Nada ofende más al oaxaqueño de buena fe que lo traten de sorprender o engañar; que le ofrezcan sin cumplir o le vean la cara. Como lo mencionamos el pasado domingo en nuestra portada, existe un sinfín de obras que fueron pagadas por la Secretaría de Finanzas, pero nunca se llevaron a cabo. Muros de contención, pequeñas obras de agua potable y alcantarillado, etc. Como este caso, en el Istmo de Tehuantepec quedaron materialmente arrumbadas cientos de obras de reconstrucción. Las empresas locales y foráneas simplemente no cumplieron. Los sismos de septiembre de 2017, así como la tragedia que trajeron consigo las intensas lluvias de ese año, fueron una especie de botín para muchos. Se sabe por ejemplo que luego del derrumbe de miles de viviendas en la zona de Juchitán de Zaragoza y Asunción Ixtaltepec, por mencionar solamente dos comunidades, los propios funcionarios del gobierno estatal habrían contratado ex profeso maquinaria para remover los escombros a un costo elevadísimo. Es más, mucho se comentó que la misma ex titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), con sus alfiles locales, habría traído sus propias constructoras.
En administraciones pasadas, salvo en obras sanitarias que pasaron sin tocar baranda, esto no ocurría. En principio porque antes de liquidar los adeudos finales por obras a los contratistas, la Secretaría de la Contraloría enviaba a supervisores a comprobar que la obra estuviera terminada y que la misma cumpliera con los estándares de calidad ofrecidos en la licitación. La Secretaría de Finanzas que era la que finalmente pagaba los adeudos, debería tener ya validada la obra para poder emitir el cheque de finiquito. Sin embargo, en los últimos años ha habido un relajamiento brutal de la norma que rige la obra pública. Se paga sin saber qué se hizo y cómo se hizo. Ahí subyace la responsabilidad institucional que valida obras de mala calidad y que, al poco tiempo de haberse concluido, muestran las huellas de la abulia y la irresponsabilidad, como el uso de materiales de baja calidad o fuera de las exigencias para hacer una obra duradera. Sin duda alguna, hay mucho qué revisar, qué supervisar y posteriormente, sancionar a los responsables, en este mal uso de los recursos públicos. Pero no más obras fantasma, producto de la corrupción y la impunidad.
Así se recibe al turismo
En al menos cuatro días la capital oaxaqueña estará recibiendo a miles de visitantes del país y el extranjero que llegan con motivo de las vacaciones de primavera o Semana Santa. Muchos de dichos visitantes llegan con la sana convicción de conocer nuestra arquitectura novohispana, costumbres, tradiciones, pero sobre todo, la magnificencia de una ciudad catalogada por algunas publicaciones como Travel&Leisure, como una de las más bellas del mundo, además, reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural de la Humanidad, desde 1987. En sentido contrario a lo que hacen las autoridades de otras ciudades, también en el radar de las más atractivas desde el punto de vista del turismo, aquí la abulia, el desinterés y la apatía se han enquistado. La ciudad luce descuidada, con síntomas de abandono y suciedad. El Centro Histórico, el sitio emblemático de toda capital con arquitectura o vestigios históricos, luce en completa anarquía. Se ha convertido en refugio de alcohólicos e indigentes; de comerciantes en la vía pública; de indígenas que haciendo gala de medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se han apropiado de los espacios públicos.
Muchas calles, incluyendo las entradas de la ciudad también reflejan el abandono oficial. Céntricas avenidas convertidas en tianguis. Obras que se quedaron a medias, falta de señalización y de vigilancia. Por si ello no fuera suficiente, también la inseguridad fustiga a propios y extraños. Los cristalazos, el robo de auto-partes, los asaltos a cuenta-habientes afuera de los bancos y a negociaciones están a la orden del día. Pero pese a las denuncias en redes sociales, a las quejas ante las autoridades, nada se hace. Y es que una de las áreas más desprotegidas desde el punto de vista presupuestal es Seguridad Pública. ¿Cómo se explica que haya agencias municipales como Donají o Dolores, en donde sólo una o dos patrullas hacen los rondines a ciertas horas del día, mientras que en la noche la ciudadanía está en total indefensión? No se trata por supuesto de que una nueva administración municipal sea la panacea que sirva para curar todos los males que lleva arrastrando la capital, sino de hacer una agenda de prioridades y enfocarse hacia ellas. Pero sobre todo, atender ciertos rubros de los que viven miles de citadinos, como es el caso del turismo.

































