La inseguridad se ha recrudecido en la capital oaxaqueña y la zona conurbada. Los asaltos a cuenta-habientes que salen de los bancos con ciertas cantidades es el botín preferido de los maleantes, ilícito que no fuera posible sin la complicidad de algunos deshonestos empleados bancarios. Inclusive, han circulado videos de sujetos provistos de gorras que merodean algunas sucursales y amenazan antes de despojar de sus bienes a las personas. Han vuelto asimismo, los asaltos en camiones de servicio urbano. Los delincuentes no sólo despojan a los operadores de la cuenta del día sino asimismo se lanzan contra los pasajeros a quienes roban carteras, bolsos y celulares. Por otro lado, tampoco han disminuido los asaltos al interior y exterior de los principales mercados de la ciudad, ahí hay personas que son despojadas de prendas suntuarias como aretes o relojes, sin que ni mercaderes ni policías intervengan, haciendo presumir una velada complicidad. He ahí el por qué cuando han sido descubiertos por personas que no participan en dichas complicidades, los delincuentes son detenidos y hasta se han dado intentos de linchamiento. Fotografías de raterillos atados a mallas de metal o amarrados con cuerdas se han vuelto algo común.
Es importante recordar que después de los disturbios del 2006, la ciudad capital dejó de ser un sitio seguro. Habitantes de colonias, ya sean de la periferia de la ciudad o del centro, colgaron mantas con advertencias a quienes asaltan casas o negocios. En algunas los mensajes eran inequívocos: “ladrón, te estamos vigilando, si te atrapamos te vamos a linchar”. Es más, en algunas colonias se usaron silbatos de alarma. Todo ello, desde luego, se ha hecho sin la participación de las autoridades, menos de las policíacas, sino por iniciativa de la sociedad civil y de ciudadanos hartos con la inseguridad. Se entiende que el gobierno de la ciudad no cuenta con suficientes elementos para combatir dicho flagelo ni los instrumentos obligados para hacer frente a los delincuentes que operan en diversos rumbos de la ciudad. No obstante, tampoco se puede desentender de los atributos que la ley le pone en las manos, como es la salvaguarda de la seguridad ciudadana. Ésta se fortalece con la corresponsabilidad de autoridades y ciudadanos, pues tampoco éstos esperan maravillas de las primeras. Las autoridades pues, jamás deben ser omisas en las tareas que le competen como tales.
La indolencia ciudadana
Las redes sociales se han convertido no sólo en instrumento de descrédito y denuesto, sino asimismo de escarnio público. Es impresionante la cantidad de figuras caricaturescas y memes alusivos a la explosión del pasado viernes en Tlahuelilpan, Hidalgo, haciendo de la muerte de cerca de 80 personas, la burla cotidiana, han circulado desde el mismo día. El baile del huachicolero como fue bautizado uno de ellos, muestras figuras humanas ardiendo como piras. Pero hay muchos más. Los videos que circularon y dan cuenta en vivo de la situación son en realidad dantescos. Gritos, llamados de auxilio y la muerte rondando a quienes de manera desafortunada se quemaron vivos, no son motivo de bromas ni de risas. Si bien es cierto que nadie está a salvo de una tragedia como la que hoy padecen algunas comunidades hidalguenses, deben por el contrario, servir de lección para aquellos que han hecho del robo de combustibles o la perforación de ductos un boyante negocio. Vale la pena decir que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dado una lucha frontal en contra de este ilícito, para restituir a la Nación parte de lo que bandas de cuello negro y blanco le han robado.
No obstante, pese a ser ésta la tercera semana que se decretó la lucha en contra del huachicoleo, no se sabe de personas detenidas o consignadas ante el juez por dicho delito. Ha trascendido que existen nombres, muchos nombres de quienes encabezaban el robo desde las entrañas mismas de la paraestatal, pero tampoco han sido consignadas. Y es evidente que lo mantienen en suspenso para no generar ni expectativas falsas ni propiciar que los indiciados huyan del país. Ahí sí, bien vale la pena ridiculizarlos, como al mismo dirigente nacional del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), Carlos Romero Deschapms, uno de los ejes de la cadena de complicidades y corruptelas que han dado al traste con la quiebra económica de la industria petrolera del país. Es el reverso de la medalla de mucha gente pobre y sin recursos que ingenuamente quiso adquirir gasolina del ducto perforado de manera ilegal y que pasó a mejor vida, en la fatal explosión. Si bien es cierto que la cruzada contra el robo de combustible, el gobierno federal ha tenido el apoyo unánime de la sociedad, éste será completo cuando se muestren en los medios de comunicación a los responsables de dicho ilícito y quienes sirvieron de cómplices.
































