La violencia criminal en Oaxaca está alcanzando cada vez a más jóvenes. El caso ocurrido la noche del viernes 7 de agosto en Juchitán de Zaragoza volvió a poner sobre la mesa una problemática que crece en silencio: el reclutamiento de menores de edad por grupos delictivos.
Dos adolescentes, ambos de 17 años, murieron luego de presuntamente participar en un ataque armado contra dos personas y posteriormente intentar escapar a bordo de una motocicleta.
LOS HECHOS
Los hechos ocurrieron sobre la carretera Juchitán-La Ventosa, a la altura de la entrada a la colonia 28 de Enero, donde dos hombres fueron atacados a balazos. Una de las víctimas fue identificada como José A.P., mientras que la otra fue trasladada por sus familiares a un domicilio particular.
Después del ataque, los presuntos responsables huyeron en una motocicleta Pulsar 250, sin placas de circulación. Elementos de la Policía Municipal y de la Guardia Nacional iniciaron una persecución.
La huida terminó en el circuito José F. Gómez, en la Segunda Sección de Juchitán, cuando el conductor perdió el control de la unidad, derrapó y ambos adolescentes se impactaron contra un poste.
Los jóvenes fueron identificados como A.U. y M.L., ambos de 17 años. Sus cuerpos fueron trasladados al panteón municipal, mientras familiares intentaban acercarse al lugar.
EL CRIMEN ORGANIZADO ESTÁ RECLUTANDO MENORES
Más allá del episodio ocurrido en Juchitán, el caso evidencia un fenómeno que las propias autoridades de Oaxaca han identificado: la incorporación de adolescentes a actividades relacionadas con la delincuencia organizada.
De acuerdo con información atribuida a la Fiscalía General del Estado, durante el último año se registró un incremento de 155 por ciento en las detenciones de adolescentes relacionados con narcomenudeo y delincuencia organizada.
La mayoría de los casos corresponde a hombres y los registros se concentran principalmente en las regiones de la Costa y el Istmo de Tehuantepec, aunque también existen reportes en municipios de los Valles Centrales y la Sierra Sur.
El fenómeno no se limita a jóvenes de 17 años. El fiscal Bernardo Rodríguez Alamilla ha advertido sobre casos de reclutamiento desde los 12 años, principalmente para desempeñar funciones como halcones.
REDES SOCIALES LAS PUERTAS DE ENTRADA
Uno de los aspectos más preocupantes es que la captación ya no ocurre únicamente en las calles.
Las autoridades han detectado que las organizaciones criminales recurren cada vez más a TikTok, Facebook e Instagram para acercarse a adolescentes.
El mecanismo puede comenzar con perfiles que aparentan pertenecer a jóvenes atractivos o con una vida económicamente llamativa. Posteriormente, los contactos son trasladados a plataformas de comunicación directa, donde comienza el proceso de captación.
En el último año, las autoridades también reportaron el rescate de al menos cinco adolescentes que eran trasladados hacia destinos como Jalisco y el Estado de México después de haber sido captados mediante medios digitales.
El perfil detectado por la Fiscalía es particularmente revelador: 90 por ciento de los adolescentes involucrados son hombres, muchos cuentan únicamente con estudios de secundaria y alrededor de 13 por ciento trabajaba como mototaxista.
UNA VIDA CRIMINAL QUE PUEDE DURAR MENOS DE SIETE AÑOS
La advertencia más grave está relacionada con las consecuencias para los menores que terminan incorporándose a una organización criminal.
Según los datos expuestos por la Fiscalía estatal, la vida productiva de un adolescente dentro de un grupo delincuencial puede ser de apenas seis a siete años.
Después de ese periodo, siete de cada diez terminan muertos, en prisión o con alguna discapacidad, de acuerdo con las cifras citadas por el organismo.
El dato muestra que el reclutamiento de menores no necesariamente representa para ellos una oportunidad de ascenso o dinero, sino un mecanismo de explotación que los coloca en los niveles más expuestos de las estructuras criminales.
JUCHITÁN, OTRO EPISODIO DE UNA CRISIS MAYOR
La muerte de los dos adolescentes en Juchitán plantea preguntas que van más allá de determinar quién disparó contra las víctimas del ataque inicial.
También obliga a cuestionar cómo dos menores de 17 años terminaron presuntamente involucrados en una actividad criminal de alto riesgo, quién los contactó, quién los incorporó y qué redes operan detrás de la captación de jóvenes en la región.
El problema tampoco termina con la detención o muerte de quienes participan directamente en los delitos. Mientras los menores continúen siendo utilizados como halcones, vendedores de droga o ejecutores, las organizaciones criminales seguirán encontrando una población vulnerable para reemplazar a quienes salen de sus filas.
Finalmente, el desafío para las autoridades consiste en impedir que otros jóvenes sean reclutados antes de que su primera participación en el crimen también se convierta en su última.








































