Josué Vázquez recrea lo humano con Finisterre
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Arte y Cultura

Josué Vázquez recrea lo humano con Finisterre

Hay que interiorizar para conocernos, pero también para “ser conscientes de cómo somos con los demás”, señala el autor que presenta su obra

  • Josué Vázquez recrea lo humano con Finisterre
  • Josué Vázquez recrea lo humano con Finisterre

A Josué Vázquez (Ciudad de México, 1980), el pintar lo llevó a un momento en que se sintió presionado. La idea de tener un discurso hizo que buscara la homogeneidad entre sus cuadros y “que nada se saliera de cierta perspectiva o línea”. Ahora, explica, eso ha cambiado y la exploración y el juego han marcado su quehacer, en el que para nutrirse no sólo recurre al cine, a la literatura o a la escritura, sino a experiencias que podrían parecer muy cotidianas o alejadas de las artes, pero de las que se pueden aprender muchas cosas, por ejemplo, el elaborar pan.

Así como él lo ha hecho con esas experiencias, confía en que su obra permita a otros indagar en sí mismos y, con ello, tener herramientas para explicarse el mundo, aquello que se piensa como realidad.

 

SOBRE LA MUESTRA

Josué, artista nacido en Ciudad de México (1980), pero radicado en Oaxaca, plasma sus exploraciones en la pintura y la escritura en Finisterre, la exposición que del 18 de octubre al 2 de noviembre presenta en la Casa de la Cultura Oaxaqueña, CCO (González Ortega 403, Centro, Oaxaca).

Conformada por más de 20 piezas, muestra el desarrollo del autor en la pintura, en donde ha enfrentado las presiones del arte a través del juego. “Me deshice un poco de presiones que tienen que ver con el discurso pictórico y cosas más elaboradas, partes a las que me había aferrado a no enfrentar, como tratar de tener un cuerpo de obra homogéneo. Ahora es más lúdico y si se sale, que se salga, a ver a dónde me lleva”, comenta el autor.

La historia del arte y, a veces, el mercado del arte, te hacen pensar que necesitas consolidar tu forma de pintar, agrega. Y si bien eso no le quita soltura a la pintura, sí puede restringir al artista. Por eso considera que “el abrirte un poco más te hace descubrir no sólo otros materiales, sino otras posibilidades temáticas, discursivas en cuanto a cómo construyes una pintura”.

Este viernes, Josué Vázquez inaugura Finisterre, una exposición de 24 piezas, una de ellas es “escultopintura”, pues fusiona la pintura de un lienzo con una escultura humana.

Finisterre mantiene el interés de Josué por “aproximar a la humanidad entre sí” y, pensando en la sociedad individualista, se planteó necesario “interiorizar”, como una forma de autoconocimiento, pero también para “ser conscientes de cómo somos con los demás”.

Es una exposición que dialoga con su escritura, otra de las artes que comenzó a explorar. “Me di cuenta que tengo muchísima obra y que la estaba dividiendo, como si fueran cuentos”, explica Josué. En esos textos tiene algunos sobre la pérdida de los miedos en una sociedad que parece haber liberado tanto a las personas, al grado de que “es difícil acotarnos a uno mismo”. Es como una libertad “opresora”, pues se vende la idea de que se puede ser quien se quiera, pero sin ninguna pista de cómo lograrlo.

Para Josué, una manera en la que el arte puede ayudar a conseguir esa libertad es a través de una invitación a soñar, a construir perspectivas propias sobre el mundo. “Y en la medida en que puedas articular un universo dentro de ti, vas a poder explicar el mundo externo más fácilmente, y entonces puedes acceder a herramientas para explorar tu libertad, pero como si te aventaras con paracaídas”.

Finisterre significa “el final de la Tierra” o “el último punto en la Tierra”, y “está dentro de uno mismo”, pero para llegar a ese lugar inhóspito es necesario conocerse, y “no solamente en el sentido de la autocrítica o de aplaudirte tus logros, sino cómo resignificas los conceptos con los que se explica la humanidad: la libertad, el miedo, la ironía, la burla…”.

Por eso su propuesta es representar, por ejemplo, a los miedos, las nostalgias, la angustia y la plenitud a través de formas humanas, algunas de la cuales dan la espalda a quien las ve o incluso, como en el caso de la escultopintura, parecen escapar de la realidad para adentrarse en otro mundo.

Para ingresar a una ficción que ayude a explicar la realidad de otro modo.

 

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