Una gran controversia nacional se ha desatado a raíz de la carta que el presidente Andrés Manuel López Obrador, envió a Su Majestad el Rey Felipe VI de España, para exigirle ofrecer una disculpa al pueblo de México por los abusos y atropellos cometidos por los conquistadores en contra de la población indígena, durante la Conquista. Le propone trabajar de manera conjunta una agenda para que en el 2021, en que se conmemoran los 500 años de la llegada de Hernán Cortés a Tenochtitlán, el Reino de España reconozca públicamente los agravios cometidos a los indígenas. Se trata de un hecho inédito que trastoca por completo la buena relación que ha habido entre los dos países, además de que pone en tela de juicio la actitud del presidente de México, de sacar del fondo de la historia viejos agravios ya superados. La crítica del pueblo mexicano y el escarnio público, con ironía y bajeza, se han volcado sobre López Obrador, quien por supuesto desconoce la historia e investido del poder que le dieron 30 millones de mexicanos que votaron por él, ha asumido una actitud pendenciera y de descalificar a todo aquel que no comulgue con su manera de pensar, es decir, emulando una vulgar dictadura.
Aunque muchos de sus corifeos aplauden dicha torpeza, hay luces y señales que muestran que a lo largo de la historia –ésta registra 1836- como la fecha en que España ofreció disculpas por las atrocidades cometidas. Negar la relación que hubo si bien violenta y el producto de ella, el mestizaje, es darle la espalda a la historia y darle la vuelta a la gran contribución que trajo el fenómeno de la Conquista, la Evangelización y el desarrollo de una cultura híbrida, el sincretismo religioso y otros, que nos dieron a los mexicanos y a los pueblos latinoamericanos, una identidad única: indígena e hispana. Es negar asimismo, cuando México le abrió las puertas al exilio español en los años treinta del siglo XX, que permitió a muchos mexicanos abrevar de la sabiduría de tantos filósofos y sociólogos que hicieron de México su patria. Sacar del cajón de los agravios una remembranza para alentar un nacionalismo o populismo trasnochado, que nada tiene que ver con el mundo global, es fingir una falsa redención al indígena mexicano que, aunque se diga lo contrario, ha sido un extranjero, humillado y vilipendiado en su propia Patria. AMLO sigue tropezándose cada vez más, asumiendo que el país vive con encono, deseo de venganza y odio, gracias a los discursos incendiarios de campaña. El presidente se sigue extraviando en una serie de desaciertos que pueden llevar a México al abismo. Al tiempo.
CATEM y Libertad: ¿Quién los protege?
El sábado pasado, 23 de marzo, se dieron hechos violentos propiciados por transportistas afiliados al Sindicato Libertad, liderados por René Balderas y sus similares del Sindicato Libertad. No es la primera vez que ambas organizaciones ligadas al transporte concesionado dan la nota. Hace tres semanas un enfrentamiento entre ambos trajo consigo la muerte de un joven, que falleció luego de ser baleado al encontrarse en medio de la disputa de un predio en las riberas del Río Atoyac. Hubo ocho detenidos que jamás fueron presentados ante el Ministerio Público pues la Fiscalía General del Estado afirmó que eran víctimas. Las redes sociales se dieron vuelo para denunciar esa irregularidad o la complicidad de las autoridades con alguno de los sindicatos mencionados. Es evidente que quien se observa que cuenta con el apoyo incondicional de las autoridades estatales, es la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), la organización sindical a la que materialmente le han limpiado el camino para enquistarse en Oaxaca. Pero tampoco Libertad está en la orfandad, si le permiten hacer esa serie de atropellos que ha llevado a cabo a la fecha, lo que implica que tiene padrino y protector.
Entre ambos gremios y la delincuencia organizada hay poca diferencia. Parecieran ser los mismos. Sus acciones rayan en lo delictivo y no en lo puramente gremial. Hay que ver cómo salen a relucir armas de fuego y hechos violentos para darse cuenta que aquello que está en juego no son sólo los contratos para acarreo de materiales pétreos o los pasajeros, sino algo más rentable. Pero las autoridades, particularmente a la Secretaría de Movilidad y Transporte (SEMOVI), hacen caso omiso de los problemas y siguen tolerando que la violencia entre dichos sindicatos siga poniendo a la ciudadanía contra la pared. Lo que menos importa, al parecer, es que ya no sea cada mes, sino cada semana en que estos delincuentes hagan de las suyas aterrorizando a la ciudadanía que tiene que ser testigo de los constantes enfrentamientos. La ciudadanía se ha cansado de exigir a un gobierno apático y timorato, acciones enérgicas para acotar, regular y sancionar a todas aquellas organizaciones o sindicatos que trastocan la paz social y la gobernabilidad con acciones de violencia y criminalidad. Nada ha ocurrido y dichos hechos están creciendo más cada día.

































