La semana anterior dos jóvenes, por cierto, elementos de la Policía Auxiliar Bancaria, Industrial y Comercial (PABIC) fallecieron de manera instantánea al derrapar su motocicleta en el Cerro de El Fortín e impactarse con un automóvil compacto. Se trata de un tramo sinuoso y sumamente peligroso que muchas veces es tomado como una vía de alta velocidad, sin que sea ello. Es más, ante la falta de vigilancia de la Policía Vial, cada quien toma los cuatro carriles a su particular arbitrio. No es la primera vez que ocurre un accidente mortal. Ya son varios, al igual que la Avenida Universidad tomada a veces como pista de carreras de mozalbetes que, en algunas ocasiones, han terminado su loca carrera impactados en alguna pared o automóvil. Por fortuna la Calzada Porfirio Díaz dejó de ser objeto de arrancones y carreras de motocicletas que la tomaban como pista los fines de semana. Es importante subrayar que las carreras de autos no terminan ni siquiera cuando se pone en operación el operativo del alcoholímetro y en su mayoría son jóvenes hijos de familia, a quienes se les hace fácil incurrir en violaciones a la ley o ser detenidos para luego liberarlos.
La nula vigilancia de las corporaciones competentes hace que vehículos que no son autorizados para ello, circulen por libramientos o carreteras de cuatro carriles. Por ejemplo, en el citado Cerro de “El Fortín”, usuarios de las redes sociales han denunciado la circulación de vehículos de doble remolque o moto-taxis. Nada se sabe de operativos para inhibir los excesos de velocidad o a conducir con mesura de parte de las autoridades. Por ello, los accidentes son constantes. Incluso, tampoco hay algún programa vial que invite a la ciudadanía a utilizar los puentes peatonales y no arriesgar su vida atravesando carreteras o el arroyo vehicular. En los cuatro carriles de la referida vía la gente lo sigue haciendo como si nada ocurriera. Los aprensivos agentes de vialidad municipal sólo se dedican a vigilar zonas de tráfico intenso para lograr infracciones, quitar placas de circulación o buscar el clásico soborno. He ahí el por qué, pese al daño que causa a diario, no se inhibe la práctica de la doble fila, que es común a la salida de las escuelas de nivel básico. Hay pues una agenda que obligadamente debe atender el área de Seguridad, Transporte y Vialidad del ayuntamiento de la ciudad de Oaxaca, la cual no puede ser postergada de manera definitiva.
Municipios en conflicto
A raíz del lamentable asesinato del presidente municipal de la Heroica Ciudad de Tlaxiaco, Alejandro Aparicio Santiago y del Síndico Municipal, Perfecto Hernández, el pasado primero de enero, el Cabildo se convirtió en un perpetuo jaloneo y conflicto interno. El Instituto Estatal y de Participación Ciudadana (IEEPCO), entregó la constancia que acredita al suplente del malogrado presidente Aparicio, Gaudencio Ortiz Cruz, como presidente municipal. Sin embargo, un grupo minoritario de regidores, inclusive emanados del mismo partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) se oponen a que el citado suplente asuma las funciones de edil. Existe pues una resistencia atípica para negar un derecho que la ley mandata en torno a los suplentes. El caso es que Tlaxiaco no tiene aún presidente municipal y dicha población está pues acéfala de autoridad. Pese al respaldo que ha tenido Ortiz Cruz tanto de parte de las autoridades como de la población, no ha podido tomar posesión para ejercer el cargo. Lo que se advierte aquí es un manipuleo insano de algunos actores políticos, para allanar el camino a la designación de un administrador municipal a modo.
Otro de los municipios que viven un conflicto permanente es San Dionisio del Mar. De nada sirvió el trabajo que realizaron las autoridades electorales para llevar a cabo elecciones, si las mismas no se pudieron realizar por el clima de violencia que generó la llamada Asamblea Popular Comunitaria de San Dionisio, vinculada con personajes non gratos a la opinión pública oaxaqueña, como Flavio Sosa y su operador, César Mateos Benítez, quienes se han ido metiendo en la comunidad con una organización denominada COMUNA. Son pues, al igual que Tlaxiaco, factores externos a la misma comunidad los que influyen para tener a la misma en la indefinición política y en vilo. Siempre hemos opinado que deben ser la autodeterminación de las comunidades lo que debe marcar la pauta para la toma de decisiones. Si lo que se trata es de pervertir la ley, que quien lo haga que se atenga a sus consecuencias. La negativa a que Ortiz Cruz asuma la presidencia municipal en Tlaxiaco puede tener vertientes que lleven a dar con los autores intelectuales de Aparicio Santiago, pues en política nada es fortuito. No es de a gratis que le estén negando lo que las mismas autoridades electorales han decidido. Por ahí se puede ir desenredando la hebra y dar con los móviles del crimen.
































