Rufino Tamayo: su legado en Oaxaca | Arte y Cultura
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Rufino Tamayo: su legado en Oaxaca

Amigo de Toledo y Morales, impulsó un taller de artes plásticas, un museo de arte prehispánico y una casa hogar para ancianos

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Oaxaca de Juárez, Oaxaca

Nació un 25 de agosto (1899), pero le gustaba festejar su cumpleaños los días 26, según refiere un documento de la Secretaría de Cultura federal. Rufino del Carmen Arellanes Tamayo fue un artista con raíces en la capital de Oaxaca, en el seno de una familia de origen indígena y una casa del barrio del Carmen Alto. Sin embargo, desde muy pequeño emigró a la Ciudad de México, tras la muerte de su madre (Florentina). En la capital del país, a donde se fue a vivir en 1911 con su tía Amalia, desarrolló la mayor parte de su carrera y vida junto a Olga Flores Rivas y donde también falleció el 24 de junio de 1991.

Tamayo también vivió en París, Francia, lugar en el que conoció a Francisco Toledo, otro oaxaqueño reconocido a nivel internacional que en la entrevista que acompaña la exposición Gráfica Toledo (inaugurada el pasado 28 de mayo), lo reconoce como alguien muy generoso. Y es que, según comenta, cuando vio que su trabajo era más interesante, le pedía dejarle sus cuadros y los vendía con sus coleccionistas. Asimismo, lo llevó a varias galerías para ver si lo aceptaban, pero sin tener resultado.

“¿Ha visto qué cosas tan feas exponen? Y lo de usted, no lo quieren”, le decía un Tamayo molesto tras salir de esas galerías.

Aunque pasó gran parte de su vida en la capital de México, la conexión de Rufino Tamayo con Oaxaca lo hizo volver en varias ocasiones e incluso dejar parte de su legado a través algunas instituciones: el Museo de Arte Prehispánico de México Rufino Tamayo, la Casa Hogar para Ancianos Los Tamayo (esta última dependiente del ayuntamiento de Oaxaca de Juárez) y el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo (ubicado en la agencia de San Felipe del Agua).

Del artista que creara más de mil 300 óleos, 465 obras gráficas, 20 murales y un vitral, la señora Alicia Pesqueira de Esesarte comenta que le gustaba mucho venir a Oaxaca e ir a los pueblos. Por ejemplo, a Ocotlán de Morelos, pues él y Olga tenían gran amistad con Rodolfo Morales, aunque también se frecuentaban con Francisco Toledo, en la ciudad.

La directora del Museo de Arte Prehispánico de México Rufino Tamayo dice que el autor de El muchacho del violín empujó a Francisco Toledo y a Rodolfo Morales, por lo que “esos grandes pintores también son, en cierta forma, hechura de Tamayo”.

También recuerda que en el mismo año en que abrió el museo (1974), hizo lo propio el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo, otro de los proyectos impulsados por el oaxaqueño (el primero, inaugurado el 29 de enero y el segundo el 14 de febrero).

Tamayo y Olga, añade, casi siempre se hospedaban en el hotel Victoria, y desde las 9:00 de la mañana le llamaban: “así que yo pasaba el día entero con ellos, yendo a todos lados y platicando como amigos”.

Fue una amistad muy agradable, pues “se llevaban bien con mi esposo (el arquitecto Enrique de Esesarte), sobre todo Olga (esposa de Tamayo)”, a quien le gustaba viajar en la camioneta con De Esesarte.

Cuando el edificio que alberga el museo estaba en remodelación, el matrimonio de Olga y Tamayo se instaló una temporada en la ciudad, con todo y perros, pues para el artista eran muy importantes.

“Yo lo sentí muchísimo cuando me hablaron que había muerto el maestro en México”, expresa sobre el matrimonio con el que convivió cerca de dos décadas y que el 29 de enero de 1974 no sólo celebraba la apertura del museo, sino 40 años de vida en pareja.

Los describe como personas muy generosas y agradables y que aunque Tamayo era un poco tímido, de pocas palabras cuando había mucha gente, eso cambiaba cuando se sentía en confianza. Tanto que tocaba la guitarra y cantaba temas de compositores oaxaqueños como Jesús “Chuy” Rasgado.

“Pero para él la vida era la pintura, se levantaba, se bañaba y se metía al estudio —un cuarto muy grande y bonito con la luz por el techo, del lado norte— y Olga muchas veces lo ayudaba, pasaba por el estudio y le decía: ‘ya, déjalo ahí, ya no le sigas’, y el maestro le hacía caso”.

En el año (Olga y Rufino) venían por lo menos unas seis o siete veces, ya sea porque traían a sus sobrinas o amistades para visitar la ciudad y presumirle los atractivos de la “Verde Antequera”, a ver el museo o conocer los avances de la casa hogar para ancianos.

“Le gustaba mucho ir a comer a La Coronita porque el señor del restaurante era pariente de Olga”, pero desayunaban frecuentemente en el hotel Victoria o comían en los pueblos que visitaban. En Ocotlán, compartían la sal con el maestro Rodolfo Morales.

“Figúrese que estaba de visita aquí con nosotros un arquitecto de origen húngaro (aproximadamente en 1963), pero radicado en Estados Unidos, Marcel Breurer; él construyó el edificio de la Unesco en París y Tamayo pintó un mural en ese edificio. Yo conocí a Tamayo más bien por Marcel Breuer”, recuerda doña Alicia, directora del museo desde 1974.

Su colección de arte prehispánico en Oaxaca

Las piezas de arte prehispánico, que por varios años coleccionara Rufino Tamayo, se encuentran en el museo que lleva su nombre, en la calle Morelos 503, centro de la capital. La museografía es de Fernando Gamboa y las piezas están distribuidas en cinco salas, cada una con un color diferente, pero todos elegidos por Tamayo.

La existencia del recinto parte del deseo del pintor por colocar al arte mexicano antiguo en una categoría que le había sido negada, según refiere un folleto del museo.

Y es que el creador de innumerables obras sobre sandías tuvo contacto con el arte prehispánico desde muy joven, lo que abonó en su creación artística.

El museo, cita el folleto, representa dignamente las tres épocas del arte mexicano: la prehispánica por su contenido, la virreinal por la hermosa casa en que se encuentra, y la moderna por la actitud y selección del artista moderno que supo apreciarla, valorarla y darle su merecido lugar.

El artista

Rufino Tamayo, obra gráfica 1925-1991, Una pasión que no se apaga fue la exposición que de noviembre de 2016 a marzo de 2017 se tuvo del artista en la ciudad de Oaxaca. Durante una entrevista en el marco de la muestra, el curador Juan Carlos Pereda se refería a Tamayo como alguien con una inagotable inventiva, “que deriva del arte popular y del arte prehispánico, en diálogo con las vanguardias internacionales”.

Decía que por ello era importante conocer el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo para ver la colección de arte prehispánico donada por el artista.

“Sobre todo lo podemos ver con los perros y las series de la Venus, estos desnudos de mujer que aparecen en la carpeta Mujeres, de los cuales aquí hay algunos ejemplares, en donde son muy cercanas estas imágenes a muchas de las piezas de las Venus de Atlatilco o de muchas de las cerámicas que podemos encontrar en la colección de Tamayo y que están en dicho museo”, señalaba.