ES LO QUE LOS HABITANTES de las colonias de Oaxaca se preguntan respecto a la escasez de agua que afecta a la ciudad. No importa si ha llovido, tampoco importa si el gobierno ha dicho mil veces que ha hecho inversiones importantes en infraestructura hídrica y que se ha pasado de un abastecimiento de 195 a 850 litros de agua por segundo.
A PESAR de todo lo que diga la retórica oficial -que ha invertido en la construcción y rehabilitación de más de 40 pozos, a cargo ya de la Comisión Estatal del Agua para el Bienestar (Ceabien), ya del Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Soapa)-, la realidad es que NO hay agua en las casas ni en los negocios. Todos tienen que recurrir a engrosar los bolsillos ¿de quién? ¿De piperos y sindicatos que de manera privada están vendiendo el líquido? Claro que el beneficio habrá de llegar más arriba, a altas posiciones de gobierno; de otra suerte no se entendería por qué le cierran a la llave.
AL MENOS eso es lo que piensan muchos cuando, por negligencia, los chapuceros contratados por el gobierno para los trabajos de repavimentación o sustitución y “ampliación” de la red, rompen las tuberías. Naturalmente, lo que resulta son enormes fugas que duran días. Para sorpresa de los colonos que no reciben el recurso en sus casas, esto les confirma que agua sí hay; lo que impera es una sucia maniobra de negación. ¿Para que la gente tenga que comprar forzosamente el vital líquido?
VECINOS de la colonia Lázaro Cárdenas, por ejemplo, o de la avenida Montoya, han visto las cantidades de agua que por días inundan sus calles cuando hay rupturas. Al ver tanto derroche, la confirmación y la duda ineludible de los colonos es que sí hay agua, y bastante; entonces, ¿por qué no llega a las casas? Pueden pasar 30 días y nada. Pero eso sí, el acarreo de las pipas privadas es interminable. Aquí hay gato encerrado o, mejor dicho, negocios furtivos. También sobre la avenida Mexicapan, recién inaugurada, tras el corte de listón se presentó una enorme fuga que confirma los fundados barruntos de los vecinos.
RECIENTEMENTE el usuario @LagarrapataS22 posteaba en X: “Siguen los excesos de los funcionarios de quinta del gobierno de Salomón Jara: Eduardo Jair Ramos Cruz, encargado de SOAPA, siguió los pasos de Jesús Romero; este aprendiz de política no tuvo empacho en exhibir sus excesos desde un cómodo yate en aguas caribeñas. ¡¡Vaya cinismo!!”
¿Será que el negarnos el agua a los oaxaqueños está costeando esos lujos que un sueldo normal de empleado de gobierno jamás podría dar?
EL SALTO DEL CHAPULÍN
POSTEABA recientemente en mis redes: “Es un hecho: el Ayuntamiento aprobó la venta de la privada de las Rosas en la Reforma. El avalúo era de 7.4 MDP pero cerró en 24 MDP. Dicen que ese dinero se irá enterito a ‘obras e infraestructura’. ¡Sí, cómo no! Ya les creímos”.
LA MEDIDA mereció enormes críticas por parte del colectivo vecinal de la colonia Reforma, que calificó esto como la “legalización” de un robo y un monumento al cinismo (El Imparcial de Oaxaca, 27/junio/2026).
LAS SÁTIRAS en las redes sociales no se hicieron esperar. En una de ellas se aprecia en caricatura al edil de iure (que no de facto), Chagoyita, en un colorido y bien surtido puesto de mercado con mandil y un anuncio de ofertas con la leyenda “se venden calles”, apuntando con su mano a una maqueta de vialidades en “promoción” como ácida crítica a la venta que ha hecho su gobierno.
EL HECHO de que una transacción traiga progreso no es lo criticable; lo verdaderamente condenable es la simulación y la opacidad que envolvieron a esta operación. Cierto, ahora la venta pasará a aprobación al Congreso Local, pero eso, ya sabemos, es mero trámite. El hecho está consumado.
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