Fe, música, danza, gastronomía y tradición se conjugaron durante la festividad en honor a San Luis Rey de Francia, santo patrón de San Luis Amatlán, comunidad de la Sierra Sur de Oaxaca que, del 15 al 25 de agosto, abrió sus puertas a habitantes de agencias, pueblos vecinos y visitantes.
Fundada en el siglo XVI y perteneciente al distrito de Miahuatlán de Porfirio Díaz, esta población conserva diversas historias vinculadas con sus orígenes y con la presencia de quienes dedicaron su vida a servir a la iglesia y a la comunidad. Sin embargo, es durante su fiesta patronal cuando esas raíces cobran especial fuerza y se expresan en las calles, el templo y los espacios de convivencia.
Las actividades comenzaron con la tradicional calenda floral, que dio paso a una celebración marcada por la participación de familias y visitantes. Uno de los atractivos fue la feria del mezcal artesanal, en la que productores de San Luis Amatlán, San Isidro Guishe y agencias aledañas ofrecieron sus distintas variedades, convirtiendo esta bebida en uno de los protagonistas de la festividad.
La música también ocupó un lugar importante con presentaciones y bailes amenizados por agrupaciones como Los Caudillos, Los Vatos del Rancho, Los Reyes del Sureste y Virgilio Díaz, además de la participación de Divina Sensación, una joven agrupación integrada por cinco jovencitas y un niño, todos menores de 16 años, que mostraron el talento de las nuevas generaciones.

En el ámbito cultural, los telebachilleratos invitados presentaron bailables como los Sones de Betaza, estampas de Sonora y el tradicional Palomo y la Paloma, una expresión dancística que sus habitantes consideran parte fundamental de su identidad y que, aseguran, posee características propias que la distinguen de otras representaciones conocidas en Oaxaca.
También destacó la participación de habitantes de El Palmar, quienes portaron con orgullo su indumentaria tradicional y evocaron, mediante su presencia, la memoria de las batallas en las que sus antepasados participaron junto al general Porfirio Díaz.
La dimensión religiosa tuvo uno de sus momentos más significativos cuando la imagen de San Luis Rey de Francia fue bajada de su pedestal para acercarla a los devotos, quienes acudieron al templo para agradecer y pedir su bendición. Desde las novenas, la iglesia fue adornada con flores y elementos preparados por los habitantes para recibir al santo patrón.
Como parte de la hospitalidad de la comunidad, durante la celebración se instaló un comedor comunitario para ofrecer alimentos a quienes llegaron a disfrutar de la fiesta. Los visitantes pudieron compartir la mesa y degustar diferentes guisados, en una muestra de la tradición de recibir a quienes llegan a San Luis Amatlán.

La noche previa al día principal estuvo marcada por los fuegos artificiales, los toritos y el tradicional castillo, espectáculo que reunió a numerosas familias y que también fue registrado en teléfonos celulares para conservar y compartir el recuerdo con quienes no pudieron asistir.
El día principal congregó a habitantes de las agencias y comunidades cercanas para disfrutar de las finales de básquetbol femenil y varonil, así como del tradicional jaripeo, en el que participaron 25 jinetes que demostraron sus habilidades frente a los toros. Antes de comenzar, se realizó la reunión con los participantes y posteriormente el ritual de bendición, con el propósito de pedir protección para los jinetes.
La celebración concluyó con un gran baile, en el que la música reunió a cientos de personas para cerrar una jornada que dejó de manifiesto la fuerza de las tradiciones de San Luis Amatlán.
Entre fe, cultura, gastronomía y convivencia, la festividad de San Luis Rey de Francia volvió a convertirse en un espacio para preservar la memoria colectiva y fortalecer los lazos entre las comunidades de la Sierra Sur.









































