajo una mensualidad, la que aunque sea relativamente baja impacta en los bolsillos de quienes tienen que hacerse de sus materiales y los metales para crear las piezas.
“Los alumnos se desaniman por el costo muy elevado de las cosas y porque ahora hay (que pagar) mensualidad en la escuela”, ahonda.
De parte de quienes adquieren o se interesan en comprar joyería de este origen, también ha bajado la demanda, reconocen los orfebres, quienes relacionan esta baja respuesta ante el aumento en la inseguridad y el robo de las pertenencias.
“Por la edad y mi vista, ya me es un poco difícil (trabajar la joyería), pero del trabajo de oro a la plata, tenemos que seguir con esta. La genta ha cambiado de los aretes y cadenas de oro ahora usa los de plata”, comparte Cristóbal, quien en sus inicios y por varios años creó piezas de tipo regional en oro: aretes gusano, arracadas en forma de “M”, anillos cincelados a mano, entre otros. Ahora, quizá en menor medida, los siguen produciendo en el taller familiar, pero con plata.










































