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Cosas que debes de saber antes de vivir sola

¿No sabes si dar el siguiente paso en tu vida, y por fin independizarte? Aquí te cuento algunas cosas que he aprendido a un mes de haber tomado esa elección.

Cosas que debes de saber antes de vivir sola | El Imparcial de Oaxaca

No, vivir sola no es una decisión que se toma fácilmente. Tienes que tomar en cuenta muchos factores: tu economía, tu trabajo, tu calendario, tu situación familiar, y también la emocional.

Al ser una persona que lleva varios años yendo a terapia psicológica, lo más importante que aprendí al dedicarle sesiones enteras a esta decisión, es esta frase: “Si te independizas por las razones equivocadas (peleas, frustraciones, una independencia no madura, etc.), eso será lo primerito que pondrás en la maleta”. Fue así como mejor tomé las cosas con calma antes de mudarme sola, y preferí esperar a que la vida fluyera conmigo, en el momento correcto. Y cuando menos lo esperé, un día, al ir caminando por una de mis colonias favoritas, encontré mi departamento perfecto. ¿Y cómo fue el cambio? Hubo mucho estrés, decenas de pláticas que más bien eran desahogo, apoyo por parte de mis amigos y mi familia, cientos de ejercicios de respiración en Youtube, pero al final lo que quedó fue mucha satisfacción.

He aquí algunas cosas que he aprendido a un mes recién cumplido de haber tomado la decisión de vivir sola (ya les contaré cómo me ha ido al cumplir un año).

1. No te precipites

Al estar buscando departamento, me preocupaba que todo fuera tan caro (lo cual se espera al vivir en una ciudad). Me la pasé viendo miles de sitios en internet, pero además de que siempre me aparecían las mismas opciones (una y otra, y otra vez) y los precios siempre estaban elevados, el miedo inminente a caer en un fraude (que desafortunadamente resulta muy común) detenía mis ánimos (que no te tiene que pasar necesariamente, pero siempre asegúrate de buscar bien, preguntar a vecinos y nunca dar dinero por adelantado).

En mi caso, aquí va la mejor recomendación: ponte tus tenis más cómodos, ve a las colonias (o barrios) donde te gustaría vivir, y anota en una libreta o en tu celular los teléfonos de los departamentos en renta que más te gusten.

Yo encontré el mío porque, cuando fui a una consulta médica, primero fui a la tiendita más cercana a comprar una botella de agua. Vi el letrero, llamé, pedí informes, ese mismo día lo pasé a ver y a las dos semanas ya estaba firmando mi contrato. Es cosa de que tu esfuerzo y tu dedicación se crucen con la buena suerte para encontrar el departamento de tus sueños.

2. No tengas miedo a pedir ayuda

Varios estudios dicen que mudarse puede ser una de las cosas más estresantes que podemos hacer los seres humanos. No sólo por el cambio de vida radical, sino por la organización, los incidentes y los primeros días de adecuación.

Soy una persona que gusta más de moverse en transporte público, caminar o ir en bicicleta, y por eso me angustiaba mucho cómo iba a subir mi librero a la ecobici, o cómo iba a transportar mi televisión y todos mis libros en el metro.

Pero se me olvidaba una cosa: está bien pedir ayuda. Tengo amigas que me ayudaron a mover cosas en sus coches, a llevar maletas, a separar lo que me iba a quedar y lo que iba a donar, y las que recibían mis llamadas en la madrugada para llorarles y preguntarles, citando a Juan Gabriel, “¿pero qué necesidad, para qué tanto problema?”.

Una noche antes del gran día, mi mamá me ayudó a empacar todos mis libros, y mi hermano veía que los de la mudanza no tiraran al piso las cajas marcadas con la palabra “frágil”. Al final, todo fue un proceso de tres extenuantes horas. ¿Lo mejor? Caerme rendida en la cama de mi nueva casa.

3. Aprende a dejar ir

Me llamo Elsa, por lo que me hace la persona correcta para decirte que sí, let it go. Tiré algunos recuerdos que guardaba casi religiosamente (las mejores memorias están en tu cabeza), y doné/regalé ropa, libros y juguetes (que la verdad algunos sí me dolieron, pero ya no encajaban en la nueva yo).

No estoy diciendo que debes vivir con una caja de madera y un foco nada más, pero este es el mejor momento de evaluar con qué cosas quieres vivir hoy en día. ¿Cartas de tu ex novio malvado de preparatoria, que más que amor, ahora te provoca náuseas? ¿Un suéter que llevas diez años diciendo que en un mes te queda? Bye a todo. Ok, se dice fácil, yo sigo en el proceso, pero no hay nada como ver tu nuevo hogar como un lienzo en blanco, listo para nuevas posibilidades.

4. Lleva las cuentas

Hice un plan de ahorros extremo ya que, aunque el departamento llegó en un buen momento económico, tengo un viaje en octubre, el cual llevo esperando hacer desde que era niña. Obviamente, ahora ir a las tiendas de ropa cada viernes o comer en restaurantes todos los días, son cosa del pasado. Pero la idea de llevar unos buenos ahorros al otro lado del mundo, y anotar en un libro cada gasto que hago, y cómo pagaré los futuros, me ha hecho una persona más organizada (#Motivación).

Algo que me da muchos ánimos, es que después de dicho viaje, podré bajarle el nivel de intensidad a este plan, pero la mejor apuesta siempre va a ser apegarte a una agenda rigurosa de ahorros para que estés lista en caso de un incidente (que se rompa un vidrio, pagar la luz… o las rebajas en Inditex).

5. Es tu santuario y, como tal, cuídalo

Qué emoción independizarte, ver tele cuando quieras, acostarte a la hora en que se te da la gana, y de plano ni levantarte los domingos si es que así lo deseas. Pero lo cierto es que una cosa que debes tener como prioridad máxima, es cuidar el lugar donde vas a vivir. Limpia todos los rincones, o contrata a alguien que vaya cada semana o cada quince días, depende de tus ahorros (ver punto 4); ordena las cosas, pon en su lugar lo que sea que hayas usado (especialmente en la cocina), fumiga una vez al año (que tú seas limpio, no significa que tus vecinos lo sean, desafortunadamente), perfuma y decora para que todo se vea reluciente. Otra sensación deliciosa: llegar y ver el orden en tu casa.

¿Lista para tomar la decisión de vivir sola? Sin duda es algo que recomiendo. A pesar de los ahorros extremos y de que algunas cosas han cambiado en mi rutina (ya me la pienso dos veces antes de pedir un Uber para ir a la heladería de la esquina), estoy disfrutando esto al máximo y estoy de acuerdo: es algo que todos deberíamos vivir en un momento de la vida.