El arzobispo de la Arquidiócesis de Antequera, Pedro Vásquez Villalobos, pidió a los maestros que este lunes abran las escuelas y los salones para que estén frente a los alumnos transmitiendo sus enseñanzas.
Esto a propósito del regreso a clases por la culminación del periodo vacacional de primavera que llegó con la Semana Santa.
Después de hablar del segundo domingo de Pascua dijo: “Pidamos por nuestros maestros, por todos nuestros niños, adolescentes y jóvenes que están en las escuelas y universidades para que disfruten y gocen aprendiendo”.
Al acabarse las vacaciones, el arzobispo esperó que con alegría y gozo regresen a la escuela todos los estudiantes porque deben aprender a prepararse en la ciencia y a convivir.
“Regrese con gozo a la escuela. Mamás, papás a levantarse más temprano y esfuércese por sus hijos, llegará el momento que les agradezcan cuando sean profesionistas”, señaló.
A los turistas que visitaron a Oaxaca, monseñor les recomendó regresar de nuevo a esta entidad.
“Que regresen felices a sus casas y que hayan disfrutado de las ciudades y de nuestros pueblos. Que se vayan con la alegría de la hermosura que encontraron y Dios los proteja en su camino para ir al trabajo de nuevo”, externó.
En tanto, por el segundo Domingo de Pascua que también se instruyó como día de la Divina Misericordia, el purpurado convocó a los católicos en tomar a Dios como guía.
Insistió en la confesión como forma de encontrarse con la divina misericordia. “Nuestro señor habló de nosotros hace cerca de 2 mil años cuando a los ocho días de resucitado se comunicó con los apóstoles y le mostró las manos y el costado a Tomás”.
A los católicos pidió no ser incrédulos como el apóstol y creer en el resucitado sin haberlo visto: “escúchelo en sus oídos y guárdelo en su corazón, que no necesite de pruebas para creer”.
Externó que para alcanzar las bendiciones y los milagros no hay que dudar de la existencia de Jesús y de que es hijo de Dios, poniendo una gran fe en él.
Así, monseñor suplicó a los católicos no dudar de la fe de Dios para tener paz y reconciliación desde el interior después de dar el perdón de corazón al hermano que ha ofendido.






































