Como ocurría antaño, la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador, la semana pasada a Oaxaca, en una gira de tres días, dejó igual que antes, una buena bolsa de recursos y muy buenas expectativas. Por ejemplo, el San Juan Evangelista Analco, comunidad enclavada en la Sierra Norte, el presidente puso en marcha el Programa de Pavimentación de Caminos Rurales, que suman 300 en todo el país y que en Oaxaca habrán de beneficiar a decenas de poblaciones, pues se habrán de construir al menos 685 kilómetros, con una inversión de 2 mil 230 millones de pesos. Para ello, se habrán de crear comités comunitarios responsables de vigilar la ejecución de los mismos, los cuales estarán asesorados de manera técnica por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). Esto fue lo que dijo el titular de dicha dependencia, Javier Jiménez Espriú. Lo que llama la atención aquí es que los recursos van directos a las presidencias municipales, sin intermediarios y sin el lastre de las organizaciones sociales cuyos dirigentes se quedan con la mayor parte de los recursos destinados. Ello significa que quienes pervivían de exigir caminos y obras para las comunidades más pobres, han quedado sin banderas que enarbolar.
El primer día AMLO puso en marcha el Programa para los Pueblos Indígenas, que representa asimismo una importante bolsa de recursos. Se advierte pues una política de apoyo a Oaxaca que el gobernador Alejandro Murat tiene que aprovechar sin tanta alharaca. En la región del Istmo de Tehuantepec, ha quedado claro que el proyecto del tren Salina Cruz-Coatzacoalcos va. Se trata, como ya hemos dicho en ocasiones anteriores, de un viejo anhelo de los istmeños y los oaxaqueños en general. La unión de dos océanos por la parte más angosta del país es además, un proyecto que representa un boom económico, dado que las mercancías que en otras circunstancias tendrían que dar la vuelta por el Canal de Panamá para ir del Océano Atlántico al Pacífico, lo pueden hacer por vía terrestre, dejando en pago de impuestos, aduanas y transporte, una importante derrama tanto para el país como para el estado. En el lado del petróleo, también significa un pivote para el desarrollo regional y un aliciente económico que a la fecha no hemos cuantificado. Sólo falta que los grupos que han vivido de lucrar torpedeando este tipo de proyectos, dejen que Oaxaca camine hacia otros estadíos de desarrollo.
Urge promoción
La Secretaría de Turismo (SECTUR) estimó para esta temporada vacacional decembrina, una afluencia estimada de 300 mil visitantes, tanto en la capital oaxaqueña como en nuestros destinos de playa, Huatulco y Puerto Escondido. La derrama económica también se estimó en poco más de mil 200 millones de pesos. Si bien es cierto que toda comparación es mala, como dice la conseja popular, también es cierto que estimula. Otros destinos con menor atractivo y sin estar en el ánimo de los turistas del país o el extranjero, llegan a duplicar o triplicar la afluencia turística. Por ejemplo, la bella ciudad de Campeche puede no tener mayor atractivo que su casco histórico colonial, así como su muralla. Sin embargo, hay de parte del gobierno estatal una promoción constante en televisión y revistas especializadas. De Oaxaca poco se sabe de promoción más que ciertas temporadas como las fiestas de julio y nada más. Otro ejemplo de la poca importancia que se le otorga al sector turismo se dio en los festejos tradicionales del mes de diciembre, como La Noche de Rábanos y otros. El turismo religioso, el que llega a Juquila, supera en mucho al tradicional, que busca los destinos de playa o los sitios culturales.
Se habla mucho por ejemplo de la conectividad aérea, lo cual es bueno. Más vuelos implican más oportunidades para los viajeros que desean visitar el estado. Se han incrementado los vuelos tanto a Oaxaca como a los destinos de playa citados, e inclusive al aeropuerto de Ciudad Ixtepec. No obstante, las tarifas son demasiados caras y los pasajeros están supeditados a las políticas de las empresas aéreas que, a la menor provocación cancelan vuelos o las demoras se convierten en un suplicio, sin tener derecho a reembolsos o reposición del viaje. El turismo que llega por carretera se encuentra a menudo atribulado por bloqueos o toma de casetas, sin que autoridad alguna ponga el remedio. Además, es sabido de todos, el mal estado de nuestras carreteras que inhibe el tránsito del turismo. En su pasada comparecencia ante la comisión legislativa correspondiente, como lo mencionamos hace unos días, el titular puso sobre la mesa otro de los obstáculos: la inseguridad. Los asaltos carreteros, sobre todo en vías solitarias como las carreteras Oaxaca-Pochutla o Oaxaca-Puerto Escondido y aún la Oaxaca-Cuacnopalan, se han convertido en el botín preferido de facinerosos y cuatreros.
































