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Ayuntamientos tienden a descuidar sus archivos

En casos de fenómenos naturales, los daños a este patrimonio podrían evitarse o minimizarse si se diera la importancia requerida

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FOTOS: CORTESÍA

Al personal de Adabi (Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México) no le sorprendería encontrar el archivo de algún municipio en una bodega sin ventilación o en un rincón donde se suelen poner las cosas inservibles. “Lo que nos sorprendería es encontrar un archivo en un espacio adecuado y seguro”, relata María Oropeza Orea, coordinadora de Archivos Civiles y Eclesiásticos de este ente nacional.

Ella y un equipo de otras cuatro personas lo han notado en los últimos dos años en el estado de Oaxaca, en donde laboran como un ente especial para atender las solicitudes de autoridades y diversos organismos a Adabi.

Para la especialista, estas condiciones de los acervos documentales hacen que cuando ocurre un fenómeno natural (lluvias o sismos, por ejemplo), los daños sean más que si se les diera la importancia necesaria al resguardo de los archivos. “Lo que hemos percibido es que ha sido la Iglesia la que le ha dado un lugar a esos documentos. Es mucho más probable que la Iglesia invierta en mantener mejor sus archivos a que lo hagan los municipios”, explica Oropeza.

La razón de esto último, la vincula con la organización de la Iglesia, al ser una organización que reconoce la importancia de sus archivos y el ordenamiento y conservación de los mismos.

“Siempre lo tienen más ordenados, en mejores condiciones, más identificados, están hechos de mejor forma porque los párrocos o encargados permanecen, y eso hace que le den continuidad. En cambio, en los municipios, la problemática es que en algunos lugares las autoridades cambian cada año , año y medio o tres años, y eso hace que si uno le dio importancia al archivo y le compró un mueble, al que viene quizá no le interesa y lo manda a donde no sirven las cosas. Normalmente, el archivo está en las bodegas”.

El archivo, en el caso de los ayuntamientos, “siempre está en las peores condiciones”, subraya. Entonces cuando viene un fenómeno natural, es lo que más se echa a perder. “Pero es una falta de conciencia de la importancia que tienen los documentos”.

Desde julio de 2017, esta coordinación de Adabi México ha trabajado en el estado. A raíz de los sismos de ese año, los cinco integrantes desarrollaron actividades de atención urgente o emergente en los municipios de Juchitán de Zaragoza y Santo Domingo Tehuantepec.

A dos años de los siniestros, el equipo señala que en ambos municipios se carece de archivos de parte del ayuntamiento. “Se ofreció el apoyo, pero dijeron que no había”. Sólo existen y permanecen los de sus respectivas bibliotecas, parroquias y el diocesano (aunque este último no lo vieron). En el de las bibliotecas, hay materiales escolares, algunos de los que se perdieron y son recuperables. En los de las parroquias, que sí atendió la coordinación, hay documentos sobre la administración de cada recinto sobre sus cofradías, por ejemplo, o de contabilidad), así como los que se emiten y dan cuenta sobre los sacramentos y servicios religiosos.

María Oropeza externa que la atención emergente en los municipios de Juchitán de Zaragoza y Santo Domingo Tehuantepec fue debido a que los sitios en donde estaban los documentos y volúmenes eran inhabitables. Fue parte de las labores emprendidas por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y en el caso de Juchitán, se enfocaron en las dos bibliotecas de la comunidad. En Tehuantepec, se atendió la biblioteca municipal que albergaba varios acervos.

En esos municipios afectados por los terremotos, el equipo se enfocó en hacer limpieza y resguardo, así como un inventario general de lo que estaba en buen estado y podía guardarse. “En el caso del material húmedo, se tuvo que separar y resguardarse lo que estaba en buen estado”.

En el caso de Juchitán, también se desocupó el espacio (la biblioteca municipal) y lo que se pudo recuperar fue el archivo parroquial.

En las bibliotecas de las dos localidades, que normalmente son escolares, se perdieron materiales que pueden reponerse. Sin embargo, en Juchitán sí hubo pérdidas de documentos porque las condiciones climáticas hicieron que se dañaran rápidamente y a la llegada del equipo ya no se lograra saber exactamente de qué trataban. “Había sobre todo libros de arte, que son ediciones que no pueden volver a encontrarse”, ahonda Oropeza.

ARCHIVOS PARROQUIALES

En el periodo emergente se acudió primero a Juchitán, donde se recuperó el archivo parroquial en colaboración con el presbítero de la comunidad. Este ya había sacado el material de la parroquia y solamente faltaba lo de la casa curial, que se anexó a lo ya resguardado. Desde entonces, ya no ha habido otra intervención, pues el archivo está en un espacio seguro y resguardado en buenas condiciones.

En la parroquia de Tehuantepec se invirtieron más meses de trabajo, hasta marzo de 2018. “Quedó todo en cajas, limpio, inventariado”.

Con estos municipios ya no se harán más trabajos, a menos que las autoridades correspondientes soliciten una nueva atención a los archivos, señala la coordinadora.

De acuerdo con el informe de 2018 de Fundación Alfredo Harp Helú (sobre atención por sismos), el archivo parroquial de Tehuantepec alberga información en tres fondos: parroquia de Santo Domingo Tehuantepec, diócesis de Santo Domingo Tehuantepec, y el de la parroquia de la Asunción de María. El documento más antiguo es un libro de defunciones que data de 1699; los archivos más actuales son del año 2018.

Un libro “curioso” es de 1793, que expone los gastos para la reparación del convento de Santo Domingo.

En el caso del archivo parroquial de San Vicente Ferrer, Juchitán, hay libros de bautismos, matrimonios, defunciones, entre otros. El documento más antiguo es de 1763 y el más reciente del año 2017. Entre los ejemplares a destacar está un volumen para el registro de defunciones, que termina en el año 1965; es decir, que hasta ese año se registró tal evento; aunque sí hay datos sobre misas de defunciones de años más recientes.