La situación de seguridad en Juchitán ha sido minimizada luego de que autoridades estatales rechazaran que el municipio sea considerado un “foco rojo”, pese a los recientes hechos violentos que han generado preocupación entre la población.
Durante la conferencia del lunes 23 de marzo, el secretario de Gobierno, Jesús Romero López, defendió las acciones implementadas en la región del Istmo, al asegurar que existe un operativo activo.
“Juchitán tiene un operativo que se denomina ‘Sable’… hay seguimientos, hay operativos, hay filtros… para que la ciudadanía pueda vivir segura”, exclamó.
“LOS CRÍMENES SON ENTRE GRUPOS”
En su intervención, el funcionario sostuvo que la mayoría de los hechos violentos tienen origen en disputas entre grupos delictivos, reduciendo su impacto en la población general:
“Los crímenes… van dirigidos a actores o elementos vinculados en las propias células delictivas”.
Incluso, reforzó su argumento apelando a la percepción local:
“Es vox populi que los crímenes se producen entre grupos contrarios y rivales. Colateralmente hemos tenido un número de víctimas menor”.
Sin embargo, estas declaraciones contrastan con la realidad cotidiana, donde la violencia ocurre en espacios públicos y mantiene en alerta a la ciudadanía.
CIFRAS QUE CONTRADICEN EL DISCURSO

La narrativa oficial de “control” se desmorona ante la frialdad de los datos estadísticos que confirman un repunte crítico de la violencia. En lo que va de marzo de 2026, Oaxaca ha irrumpido en el escenario nacional no por su paz, sino por figurar recurrentemente en el “top” de las entidades con mayor número de homicidios dolosos.
El punto de quiebre ocurrió el pasado 4 de marzo, cuando la entidad se posicionó como el estado más violento del país, superando incluso a regiones con presencia histórica del crimen organizado como Chihuahua, Baja California y Morelos.
En esa jornada, mientras el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) reportaba oficialmente cuatro víctimas, registros periodísticos y fuentes alternas documentaron al menos siete ejecuciones. Esta discrepancia sugiere una preocupante brecha informativa sobre la realidad que azota a regiones como los Valles Centrales, la Sierra Sur y la Costa.
La tendencia se mantuvo el 17 de marzo, cuando Oaxaca volvió a registrar cuatro homicidios en 24 horas, compartiendo peldaño con estados de alta incidencia delictiva como Sinaloa, Michoacán y Veracruz.
Más allá de los números, la naturaleza de los ataques desmiente la teoría de que la violencia se limita a “ajustes de cuentas” invisibles para la sociedad. El terror se ha desplazado a la esfera pública:
Asalto a la educación: El asesinato de un líder de mototaxistas, acribillado al interior del jardín de niños “Luz María Serradell Romero” tras intentar refugiarse de sus sicarios, dejó una huella traumática en la comunidad escolar.
Exposición civil: La ejecución de víctimas en la vía pública, a plena luz del día y en zonas de alta afluencia, confirma que el espacio ciudadano ha dejado de ser territorio seguro y en paz.
Estos eventos demuestran que, lejos de ser incidentes aislados entre células delictivas, la violencia en Oaxaca ha permeado las instituciones y los domicilios, transformando la percepción de inseguridad en una certeza cotidiana para las y los ciudadanos.
COMPARACIONES QUE GENERAN POLÉMICA
Pese a estos datos, el secretario de Gobierno insistió en relativizar la violencia mediante comparaciones con otras entidades:
“Sí fueron ocho en una semana, Guanajuato tiene ocho al día… En Nuevo León… cinco, seis, siete al día”.
Aunque reconoció que los hechos “preocupan y ocupan”, descartó que Juchitán enfrente una situación extraordinaria.
“JUCHITÁN NO ESTÁ SOLO”: PROMESAS DE REFUERZO
Por su parte, el gobernador Salomón Jara Cruz aseguró que se reforzarán las acciones de seguridad y rechazó cualquier abandono institucional:
“Juchitán no está solo. Juchitán no va a ser abandonado ni por el gobierno federal ni estatal”.
Detalló que se incrementarán los operativos con fuerzas federales y estatales, y que se trabaja en estrategias contra delitos como la extorsión:
“No queremos que siga la extorsión, no queremos que siga el cobro de piso… ni que los niños… asistan con temor”.
FIN DE SEMANA VIOLENTO EVIDENCIA RIESGO PARA CIVILES
Un ejemplo reciente que contradice la narrativa de violencia focalizada se vivió el fin de semana en Juchitán, donde al menos tres personas fueron asesinadas en distintos hechos.
La noche del sábado, un repartidor en moto fue ejecutado, mientras que el domingo, en pleno día, un hombre que circulaba en bicicleta fue atacado con armas de alto poder, en un hecho de extrema violencia que le destrozó el cráneo en la vía pública.
Durante ese mismo ataque, un fontanero que transitaba por la zona fue alcanzado por las balas y perdió la vida, evidenciando el riesgo para personas ajenas a los hechos y el aumento de víctimas colaterales.
A estos hechos se suman ataques contra infraestructura civil: una tienda de ropa típica y una vivienda fueron baleadas, en este último caso, un hombre resultó herido, lo que refuerza la percepción de inseguridad en espacios cotidianos y públicos.
ENTRE DISCURSO Y REALIDAD
Los datos recientes y los hechos violentos en el Istmo de Tehuantepec evidencian una contradicción entre el discurso oficial y la situación en territorio.
Mientras el gobierno sostiene que la violencia está focalizada y bajo control, las cifras colocan a Oaxaca, por momentos, en escenarios similares a estados históricamente golpeados por el crimen organizado, lo que incrementa las dudas sobre la efectividad de la estrategia de seguridad.







































