Contra el porrismo |
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Opinión

Editorial

Contra el porrismo

 

Un hecho desafortunado de violencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuando un grupo de golpeadores de los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH), planteles Atzcapotzalco, Naucalpan y otros, llegaron hasta la explanada de Rectoría a golpear a estudiantes de diversas escuelas y facultades, develó un fenómeno que al menos en Oaxaca, ha golpeado la autonomía universitaria desde hace mucho tiempo: el porrismo. Si bien es cierto que el prestigio de la UNAM en el país y el extranjero, ha concitado el apoyo de los medios de comunicación para denunciar los hechos, lo que ha motivado a la vez la inmediata intervención de las autoridades, es menester una investigación a fondo para develar la naturaleza de este cáncer social que ha socavado la vida académica. En nuestra Alma Mater local, la UABJO, el porrismo es uno de sus grandes males. Es más, hay directores de escuelas y facultades que provienen de dicho mal y se han manejado con el apoyo de porros para poder mantenerse. Más aún, viejos caciques que han medrado del raquítico presupuesto universitario, son los principales motores e impulsores de este mal endémico que ahora se pretende extirpar.

Las manifestaciones que se han llevado a cabo en todo el país para apoyar a la UNAM en su lucha contra los porros, debe ser aprovechada en Oaxaca para borrar del mapa este fenómeno. Hace sólo unos días fueron quemadas unidades de transporte de la misma universidad, además de las constantes balaceras. Pero las autoridades no le entran al toro por los cuernos. Con el ardid de la autonomía simplemente dejen hacer y dejan pasar. No obstante, se sabe que la Fiscalia General del Estado tiene carpetas de investigación ya integradas de hechos violentos que involucran a ciertos funcionarios. Es importante subrayar que desde los años setenta más o menos, se han detectado grupos porriles que son manejados –y pagados- por las mismas autoridades que, para no ser depuestos del cargo, sólo han llevado la fiesta en paz y solapado ese cáncer pernicioso denominado porrismo. Para la buena marcha de las instituciones de educación superior, hace falta la aplicación estricta y llana de la ley. Algunas, como la ya citada UABJO, han ido perdiendo su vocación formativa y profesional, a raíz de la existencia de grupos que venden espacios, calificaciones, medran del presupuesto universitario y aún tienen cargos directivos.

 

Casetas: Impunidad galopante

 

De nueva cuenta estudiantes de las escuelas normales han puesto de moda la toma de casetas de peaje. No se trata de ninguna protesta ni, mucho menos de alguna forma para exigir el cumplimiento de demandas. Es un atraco vil que debe ser castigado conforme lo dispone la ley. Las señoritas de la Escuela Normal Rural “Vanguardia”, de Tamazulapan del Progreso, sólo secuestran un autobús; obligan al conductor a llevarlas a las casetas de Huitzo o Suchixtlahuaca, se bajan y se ubican en lugares estratégicos y cada automovilista u operador que pasa, le cobran cincuenta o cien pesos para dejarlo pasar. En unas cuantas horas, las revolucionarias estudiantes se meten al bolsillo cientos de miles de pesos, con absoluta impunidad. Lo hacen de manera cotidiana porque están concientes de que nadie les llamará a cuentas. La semana anterior el fenómeno se repitió una y otra vez. No es casual que veamos que en la capital oaxaqueña, cada en cuando, inicie la toma de camiones frente a las instalaciones del Centro Regional de Educaciones Normal de Oaxaca (CRENO). De ahí, se dirigen a Huitzo al atraco de automovilistas. Y ello se da con más frecuencia, con la cercanía del período vacacional. Los jóvenes atracadores necesitan dinero para irse a sus casas.

Pero no son los únicos. En los últimos meses también supuestos miembros del llamado Comité de Víctimas de Nochixtlán (Covic) o los defraudados en las cajas de ahorro o comuneros de tal o cual organización llegan a las casetas al atraco vil y en descampado. La pregunta es: ¿quién o quiénes los mueven o quiénes son los que se llevan las mayores ganancias? Sorprende que las autoridades tanto federales –dado que se trata de la red carretera bajo su vigilancia- o las estatales, no documenten y finquen responsabilidades ante este ilícito, pues en la medida en que no se investigan y quedan en la impunidad, sientan un mal precedente. He ahí el por qué se siguen tomando casetas a cuyos usuarios se les exige “una cooperación voluntaria”. Pero si se suman cien o mil vehículos que pasan en tres o cuatro horas, el dinero que fluye es considerable y ¿a dónde se va? Es un acertijo. Detrás de normalistas, comuneros, supuestos defraudados y otros hay manos que mueven los hilos. Es más, hace unos meses, hasta porros de la UABJO atracaron en Huitzo. En la medida en que no se llame a cuentas a quienes han tomado en atraco como negocio, este ilícito habrá de continuar.