La historia de Isidro y Epifanía
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La historia de Isidro y Epifanía

En un cúmulo de historias interesantes se encuentra la historia de don Isidro Chávez López con 86 años de edad y doña Epifanía López González de 76 años; abuelos ejemplares, cariñosos y consentidores de sus nietos.

  • La historia de Isidro y Epifanía
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Con 60 años de matrimonio nos platican de la enorme dicha que fue el poder ser abuelos, tuvieron 6 hijos, más de 20 nietos (ya perdieron la cuenta o no logran recordar a todos).
Construyeron su familia en un hogar humilde y sencillo, don Isidro siempre se dedicó al trabajo de campo, la abuelita por su parte, se dedicó toda su vida a la labor de hogar. “Cuando nuestros hijos se casaron, algunos de ellos tuvieron que emigrar a los Estados Unidos, en busca de una mejor vida, se fueron mi hijo y su esposa, y también mi hija y su marido. Nos quedamos a cargo de cinco nietos, pero nos sentíamos bendecidos de tener nuevamente alegría en nuestra casa, siempre escucharlos correr, pelearse, llorar y gritar; era nuestra alegría” comentan.
Las galletas de animalitos no podían faltar en el desayuno de mis nietos, en esa época vendían bultos de galletas de animalitos y yo les compraba, pues, como eran varios nietos, no nos alcanzaba para el pan, teníamos que ahorrar el dinero que sus papás les mandaban de los Estados Unidos” menciona don Isidro.
Su nieta María, la hija mayor del hijo pequeño de don Isidro y doña Epifanía, nos habla del papel tan importante que tuvieron sus abuelos para ella. “Mi abuelo siempre fue un padre para nosotros, como mi padre casi nunca estuvo, por razones de trabajo, mi abuelo siempre llegaba a casa y nos revisaba nuestros cuadernos; cómo íbamos en la escuela, nos ayudaba con nuestras tareas, nos contaba historias del pueblo. Hay algo especial que recuerdo de mi abuelo, siempre nos contaba su historia de que él iba a ser maestro, pero se había enfermado del estómago y por eso no pudo llegar al examen con su maestro, siempre, siempre nos contaba esa historia a mis hermanos y a mí; ahora lo comprendo, esa historia que mi abuelo nos contaba, me impulso a mí y no dudo que también a mis hermanos y primos, a querer superarse y lograr la hazaña que nuestro abuelo no pudo lograr por enfermarse del estómago. Mi abuela por su parte, nos enseñaba a cantar, nos enseñaba a rezar, a que teníamos que persignarnos todos los días, yo siempre fui una niña muy juguetona, que me encantaba jugar con muñecas y mi abuela era mi alcahueta número 1, ella tenía sus almohadas rellenas de ropa vieja y por eso mis muñecas siempre tenían ropa, porque ella sacaba de su almohada ropa y me la regalaba para que yo confeccionara ropita, me considero una mujer creativa y soñadora y creo que eso se debe a que gran parte de mi infancia, la pasé al lado de mis viejitos queridos”.
La mayoría de sus nietos terminó una carrera, algunos graduados de la Universidad Autónoma de Chapingo, otros del Instituto Politécnico Nacional de México, sin hacer de menos al Tecnológico de Oaxaca y muchas otras escuelas más.
Doña Epifanía y don Isidro son unos abuelitos que se sienten muy orgulloso de sus nietos, sobre todo porque han superaron el contexto social en el que nacieron y eso les demuestra que sus nietos, son un sinónimo de perseverancia.
Ellos fueron abuelos formadores, pilares fundamentales en valores con sus sabios consejos, su cariño, y su apoyo moral para con sus nietos, fueron una clave importante para que logran ser buenos estudiantes, destacados y triunfadores, gracias a esa historia muchas veces contada y escuchada; ellos se propusieron lograr lo que el papá grande no realizar en el camino de la vida.

 

 

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