El fanatismo criminal
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Opinión

Editorial

El fanatismo criminal

 

Puebla y Oaxaca tienen un historial negro de linchamientos y acciones de justicia por mano propia. La primera se lleva las palmas, aunque nosotros no nos quedamos atrás. Hasta película hicieron con el caso de San Miguel Canoa, cuando un grupo de jóvenes fueron lapidados por una multitud incitada perversamente por el sacerdote de la comunidad. Pero posteriormente se dieron más casos, en los que se entrelaza en perfecta armonía el fanatismo religioso, la ignorancia y la estupidez. El caso más reciente ocurrido en Acatlán de Osorio, da una idea de la brutalidad a la que se ha llegado y cómo un rumor, una mala información y el uso de trascendidos en redes sociales, pueden ser letales para aquellos que están en el momento y lugar equivocados. Dos personas fueron primero detenidas, llevadas al centro de reclusión, posteriormente sacadas a empellones, desnudadas y, finalmente, incineradas frente a una multitud que gritaba frenética y como si fuera un espectáculo circense, grababa en video en sus celulares la agonía de dos inocentes. Por fortuna, el aparato de justicia de la entidad vecina, ya ha tomado cartas en el asunto y al menos se dice, han sido liberadas una treintena de órdenes de aprehensión y hay dos detenidos.
En Oaxaca también tenemos nuestra propia historia. Los casos de linchamiento vienen desde muy atrás. Algunos de ellos los hemos mencionado en este mismo espacio editorial. Hace más o menos dos años se dio un caso similar en Matatlán. Un presunto ladrón fue señalado de asaltar un domicilio. Fue detenido, amarrado y, posteriormente, quemado vivo frente a las autoridades municipales y una turba que lo sentenció a muerte. Hace sólo unos meses, luego de golpear a una persona de la tercera edad a quien pretendieron asaltar, un par de ladrones fueron llevados al basurero municipal de Macuilxóchitl, Tlacolula. Ahí les arrojaron gasolina y les prendieron fuego. La Policía Estatal llegó al rescate, sólo para liberar de la turba enardecida a dos fiambres que fallecieron por la gravedad de las quemaduras. No se sabe a la fecha que alguien haya sido detenido y vinculado a proceso por tan brutal hazaña. Como lo hemos dicho en otro espacio de este diario, para las autoridades no debe ser tarea compleja encontrar al instigador, a la vieja argüendera, al sujeto que lleva la barreta o la soga para atar a los presuntos autores de determinado delito; al que lleva la gasolina o el que arroja el cerillo. Sobre ellos tiene que caer todo el peso de la ley. Nadie en un país de leyes como es México, puede hacer justicia por propia mano.

 

La falsa lucha social

 

Los días lunes se han convertido en el festín de falsos redentores sociales para chantajear al gobierno. Dirigentes de toda ralea aprovechan el inicio de semana para fastidiar a la ciudadanía; al trabajador que debe ir a su labor; al estudiante que asiste al colegio; al padre de familia que lo lleva, etc. Por ejemplo, en el Istmo de Tehuantepec, desde hace al menos cinco o seis semanas, grupos de toda índole han cerrado las carreteras: la Transístmica, el cruce conocido como “El Caracol” –con el que se ahorca prácticamente la circulación hacia el centro istmeño, la Ciudad de México, Huatulco, Oaxaca, Chiapas y Veracruz-, el puente de fierro que se ubica en la entrada a Santo Domingo Tehuantepec y el ya conocido paraje conocido como “Canal 33”. El Istmo, considerado incluso por el gobierno federal que entrará en funciones el primero de diciembre, como una zona de gran potencial para el desarrollo regional, vive permanentemente secuestrado por vivales, que sólo buscan su beneficio personal. Por el motivo más simple, los obstáculos a la circulación son el arma favorita para intimidar y chantajear. El móvil es siempre, el soborno monetario.
Dirigentes conocidos como venales y corruptos son los que mueven a veces un grupo insignificante de personas. Con antelación difunden en las redes sociales los lugares que habrán de bloquear para generar psicosis e indignación contra el gobierno, que en efecto, no hace nada para detener a los responsables sino que sólo administra los conflictos. El lunes 3 de septiembre, un grupo de presuntos damnificados por los sismos del 7 de septiembre de 2017, bloquearon en ambos sentidos una conocida avenida en la colonia Reforma de la capital oaxaqueña. Encabezados por conocidos pájaros de cuenta, convenencieros y corruptos dirigentes, hicieron de las suyas frente a la delegación de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). La semana anterior, los mismos cerraron la carretera entre Juchitán y El Espinal, en la zona istmeña, para exigir el pago de hornos para elaborar totopos. La coraza que protege este tipo de acciones en la pasividad del gobierno estatal y su negativa tácita a aplicar la ley. Cualquier hijo de vecino cierra calles, avenidas, cruceros o carreteras sin recibir ni siquiera un escarmiento o acto de autoridad. Las afectaciones a la paz social y a la economía, no tienen precedente. Así fue en el pasado y así es hoy en día.