Negligencia médica, error sin castigo en Oaxaca
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Negligencia médica, error sin castigo en Oaxaca

Hace cuatro años sufrió la fractura de un brazo y el traumatólogo le hizo un tratamiento equivocado, pero el encubrimiento y la complicidad en el Hospital Civil han tratado de sepultar el caso

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Javier tuvo una fractura en el codo cuando tenía 8 años y una presunta negligencia médica le impide mover la mano y el brazo izquierdo de manera permanente.

El niño ahora tiene 12 años de edad, estuvo a punto de sufrir la amputación de su extremidad pero su madre Amelia lo impidió, con la esperanza de que recupere la movilidad arrebatada por los médicos.

Las consecuencias de un mal proceso médico generaron que el niño ya no quisiera acudir más a la escuela, donde sus compañeros le hacían bullying por la forma en la que quedó atrofiada su mano.

Su madre, quien hace tortillas para sostener a Javier y otros dos hijos, cuenta con los documentos que avalan cuáles fueron los primeros diagnósticos y la indiferencia que mostraron las autoridades de justicia y de salud en este caso, pese a que el niño perdió la movilidad del brazo con el que escribía.

 

LA FRACTURA

Amelia recuerda que en junio de 2015 su hijo se fracturó el codo cuando jugaba en el internado ubicado en la Villa de Etla.

Por el dolor, el pequeño fue enviado al Hospital Civil donde empezó su calvario. La mala colocación de un yeso generó un daño irreversible en el brazo y mano de Javier, que aún no logra comprender por qué jamás podrá moverlos.

“Mi niño ya no tiene movilidad en esa parte y se le está secando”, relata Amelia, al explicar que en el Internado le dieron un pase al Hospital Civil, con la confianza de que fuera intervenido para su recuperación.

En un documento que expiden las autoridades del Internado “Gral. Ignacio Mejía” de la Villa de Etla, se relata que el menor cayó y se entregó a la madre un documento de referencia al Hospital Civil, con diagnóstico de probable fractura de húmero.

“Cuando llegué al Hospital me mandan con un traumatólogo y mi hijo sale enyesado, sin decirme por qué lo enyesaron y qué es lo que tenía. A mi niño lo enyesaron desde el brazo hasta sus dedos, que en el tercer día estaban muy fríos y morados, por eso decidí regresar al Hospital para que me lo valoraran, porque eso no era normal”.

Amelia cuenta que al regresar al nosocomio fue enviada al área de traumatología por segunda ocasión, donde expuso su preocupación por el aspecto de los dedos de su hijo. “El médico me dice que mi niño tenía que mover los dedos y yo le dije que cómo lo podría hacer si apenas si estaban descubiertos. Ni siquiera podía doblar los dedos por el yeso”.

La insistencia de los especialistas de que “todo estaba bien”, obligó a Amelia a regresar con su hijo a su hogar, donde Javier permaneció con el yeso hasta agosto, cuando decidió volver al nosocomio y exigir nuevamente una revisión.

La mujer señala que días antes de regresar, había acudido con su hijo a un centro de salud de la misma población, donde la canalizaron otra vez al Hospital Civil al señalarle que el niño estaba perdiendo el brazo porque ya tenía una serie de ampollas.

“En el centro de salud me dieron un pase de urgencia para que nos atendieran rápido. Llegué y me lo checaron de nuevo, me canaliza otra vez con el mismo traumatólogo que nos atendía, que solo le explotó las burbujitas con una jeringa porque mi hijo ya no sentía dolor”.

Después de acudir en agosto cuando le retiraron el yeso, el mismo médico insistió en que su hijo ya estaba bien y que las ampollas que le habían salido era algo normal.

“En ese momento me quita la hoja de valoración y de referencia y ya no me la regresaron. Yo les dije que en el centro de salud me habían dicho que mi hijo tenía que internarse porque estaba perdiendo su brazo, pero el traumatólogo Emmanuel N.N. insistió en que estaba todo bien y no pasaba nada”.

Luego de que le retiraran el yeso de su brazo, la familia de Javier se dio cuenta que tenía quemaduras en esa zona, sobre todo por la parte de la muñeca. “A mí me dijo el traumatólogo que eso se le quitaría con el tiempo y nos regresamos”.

La mujer de escasos recursos recuerda que otros médicos que lo valoraron en el centro de salud le insistieron en que su hijo tendría que recibir un tratamiento especializado para no tener complicaciones, porque se “veía que ya tenía carne muerta”.

“Otra vez lo llevé y lo único que hicieron en el Hospital fue empezar a darle rehabilitación porque la mano de mi niño estaba quedando media chuequita, como consecuencia del yeso que le pusieron”.

Indignada, la mujer reclamó el estado de salud de su hijo, al señalarles que él había ingresado con un problema en el codo y ahora le decían que podría perder el brazo.

“Un dedo también se pegó a otro de los dedos y eso también lo reclamé. De ahí me canalizaron a una Clínica de heridas y estomas, donde le dieron un tratamiento de algunos días. Mi hijo no recibió la atención que debió tener.”

Por la situación de Javier, afiliado al Seguro Popular, Amelia acudió al Hospital de la Niñez, donde le aseguraron que no podría ser recibido porque el problema se originó en el Hospital Civil y ahí debían solucionarlo.

Por el viacrucis que enfrentó Amelia, ella decidió demandar al médico y en varias ocasiones acudió a la entonces Procuraduría General de Justicia (ahora Fiscalía), donde no le dieron solución ni avanzó el caso, al señalar que en el Hospital Civil no había expediente alguno de la atención al menor, según refirieron los médicos.

La mujer expuso que también acudió a la Comisión Estatal de Arbitraje Médico (CEAMO)en 2016, donde las entonces autoridades le hicieron firmar un convenio donde se estableció una conciliación con el médico y la institución, que ella decidió firmar con la promesa de que se daría seguimiento al caso del menor para mejorar la situación del brazo.

“Sí firmé el convenio y me dijeron que si el niño necesitaba algo ellos estarían al pendiente; pero una vez que salimos ya no tuvimos nada”.

Cuatro años después, ahora en 2019, la madre de Javier sigue en su lucha en la búsqueda de mejorar las condiciones de su hijo, que es apoyado por un profesor de manera particular en sus estudios, luego de que supiera que el menor abandonó la escuela por los apodos que le ponían.

La mujer que no encontró apoyo de las autoridades de salud ni de justica en años anteriores, pidió a las nuevas autoridades retomar el caso y ayudar a Javier para que enderece su brazo o lo canalicen a otras instituciones donde puedan operarlo para recuperar la movilidad.

 

CASO EDWARD

El caso de Javier hace recordar el caso de Edward, el niño que en 2018 también sufrió una fractura en el codo y fue enviado para su operación en un hospital privado, donde falleció por una presunta negligencia médica.

De este caso, las autoridades de la Fiscalía señalaron en su momento que la causa de muerte del menor fue “asfixia por broncoaspiración” y no por una reacción alérgica o anafiláctica a algún medicamento, como se había señalado en un momento.

Por este caso donde hubo movilizaciones en favor y en contra del médico que lo operó, las autoridades habían señalado que la operación quirúrgica que se le practicó al menor no era urgente y que ésta se llevó a cabo menos de cinco horas después de la ingesta de alimentos, que se corroboró con los hallazgos de necropsia y los estudios de patología.

Dentro de las investigaciones, se advirtió también que no se tuvieron los cuidados necesarios para la aplicación de la anestesia y la causa de muerte fue por asfixia por broncoaspiración. Además, los médicos documentaron en el expediente el suministro de ciertos medicamentos como la lidocaína, demostrándose su existencia con los dictámenes químicos correspondientes. De este caso, el médico acusado no fue castigado.

 

REINICIAR EL CASO, LA OPCIÓN

Por el caso de Javier, el actual comisionado presidente de la CEAMO, José Manuel Ugalde Iglesias, electo de manera reciente en ese cargo, señaló que el organismo puede retomar el caso si Amelia así lo desea.

“Nosotros de manera imparcial hablamos con las partes en conflicto. Nosotros estamos para escuchar y explicar qué procede; intervenimos.”

El comisionado presidente expuso que tan solo en 2019, se atendieron 17 quejas (no todas por negligencia), de las cuales, 16 fueron asuntos concluidos y uno aún están en proceso.

Ugalde Iglesias expuso que este año las quejas contra los médicos privados están por encima de aquellas en hospitales públicos, sobre todo contra especialidades como la odontología, ginecobstetricia, traumatología y ortopedia, y urgencias.

“Esto fue por diversas causas, desde una mala atención, malos tratos o afectaciones a la salud de los pacientes”.

 

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